Fundado en 1910

Imágenes de las inundaciones en una sala de la Biblioteca Nacional de España (Foto de ARCHIVO).CCOO

La Biblioteca Nacional, golpeada por las inundaciones, la gestión de las obras y las excusas de Cultura

La reforma, que se disparó de 2 a 10 millones de euros, y las declaraciones de Jordi Martí, mano derecha de Urtasun, marcan el pulso de una crisis que lleva años sin resolverse

Resulta paradójico que bienes que han resistido durante décadas e incluso siglos se hayan visto en riesgo por las inundaciones sufridas en una institución de la talla de la Biblioteca Nacional de España. Tras varios episodios de filtraciones y unas obras aún en curso, el secretario de Estado de Cultura y número dos del ministro Urtasun, Jordi Martí Grau, salió a defender la actuación del Ministerio, aunque terminó reconociendo la gravedad de las goteras del edificio, que han provocado varias inundaciones.

Hay que remontarse a 2023 para situar los primeros problemas de este tipo en la sede del Paseo de Recoletos, coincidiendo con la dana que afectó a Madrid. El Gobierno actuó entonces de forma inmediata mediante un contrato de emergencia. La licitación inicial para las obras de reparación de la impermeabilización de las cubiertas, publicada el 21 de febrero de 2024, se fijó en 1,9 millones de euros.

Jordi Martí durante la Comisión de CulturaYoutube

Pese a tratarse de una actuación urgente, el contrato no se modificó hasta pasados casi 20 meses. Su importe acabó ascendiendo a 10.146.692,69 euros. «Hemos cancelado un proyecto de mejora de las instalaciones para priorizar aquello que es importante sobre lo que hubiera podido ser mucho más vistoso», afirmó Martí en la Comisión de Cultura celebrada el 18 de marzo.

Se prevé que las obras se prolonguen, al menos, durante ocho meses. El objetivo ya no es la cubierta, sino la sustitución de las 117 bajantes que conforman el sistema de recogida de aguas pluviales, desde las cubiertas hasta el sótano del edificio histórico.

«Cuando empezamos a hacer las obras de la cubierta, los arquitectos concluyeron que el problema estaba en los bajantes», sostuvo Martí. Sin embargo, fuentes de la BNE cuestionan esa explicación y apuntan a la tardanza en ampliar el presupuesto y ejecutar las intervenciones necesarias.

Modificación de la licitación

El secretario de Estado defendió además que se trata del «mejor proyecto de intervención» posible, al considerar que la prioridad es la conservación del edificio, que —según dijo— no puede convertirse en «un coladero de agua».

En un primer momento, se aseguró que las obras no afectarían al conjunto de servicios de la Biblioteca Nacional de España. Sin embargo, los trabajos en la sede de Recoletos obligaron a introducir cambios relevantes en el acceso, los horarios y la prestación de servicios.

Desde el 19 de enero de 2026, el horario se fijó de 10.00 a 20.00 horas, el acceso se limitó a la planta 0 del núcleo norte y se suspendieron las visitas guiadas, salvo las vinculadas a las exposiciones en curso.

Los sindicatos contra Urtasun

En paralelo, en febrero de este año la situación estalló con fuerza. La Sección Sindical de CC.OO. en la Biblioteca Nacional denunció que el personal y el patrimonio bibliográfico quedaron expuestos durante unas obras estructurales promovidas por el Ministerio de Cultura, ejecutadas sin un Plan extraordinario de Autoprotección.

El sindicato señaló directamente al ministro Ernest Urtasun por una gestión que calificó de inacción y malas prácticas, junto al secretario de Estado, Jordi Martí, y la subsecretaria, Carmen Páez. CC.OO. sostuvo que, catorce meses después de las goteras registradas en octubre de 2024, la respuesta del Ministerio seguía siendo insuficiente, con falta de medios y de personal para afrontar la situación.

Acceso principal de la Biblioteca Nacional de España, en MadridEuropa Press

Además, denunció la ausencia de señalización actualizada de salidas de emergencia y de itinerarios de evacuación adecuados.

Según el sindicato, persistían riesgos relevantes: equipos de primera intervención sin formar ni actualizar, incremento de la carga de fuego por el uso de materiales combustibles en las obras y presencia de elementos como amianto y fibrocemento en canalizaciones en proceso de retirada.

También advirtió de deficiencias en la señalización de emergencias en salas de exposiciones y de la falta de planificación para evitar la masificación de personal, lo que, a su juicio, incrementaba el riesgo global en el edificio.

El resultado, según coinciden distintas voces internas, es un edificio histórico sometido a una presión inusual mientras se prolongan unas obras que siguen sin despejar todas las incógnitas sobre su alcance y eficacia. Una situación que deja en el aire la verdadera capacidad de respuesta de la institución y que, a ojos de sus trabajadores, pone en cuestión la gestión del Ministerio de Cultura.