Fundado en 1910

Nathaniel Hawthorne

Diez frases de Hawthorne, el genio del que nadie sabía que escribía y que fue ¿mejor que Edgar Allan Poe?

El autor de La letra escarlata nació en Salem, lugar de los famosos juicios por brujería a finales del XVII que marcaron su vida y su obra irremediablemente

Por supuesto que los contemporáneos de Nathaniel Hawthorne sabían que escribía. Pero durante muchos años no lo supieron, ni siquiera lo imaginaron. El autor de La letra escarlata nació en Salem, lugar de los famosos juicios por brujería a finales del XVII.

Cuando vino al mundo, en 1804, ya había pasado un siglo de aquellos hechos, pero el puritanismo seguía vigente en la sociedad. Su novela cumbre transcurre en aquellos tiempos, antes de los juicios a las supuestas brujas. Fueron juzgadas más de de un centenar y diecinueve fueron ejecutadas.

Un antepasado de Hawthorne, John Hathorne (nuestro protagonista añadió la w a su apellido para que no le relacionasen con él) fue uno de los jueces y además el único que no se arrepintió de la salvajada. El padre de Nathaniel murió cuando este tenía cuatro años y creció con los hermanos adinerados de su hermana en Salem.

Se graduó en un colegio en Maine donde solo destacó en composición. Pese a esto no era a la literatura a lo que se pensaba que acabaría dedicándose y convirtiéndose en uno los mayores genios universales. Nadie sabía que había pasado más de un década en secreto leyendo con la intención firme de aprender a escribir. Y lo consiguió, a pesar de que trató de ocultar su primera obra por considerarla inferior al resto de su producción.

Logró cierta fama con algunos de sus primeros relatos, entre ellos el gran Wakefield. Trabajó en una aduana y y en una cooperativa agrícola durante un breve período de tiempo hasta que los ingresos por sus obras le permitieron casarse con una trascendentalista, yéndose a vivir a Concord, la cuna de estos románticos estadounidenses, con Emerson y Thoreau a la cabeza.

diez frases de nathaniel hawthorne:

«Cada individuo tiene un lugar para llenar en el mundo, y es importante, en algún aspecto, si elige ocuparlo o no».

​«Cuando una multitud ignorante trata de ver las cosas con sus propios ojos, o por su cuenta y riesgo, corre grave peligro de engañarse».

​«Ningún hombre puede llevar por mucho tiempo, por decirlo así, dos rostros: uno en público y otro frente a frente de su conciencia, sin que al fin llegue a no saber cuál es el verdadero».

​«Soñamos cuando estamos despiertos y caminamos cuando estamos dormidos».

«La culpa es un peso que nadie debería llevar, pero que todos llevamos a nuestras espaldas».

«​Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros y, a veces, ganan».

​«La soledad puede ser un regalo, si uno aprende a disfrutar de su propia compañía».

​«La verdad siempre encuentra la manera de salir a la luz, incluso en los lugares más oscuros».

​«El tiempo es un maestro sabio que nos enseña humildad y perseverancia».

​«Una sonrisa forzada es más fea que un ceño fruncido».

Hawthorne no fue un trascendentalista puro, pero sí parte de su espíritu, en pleno choque de la libertad central de estos frente a la cerrazón de sus ancestros puritanos. La dificultades económicas por el escaso rendimiento de sus obras le obligaron a volver a su ciudad natal, donde consiguió un puesto como inspector en la Aduana gracias a sus contactos políticos demócratas.

Cuando el signo ideológico cambió, perdió el trabajo con gran pesar. En aquel tiempo escribía La letra escarlata que, cuando la publicó unos meses después, le convirtió en una celebridad. Fue amigo de Herman Melville, autor de Moby Dick, obra que le dedicó, y regresó a Concord tras comprar la casa de Bronson Alcott, el padre de Louisa May, autora de Mujercitas.

Cuando su amigo Franklyn Pierce fue elegido presidente de Estados Unidos, este le nombró cónsul en Liverpool, lo que significó el principio del fin de la obra literaria de Hawthorne. Mientras fue cónsul se dedicó plenamente a sus funciones, dejando de lado la escritura. Cuatro años más tarde renunció y viajó por Italia, escribió en Inglaterra y regresó a Concord, donde no pudo volver a terminar una novela, enfermo, muriendo allí a los 59 años.

Edgar Allan Poe, contemporáneo, dijo de sus cuentos también de ficción gótica, aunque más románticos y menos terroríficos, que «pertenecen a la más alta esfera del arte», elogiando las mismas características asociadas al autor de El cuervo: la invención, la creación, la imaginación y la originalidad.