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La actriz y escritora Elvira MínguezEFE

Elvira Mínguez: «Todos llevamos un monstruo dentro y la memoria es la única forma de entenderlo»

La actriz y escritora gana el Premio Primavera de Novela con La educación del monstruo, un relato sobre el origen de la violencia y el peso del pasado en tres generaciones

La escritora y actriz Elvira Mínguez ha encontrado en la literatura un territorio propio desde el que explorar una idea que atraviesa toda su obra: la necesidad de narrarse para comprenderse. Lo sostiene con rotundidad tras alzarse con el trigésimo Premio Primavera de Novela por La educación del monstruo, una novela en la que indaga en la transmisión del miedo y en los mecanismos íntimos de la violencia.

«Necesitamos el pasado para saber lo que somos», afirmó. A su juicio, la memoria no solo conserva, sino que construye identidad. De ahí que escribir sea, en cierta forma, una herramienta de orden. «Todos contamos historias, de una forma u otra. Es la manera de colocarnos en el mundo», resumió.

La novela parte de un detonante íntimo: un recuerdo involuntario que irrumpe en la vida de Matilde, una madre sobreprotectora que comienza a cuestionar el origen de su miedo. Ese gesto abre una narración articulada en tres tiempos y escenarios —la Alemania de los años sesenta, el Valladolid de finales de los setenta y el Madrid actual— que funcionan como capas de una misma herida.

El rastro del miedo

En esos tres planos se despliega una genealogía de la violencia. La emigración española a Alemania aparece a través de Águeda, madre de la protagonista, en un contexto de desarraigo y silencios. En paralelo, la infancia de Matilde transcurre en una ciudad marcada por el temor: una serie de secuestros y agresiones a niñas instala un clima de sospecha que se filtra en las familias y en la educación.

Mínguez no busca el efectismo, sino la comprensión. Su novela examina cómo se construye un depredador y, sobre todo, cómo el entorno participa —a menudo sin conciencia— en ese proceso. El miedo, sugiere, no surge de forma espontánea: se aprende, se transmite y se hereda.

Elvira Mínguez, ganadora del XXX Premio Primavera de Novela 2026EFE

«Todos los seres humanos tenemos una grieta», sostuvo la autora. Esa idea, que recorre el libro, se proyecta también sobre la realidad contemporánea. Mínguez cita figuras como Donald Trump o Benjamín Netanyahu para subrayar que los comportamientos extremos no son ajenos a la sociedad que los legitima.

Pese a la intensidad de los temas, la autora rechaza la idea de que la escritura haya sido un proceso doloroso. Considera que toda literatura tiene un componente terapéutico, pero lo sitúa en un plano práctico: ordenar, entender, avanzar. «Al final del día cierro el ordenador, pongo la lavadora y saco al perro», explicó, restando solemnidad al acto creativo.

Su trayectoria como actriz —más de tres décadas en cine y televisión, con títulos como Tapas, por la que obtuvo el Goya en 2005— ha sido, en su opinión, una escuela decisiva. El análisis de personajes y guiones le ha proporcionado herramientas que ahora traslada a la narrativa, aunque sin establecer jerarquías entre ambos lenguajes.

Entre el reconocimiento y la crítica

El premio confirma su consolidación como novelista tras el debut con La sombra de la tierra. Sin embargo, su presente profesional también incluye experiencias menos amables. Su participación en la serie Vida perra, junto a Fernando Tejero, Jordi Sánchez y Carlos Areces, ha recibido críticas duras.

Mínguez no rehúye esa realidad. Reconoce que nunca había afrontado valoraciones tan negativas, pero opta por asumirlas como parte del oficio. «Se trata de aprender y seguir», apuntó.

Entre la literatura y la interpretación, la autora mantiene una misma preocupación: explorar las zonas oscuras del ser humano.