Vigilia en memoria de Jason Arday
La izquierda británica obvia el plagio de Jason Arday y señala a la prensa como responsable de su muerte
Activistas contra el racismo y defensores de las políticas de diversidad acusan a los medios de comunicación y académicos que desvelaron el plagio de causar la muerte de Jason Arday
La trágica muerte de Jason Arday, de 41 años, ha desatado una nueva campaña contra medios de comunicación, periodistas y académicos que, acusados de racismo y xenofobia, están siendo señalados como responsables de la muerte del que fue catedrático de la Universidad de Cambridge, acusado de plagio.
El caso de Jason Arday saltó a la actualidad informativa hace unas semanas, cuando dimitió acorralado por las evidencias de que había cometido plagio tanto en su tesis como en varios trabajos académicos, además de exagerar sus logros deportivos y sus esfuerzos para recaudar donativos para causas benéficas.
La historia de Jason Arday encajaba como un guante de seda en la narrativa de diversidad e inclusión de la nueva izquierda woke que tanto gusta en los ambientes laboristas de las universidades británicas.
La biografía difundida por el propio Arday apuntaba a un niño indefenso, autista y con problemas de desarrollo que le habrían impedido aprender correctamente a hablar, leer y escribir hasta la tardía edad de 18 años.
Imagen de Jason Arday
Pese a las dificultades, su tesón y esfuerzo le habrían permitido superar sus problemas, sacar adelante sus estudios universitarios con un expediente académico tan brillante que le permitiría acceder a un puesto de profesor de Sociología de la Educación en la prestigiosa Universidad de Cambridge con tan solo 37 años, convirtiéndose así en el profesor negro más joven de la historia de Cambridge.
Sin embargo, esta historia tan edulcorada tenía grietas. Las denuncias de alumnos y profesores se acumulaban y la prensa británica se hizo eco. Las evidencias de plagio se mostraban irrefutables y las demás mentiras de Arday se amontonaron poco a poco.
La propia Universidad de Cambridge anunció una investigación y Jason Arday anunció su dimisión. Dos semanas después apareció muerto en su casa.
En un primer momento, la prensa británica, pero también profesores universitarios críticos, señalaron a la Universidad de Cambridge por su responsabilidad al dar cabida en su claustro a un profesor responsable de una serie de plagios tan burdos que una sencilla comprobación rutinaria los habría detectado.
¿Qué clase de criterios de selección o de controles de aplican una universidad cuya fama de excelencia es indiscutida en todo el mundo?
El diario DailyWire, pero también otros periódicos como The Telegraph o The Times, apuntaron a una comisión de selección de profesorado viciado e inoperante por sus obsesiones ideológicas de inclusión y diversidad.
El mismo DailyWire incluso recoge un correo que otro profesor universitario, este jubilado, llamado Dave Harris envió a Jason Ardy pidiéndole explicaciones al detectar errores graves en citas y afirmaciones en sus trabajos.
Ardy se desprendió de toda responsabilidad acusando al profesor de racismo y discriminación.
La inesperada muerte de Jason Arday le ha dado la vuelta a todo el caso al desplazar el foco situado sobre la falta de control de la Universidad en sus criterios de calidad del profesorado para situarlo sobre el supuesto racismo y discriminación de periodistas y expertos que sacaron a la luz el caso de plagio.
La izquierda se ha movilizado en los últimos días para convertir a Jason Arday en un nuevo símbolo de la lucha contra el racismo y por el llamado «poder negro». En definitiva, se trata de convertir a Jason Arday en un nuevo George Floyd, símbolo del movimiento Black Lives Matter tras su muerte en una operación policial en 2020.
Y, del mismo modo que se ocultó cuando no se negó el historial delictivo de Floyd para que no se desmoronara el relato inmaculado de la víctima, en el caso de Arday se está ocultando e incluso negando el caso de plagio y sus demás mentiras que le permitieron escalar a una velocidad de vértigo a uno de los escalafones académicos más altos.
Durante la vigilia de homenaje celebrada el lunes en Trafalgar Square de Londres, organizada por el grupo Stand Up to Racism, con miles de participantes, bajo el combativo lema «Rest in power Professor Jason Arday» se presentó al fallecido exprofesor de Cambridge como un mártir de la lucha contra el racismo, víctima de aquellos que buscan acabar con las políticas de inclusión y diversidad.
La diputada laborista Bell Ribeiro-Addy leyó un comunicado firmado por la familia de Arday donde se denuncia que Jason fue víctima de «la crueldad pública» y apuntaron directamente a los medios de comunicación, que habrían desatado «una campaña mediática cruel y amarga», según recoge la BBC.
«Debió pensar que si dimitía los ataques contra él se acabarían. Pero, en realidad, empeoraron». «Ha sido una campaña contra todos nosotros», apuntaba el comunicado citado por la BBC.
El tono de los mensajes tras la muerte de Arday es en casi todos los casos similares. Aquellos que hicieron la vista gorda ante el plagio de Arday, o lanzaron tímidas promesas de investigación cuando salieron a la luz, ahora claman contra el supuesto «racismo» en el caso.
También en declaraciones recogidas por la BBC, el director del Homerton College de Cambridge, Lord Simon Wolley, denunció que Arday fue «acosado hasta la muerte». También en declaraciones recogidas por The Telegraph, Wolley afirmaba que Arday había sufrido una «cacería de brujas horrenda, tóxica y viciosa».
La activista Misan Harriman, en la vigilia, denunció que los medios «cruzaron todos los límites» y que «disfrutaron haciendo daño a otro ser humano con su pluma envenenada sólo por diversión».
El mismo rector de Cambridge, Lord Chris Smith, denunció la «caza de odio racista» de la que fue víctima Arday, y defendió la defensa de la integridad académica junto con la denuncia de «un frenesí racista en torno a un académico en particular».
El alcalde de Londres, Sadiq Khan, también condenó el «acoso público inaceptable y la humillación malvada» de la que habría sido víctima el profesor de Cambridge. Incluso el primer ministro británico, Andy Burnham, se sumó a la ola de condenas y exigió una profunda reflexión a los británicos por las críticas contra Arday.
Sin embargo, uno de los investigadores que sacaron a la luz el fraude académico de Arday, Nathan Cofnas, ha denunciado una campaña de acoso contra él: «Si estuviera en Londres (durante la vigilia), es posible que me asesinaran», tuiteó.
También denunció la hipocresía de la comunidad académica en este caso: «Miles de académicos y periodistas conocían la verdad sobre Jason Arday desde hace más de un año».
Lo cierto es que en redes sociales el tono de activistas DEI (iniciales de Diversidad, Equidad e Inclusión que constituyen los pilares de la ideología woke) es mucho más agresivo e, incluso, abiertamente violento.
La activista y abogada Shola Mos-Shogbamimu publicó en redes sociales un mensaje donde afirma que la muerte de Arday es «una ejecución pública». «Acosasteis a Jason Arday hasta la muerte. Lo asesinasteis. Lo matasteis. Os lo advertí. Sabía que esto era exactamente lo que todos queríais con vuestro ‘racismo’ disfrazado de rendición de cuentas. Vuestra sed de sangre supremacista blanca para destruir la DEI disfrazada de ejecución pública. Vergüenza sobre vosotros».
La campaña se ha vuelto tan agresiva que algunos medios de comunicación con más prestigio han tratado de poner un poco de cordura por medio de sus firmas: «La tragedia de Jason Arday no se puede atribuir a la prensa», recordaba desde las páginas del Telegraph el miembro de la Cámara de los Lores Charles Moore.
Mientras, desde la otra orilla del Atlántico, The New York Times mostraba su estupor por un caso que bien podría haberse producido en las universidades estadounidenses, también arrasadas por la ola woke: «La prisa por culpar a los medios de comunicación de la terrible muerte de un académico».