Fundado en 1910
Una de las pinturas más conocidas de Picasso fue, también, una de las que más rechazo suscitaron entre otros pintores. El retrato de las Demoiselles fue considerado monstruoso, impactante y horrible. Durante mucho tiempo, Picasso ocultó el cuadro en su estudio permitiendo su contemplación solo a unos pocos. Sus reacciones al contemplar el retrato lleno de espanto de las cinco prostitutas de la calle Aviñón de Barcelona no invitaron al pintor malagueño a exponerlo en público hasta el año 1916. Lo había pintado entre 1906 y 1907. Hoy se considera una obra maestra absoluta y la pintura con la que se inicia el cubismo. Se conserva en el MoMA de Nueva York.

'Las señoritas de Aviñón', de Picasso

El Picasso que escandalizó a su tiempo y hoy es una pieza clave del cubismo valorada en más de 1.000 millones de dólares

Pintada en 1907 por un Picasso de 26 años, no se expuso hasta 1916 y tardó décadas en ser plenamente reconocida, antes de acabar en el MoMA de Nueva York como una de las piezas más influyentes

Muchas obras incomprendidas en su tiempo por romper con los cánones clásicos son hoy piezas fundamentales en la historia del arte y pilares de grandes movimientos. Es el caso de Las señoritas de Aviñón, de Picasso, considerada una de las obras fundacionales del cubismo.

El lienzo del pintor malagueño, conservado en el MoMA de Nueva York desde 1939, tiene un valor estimado en torno a los mil millones de dólares.

Corría el año 1907 cuando Picasso, con apenas 26 años y en un momento de transición entre el Periodo Rosa y la gestación del cubismo, concibió esta composición en París.

Pablo Picasso

Pablo PicassoFilmsonor/Kobal/Shutterstock/GTRES

El artista decidió plasmar una escena inspirada en un prostíbulo de la calle Avinyó de Barcelona y representó a cinco mujeres desnudas en un burdel, acompañadas por un bodegón. El propio Picasso se refería a la obra de forma informal como El burdel filosófico o El burdel de Avinyó.

La obra resultó profundamente disruptiva para la época, y su entorno no tardó en reaccionar. El rechazo fue casi unánime. Matisse describió a las figuras como «horribles», y Braque llegó a comparar su impacto visual con «beber gasolina». André Derain, amigo del artista, se mostró igualmente perturbado por la ruptura estética y la crudeza deliberada de las formas.

El cuadro no se expuso hasta 1916, casi una década después, cuando se modificó su título original y pasó a llamarse Las señoritas de Aviñón. Muchos interpretaron la referencia como una alusión a la ciudad francesa de Aviñón, pero en realidad remitía a una calle de Barcelona frecuentada por Picasso desde su juventud. La confusión, mantenida durante años, ha sido posteriormente aclarada por la historiografía, aunque en su momento alimentó la polémica.

'Las señoritas de Aviñón', de Picasso

'Las señoritas de Aviñón', de Picasso

Tras finalizar la obra, Picasso mantuvo el lienzo guardado en su taller parisino durante 17 años. En 1924 fue adquirido por el diseñador de alta costura Jacques Doucet, que pagó una suma entonces modesta, fraccionada en varios plazos.

Tras su muerte, la pieza pasó por manos de sus herederos, que acabaron vendiéndola debido a su creciente valor. El marchante Germain Seligmann, propietario de la galería Jacques Seligmann & Co., compró el cuadro en 1937 por 24.000 dólares y lo trasladó a su galería de Nueva York.

Ese mismo año, Alfred H. Barr Jr., primer director del MoMA, vio la obra expuesta en la galería y decidió adquirirla. Desde entonces, el lienzo ha permanecido en el museo neoyorquino, convertido en una de sus piezas más emblemáticas.

Las señoritas de Aviñón marcó un punto de inflexión en la historia del arte contemporáneo. Su ruptura con la perspectiva renacentista, la fragmentación de las formas y la construcción de una nueva lógica visual no solo anticiparon el cubismo: abrieron una grieta definitiva en la tradición pictórica occidental y redefinieron el modo de entender la representación.

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