Los independentistas radicales llamaron a la quema de libros de Eduardo Mendoza por decir este, fiel a su ironía atávica, pero con verdad, que el Día del libro no debería llamarse San Jordi, porque este no tenía nada que ver con los libros: la realidad es que no solo el boicot y la quema no les ha servido para nada a los sectarios, sino que la última novela de Mendoza, una nueva aventura del detective sin nombre, ha sido una de las más vendidas del último Día del libro que para el Premio Cervantes no es San Jordi.