Fundado en 1910

Escena de la guerra de Troya en una cerámica griega del siglo V a.C.Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

¿Eran los romanos descendientes de los troyanos? El bulo propagandístico difundido por Virgilio

Los romanos construyeron su identidad y legitimidad histórica en torno al mito de Troya

Troya vuelve a estar de moda. Más allá de las imprecisiones históricas, de faltas de fidelidad al texto homérico o de la inclusión de un reparto abiertamente woke, lo cierto es que la adaptación de La Odisea a manos de Christopher Nolan tiene el mérito de haber convertido la guerra entre aqueos y troyanos, la historia de Aquiles, Ulises, Helena y Penélope en trending topic durante semanas.

Para los amantes de la cultura clásica y los mitos griegos es un gustazo asistir a los encarnizados debates y discusiones sobre la historicidad de la narración de Homero, la identidad de los antiguos griegos, la cultura micénica o las ruinas de Troya.

En la Ilíada y la Odisea Homero estableció los pilares de la cultura occidental. Todo lo que vino después, surfeando los siglos en una loca singladura, bebe de esas fuentes.

Sin embargo, la historia de la Guerra de Troya tuvo un tercer episodio siglos después de los textos homéricos: la Eneida, poema elaborado por el poeta romano Publio Virgilio Marón en el siglo I después de Cristo.

En él, Virgilio plasma una antigua tradición romana, según la cual los antepasados de los romanos eran los descendientes de los troyanos que buscaron refugio en las tierras del Mediterráneo tras el incendio y destrucción de la, para los griegos, pérfida Ilión.

Pero ¿qué hay de real en ese mito? ¿Eran los romanos descendientes de los habitantes de Troya?

Lo realidad es que no. Los pueblos que dieron lugar a Roma, latinos y sabinos, eran pueblos itálicos sin vínculos con la antigua Troya (cuya historicidad, a su vez, estaba muy alejada del relato mitológico plasmado por Homero).

Fue Virgilio quien en la Eneida alimentó el bulo histórico de la relación entre Troya y Roma. Según su narración, tras huir de la Troya incendiada, Virgilio huye con su padre Anquises y su hijo Ascanio.

Tras un largo viaje por el Mediterráneo que emula al de Ulises camino de Ítaca, Eneas acaba en las costas de Italia, su tierra prometida. Su hijo Ascanio sería el fundador de la ciudad de Alba Longa y sería el origen de un linaje que culminaría en Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad de Roma.

Esa versión responde a una construcción propagandística e ideológica que Virgilio recogió y utilizó como argumento para su Eneida, un poema que, por otra parte, se elaboró como producto de marketing de «peplum» y «gladius» político al servicio de la gloria de César Augusto.

Roma, en plena expansión territorial, necesitaba un mito fundacional que cohesionara a su población. Al mismo tiempo, necesitaba justificar la conquista y sometimiento de una cultura superior a la latina, como era la griega.

En tiempos de Virgilio, además, Octavio César Augusto buscaba dotarse de un origen mitológico, y nada mejor que emparentar con uno de los héroes de Troya, Eneas, y presentar las conquistas de Roma como un acto de justicia divina tras la destrucción de la ciudad. Roma se alzaba, así, como una nueva Troya que emergía orgullosa sobre sus cenizas para dominar el orbe.