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La filosofía medieval ha encontrado en Patxi López un nuevo divulgador.El Debate (asistido por IA)

Filosofía para todos

La inesperada incursión de Patxi López en el debate filosófico que más enfadó a santo Tomás de Aquino

El portavoz socialista se apunta a la teoría de la doble verdad para explicar la crisis de Ceuta

Cuenta Chesterton en su biografía de santo Tomás de Aquino que solo un asunto consiguió que el conocido como Buey Mudo «embistiese como un toro salvaje»: los postulados en torno a la doble verdad de los averroístas latinos de París. El escritor llega a intuir que aquella disputa intelectual agotó tanto al dominico que provocó su retiro definitivo.

Podría parecer que las discusiones de la filosofía medieval están más que superadas. Sin embargo, el portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Patxi López, ha avivado, de manera inesperada, aquellas viejas polémicas en torno a la posibilidad de que dos afirmaciones puedan ser verdaderas y contradictorias al mismo tiempo.

En este caso, López quiso buscar solución a la crisis abierta en el seno del Gobierno socialista después de que los ministros de Interior y Defensa se contradijesen respecto a las informaciones del CNI sobre el asalto masivo a Ceuta del pasado 30 de julio. Margarita Robles aseguró que los servicios de inteligencia alertaron de la invasión, mientras que Marlaska negó la existencias de «ningún informe que atisbara lo que iba a suceder». En ese contexto, el portavoz abrazó el averroísmo latino para concluir que «las dos cosas pueden ser verdad a la vez».

Una polémica que llega hasta Aristóteles

Las palabras de Patxi López nos devuelven así al siglo XIII, cuando las luces de la Escolástica se esforzaban por demostrar que fe y razón eran más que compatibles y las dos alas por las que se puede alcanzar la verdad. La fuerza del pensamiento aristotélico, elevado a las cimas más altas de la mano de santo Tomás de Aquino, llevó a algunos pensadores a interpretar las ideas del cordobés Averroes y a plantear una relación entre fe y razón que parecía conducir a conclusiones incompatibles con el principio de no contradicción.

Fue en la Universidad de París donde se puso sobre la mesa la posibilidad de que las verdades de fe, enmarcadas en el plano sobrenatural, entrasen en contradicción, sin dejar de ser verdaderas, con las verdades alcanzadas por la filosofía y la razón, propias del mundo natural. Se tiraba así por tierra el principio primero expuesto por Aristóteles en su Metafísica: «Es imposible que un mismo atributo se dé y no se dé simultáneamente en el mismo sujeto y en un mismo sentido».

El Aquinate no pudo evitar entrar en confrontación con semejantes postulados. Como relata Chesterton: «Santo Tomás quería permitir que se pudiera acceder a la única verdad por dos caminos. Por ser la fe la única verdad, nada podía descubrirse en la naturaleza que, en una instancia, contradijese a la fe». Una verdad y dos caminos, y no dos caminos para dos verdades que se contradicen.

El Doctor Angélico cargó contra las ideas de los averroístas en De unitate intellectus. Es en esas páginas donde el célebre biógrafo percibe el enfado del filósofo y donde este lamenta que quienes consideran que «la fe es sobre algunas cosas sobre las cuales se puede concluir con necesidad en contra», en el fondo están reconociendo «que la fe es sobre lo falso e imposible». Algo incompatible con la convicción tomista de que toda verdad tiene, en último término, un mismo origen: Dios.

La relación del Gobierno de Sánchez con la verdad siempre ha sido particular. El de Patxi López es un paso más al sostener que dos versiones aparentemente contradictorias pueden ser verdaderas al mismo tiempo. Aunque el sentido común ya nos hace ver lo complicado de la ecuación, a veces no está de más recordar a los gigantes intelectuales para comprobar que, como decía Cicerón, «la filosofía es maestra de la vida». Hasta las polémicas más partidistas pueden devolvernos, inesperadamente, a las grandes cuestiones de la razón.