Retrat de 'La condesa de Chinchón', de Goya, una de las obras maestras adquiridas por el Prado en el siglo XXI
Estas son algunas de las grandes adquisiciones del Museo del Prado en el siglo XXI
De Velázquez a Goya y Ribera: el Prado ha adquirido algunas de sus grandes obras maestras en los últimos 26 años
Queda un mes para disfrutar en el Museo del Prado la exposición ‘Prado. Siglo XXI’ antes de que la muestra se retire el 27 de septiembre.
La exposición es una propuesta diferente, y muy vinculada con la evolución reciente de la pinacoteca y las profundas transformaciones producidas con la entrada del siglo XXI.
Ese proceso de transformación tuvo su hito principal en la inauguración del Edificio Moneo para albergar el claustro de los Jerónimos, salas de exposiciones temporales y construir un nuevo acceso al Museo.
La muestra, además, llega cuando el Prado está embarcada en una nueva transformación histórica, con la rehabilitación del Salón de Reinos y su incorporación al Museo.
Pero ¿cuáles son las obras maestras del Prado más relevantes que ingresaron en la pinacoteca en este siglo?
Una de las piezas más emblemáticas de la exposición es el retrato de Ferdinando Brandani de Diego Velázquez. La pintura llegó a la pinacoteca en 2003 tras ser adquirida a un particular por 23 millones de euros.
Retrato de Ferdinando Brandani, de Velázquez
Se trata de una obra esencial para entender el segundo viaje de Velázquez a Italia, entre 1649 y 1651. Durante mucho tiempo se desconocía quién era el retratado, hasta que investigaciones recientes lo identificaron como el banquero Ferdinando Brandani.
Otra de las obras adquiridas por el Prado en el siglo XXI, y que se ha convertido en una de las pinturas más populares de la exposición permanente, es El vino de la fiesta de San Martín, de Pieter Bruegel el Viejo.
'El vino de la fiesta de san Martín', de Pieter Bruegel el Viejo
Adquirida en 2010 por 7 millones de euros, la pintura llegó en muy mal estado a la pinacoteca. La capa de repintados y barnices era tan gruesa que incluso se puso en duda su autoría, debido a las dificultades de identificar los trazos característicos de Bruegel el Viejo.
Hoy, tras su restauración, no hay duda alguna respecto a la atribución, e incluso se ha situado esta pintura, hasta su adquisición prácticamente desconocida, en una de las obras más destacables de Bruegel el Viejo.
De la pintura cabe destacar su importancia como testimonio de la vida de las clases populares en el siglo XV. Bruegel el Viejo, como el Bosco, fija su visión en los campesinos y mendigos, y no ahorra visión mordaz al retratarlos, introduciendo elementos grotescos aprovechando el tema de la bebida y la borrachera.
El Ministerio de Cultura compró dos conjuntos escultóricos de Luisa Roldán –La virgen aprendiendo a leer, y Descanso en la huida a Egipto– por 275.000 euros en 2025 para el Museo del Prado y el Museo Nacional de Escultura.
'Descanso en la huida a Egipto', de Luisa Roldán
Descanso en la huida a Egipto, el conjunto que se expone en el Prado, elaborada en barro cocido policromado, es una obra esencial de la escultura madrileña al servicio de las cortes de Carlos II y Felipe V. La adquisición de la obra permitió enriquecer la colección de escultura barroca de género devocional de la pinacoteca.
Adquirida en 2001, La resurrección de Lázaro es una de las obras maestras de José de Ribera. El Estado desembolsó en una subasta en Nueva York más de dos millones y medio de euros.
'La resurrección de Lázaro', de José de Ribera
La resurrección de Lázaro es uno de los temas más representados en el arte religioso barroco. Su profundo sentido teológico, donde se reafirma la doble naturaleza humana y divina de Cristo, ha hecho de este episodio evangélico uno de los predilectos de los artistas al servicio de la Iglesia.
En particular, este cuadro, es fundamental en la trayectoria de José de Ribera, pues representa el culmen de su trayectoria emprendida en Roma y el inicio, a partir de entonces, de su etapa napolitana.
Sin embargo, la obra más importante adquirida por el Museo del Prado en el siglo XXI ha sido La condesa de Chinchón, de Francisco de Goya. La obra llegó al Museo del prado en el año 2000 tras pagar el Estado la cantidad de 24 millones de euros (4.000 millones de pesetas en aquellos años del inminente cambio monetario en la UE).
'La condesa de Chinchón', de Goya
Goya retrata a María Teresa de Borbón en su palacio familiar de Velada, en Toledo. La condesa de Chinchón era sobrina del rey Carlos III, pese a lo cual vivió, desde su infancia, alejada de la Corte.
El retrato se pintó en 1800, cuando Goya preparaba otra de sus grandes obras maestras: La familia de Carlos IV, que pintó en Aranjuez.
Goya realizó este retrato desprovisto por completo de su habitual visión sarcástica y mordaz con que solía retratar a la nobleza. Se dice que, tal vez por el avanzado embarazo de la condesa en el momento en que posó, o porque Goya sintió una particular compasión por ella, realizó un retrato sincero sin la crítica mordaz con que veía a la aristocracia.