Fundado en 1910
El Rey Carlos I de Inglaterra por Van Dyck

El Rey Carlos I de Inglaterra por Van Dyck

Picotazos de Historia

De cómo la vertebra cortada por el hacha del verdugo que ejecutó a Carlos I de Inglaterra acabó de salero

Durante la identificación del cadáver, el médico no pudo resistir la tentación de quedarse con unos pequeños recuerdos: unos pelos de la barba, un diente y la mitad de la cuarta vertebra

Tras la ejecución del rey Carlos I Estuardo, el día 30 de enero de 1649 en torno a las 14:15 horas, su cuerpo fue trasladado al palacio de Whitehall, en una de cuyas salas permanecería mientras el parlamento decidía cual sería el destino de los restos. Varias fuentes aseguran que, mientras tal cosas ocurría, el cirujano general del Nuevo Ejercito creado por Cromwell, Thomas Trapham, cosía la cabeza al tronco y embalsamaba el cadáver.

Por fin pudieron ponerse de acuerdo los parlamentarios y enviaron orden en relación al destino de los tristes despojos. Estos fueron conducidos a la capilla de san Jorge que se encuentra en el interior del castillo de Windsor. Allí, bajo la bóveda del coro, lugar en el que se habían enterrado los cuerpos de Enrique VIII y su tercera esposa Jane Seymour, fue depositado en una tumba sin nombre ni marca.

Carlos I de Inglaterra retratado por Van Dyck

Carlos I de Inglaterra retratado por Van Dyck

Con el discurrir del tiempo se perdió noción de donde habían enterrado el cuerpo del martirizado rey Estuardo. La tumba quedó olvidada hasta el año 1813. Ese año se llevaron acabo unas obras de mantenimiento debido a un problema de filtraciones en la capilla. Los obreros, durante las obras, abrieron un boquete en una de las paredes de la bóveda y descubrieron un ataúd cubierto con terciopelo negro.

Informaron al príncipe regente –el futuro rey Jorge IV– del descubrimiento. Se notificó a los miembros de la familia real que pudieran o quisieran estar presentes y se determinó que se llevaría a cabo un reconocimiento oficial el día 1 de abril. Estuvieron presentes el príncipe regente, su hermano Ernesto Augusto, duque de Cumberland, y Guillermo, conde de Munster y futuro rey Guillermo IV de la Gran Bretaña. Completaría el grupo el Deán de la capilla y el médico sir Henry Halford, que llevaría a cabo el análisis forense de los restos para determinar su identidad.

La cabeza cosida al cuerpo

Se retiro el terciopelo y se descubrió que sobre el ataúd había una placa indicando que allí se encontraban los restos del rey Carlos I. Se abrió la tapa y se retiró la tela que cubría el rostro del cadáver. Sin Henry nos dejó testimonio de que «esta era alargado y ovalada, con barba puntiaguda que guardaba un gran parecido con monedas y grabados, así como con los retratos de Van Dyck». Se extrajo la cabeza para que todos comprobaran que había sido separada del cuerpo «por un fuerte golpe infligido por un instrumento muy afilado». No se examinaron los otros restos del cuerpo por considerarse la identificación conseguida.

Junto al ataúd donde yacían los restos del infortunado Carlos I se encontraron otros, los cuales no se consideró necesario abrir para comprobar su identidad, pues no se deseaba perturbar el descanso de sus moradores. El de Enrique VIII media dos metros diez centímetros de largo y tenía deteriorado uno de sus lados. A su lado había uno bastante más pequeño que se consideró que pertenecía a la reina Jane Seymour. Sobre el ataúd que contenía los restos de Carlos I había otro, muy pequeño, envuelto en terciopelo rojo. Se trataba de un hijo, nacido muerto, de la reina Ana y Jorge de Dinamarca. La falta de descendencia de este matrimonio haría pasar la corona al primo de la reina: Jorge I, de la casa de Hannover.

Henry Halford

Henry Halford

El médico que llevó a cabo la identificación, el doctor sir Henry Halford, despertaba opiniones enfrentadas entre sus colegas y pacientes. Su mayor éxito fue el diagnóstico correcto de una dolencia hepática que aquejaba a la duquesa de Cumberland. El que la autopsia del hígado de la señora le diera la razón, supuso un gran triunfo y elevó su reputación al punto de ser elegido para la importante labor de identificación de los restos del rey.

Pero, durante la intervención, el médico no pudo resistir la tentación de quedarse con unos pequeños recuerdos: unos pelos de la barba, un diente y la mitad de la cuarta vertebra que tan limpiamente había sido seccionada por el hacha del verdugo. Según su propio testimonio, la vertebra «había sido cortada transversalmente, dejando las partes divididas perfectamente lisas y uniformes». La mitad que quedó en el cuerpo es la que se guardó el galeno.

El salero

Sir Henry mandó construir una caja de palosanto para guardar la vertebra. En la tapa puso una placa en la que se grabó «Vea el mismísimo cuello del rey Carlos, lamentablemente cortado por el hierro (hacha) en 1648». ¡Encima puso mal la fecha!

Sir Henry se reuniría con su creador en 1844 dejando un único heredero de nombre Henry, como el padre. Este segundo Henry fallecería en 1868 y dejó dos hijos. El mayor también se llamaba Henry y heredó las reliquias, el segundo se hizo sacerdote. Ninguno de los dos tuvo descendencia.

Las reliquias, en especial la media vértebra, habían sido tratadas con gran reverencia por la familia Halford. Excepto por un breve lapso de tiempo, durante el cual el segundo Henry había decidido que la media vértebra era perfecta para ser usada como salero. Como varios invitados le señalaran discretamente lo inconveniente de tal proceder, la vertebra cesó de sus funciones como salero y retornó a su caja. Eso si, después de la cena, durante la sobremesa, la caja de las reliquias pasaba de mano en mano para que los distinguidos invitados pudieran admirarlas a placer.

Eduardo VII de Inglaterra

Eduardo VII de Inglaterra

En 1888 el último de los Henry Halford decidió que las reliquias debían de retornar a la casa real. El entonces príncipe de Gales, futuro Eduardo VII, las recibió con muy poco entusiasmo de su parte. Con todo se sintió en la obligación de comunicárselo a su madre, la reina emperatriz Victoria I. A la señora tampoco le hacía ninguna gracia tener semejantes cosas en casa, así que dio su beneplácito para que fueran retornados a donde salieron.

El 13 de diciembre se procedió a abrir el muro de la bóveda y se depositó la caja con las reliquias encima del ataúd de Carlos I.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas