Robert Louis Stevenson y su familia en 1893
Robert Louis Stevenson: «El hecho de perdonarse a uno mismo es ser feliz»
La frase es una de las muchas afirmaciones y pautas delicadas y acertadas entre la selva de los libros del gran escritor escocés
Robert Louis Stevenson fue probablemente el mejor escritor de la historia. Novelista, cuentista, ensayista. En cada género que cultivó hizo crecer una obra maestra. Y una obra maestra que alcanzó el éxito en su día y resistió para la posteridad. Sus novelas de aventuras son clásicos universales.
La isla del tesoro, por supuesto, La flecha negra o El señor de Ballantrae están en el imaginario infantil de generaciones de adultos y tuvieron sus distintas, a lo largo del tiempo exitosas versiones cinematográficas. El género del terror también tiene en él una cumbre con El extraño caso del doctor Jekill y Mr. Hyde.
Sus libros de viajes son maravillosos y extraordinarios, captadores de lo vivido con una sensibilidad plena y única. Tan sencilla como su lenguaje y los hallazgos del mismo en la poesía o en los cuentos o en los ensayos. Simples digresiones profundas como fosas marinas y amenas como el recuerdo de una brisa en la adolescencia.
Robert Louis Stevenson y Jack, su caballo favorito, en 1894
Leer a Stevenson es como contemplar un anochecer de junio: el cielo azul y la calma, la niñez brillante en todo su esplendor con la madurez no estropeada del adulto. La enfermedad que le acompañó toda la vida no solo no fue una amargura sino una forma de amar la vida, de rebuscar en ella la felicidad que su salud se empeñó siempre en apartar.
Pero no lo consiguió. Su frase: «El hecho de perdonarse a uno mismo es ser feliz» es una de las muchas pruebas que dejó por escrito de su afán. Consejos y pautas interminables entre la selva de sus libros. La observación eterna, clásica y moderna: dejar atrás el pasado, aceptar la realidad y no dejar que nos pese la que ya no tiene solución.
Tener compasión por uno mismo como se ha de tener con el prójimo, como Robert Louis Stevenson la tuvo tantas veces en su vida con los que le rodeaban, y soltar los malos pensamientos. Reconciliarse con uno mismo como se reconcilia sin saberlo, de forma inocente y natural, un niño, que es lo que siempre fue Stevenson, un hombre que nunca perdió de vista la infancia que le permitió vivir su corta vida, a pesar de todo, feliz.