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César Wonenburger
Bocados de realidadCésar Wonenburger

Sueño de una noche estival en La Mareta

¿Y si un conflicto mayor postergara indefinidamente las elecciones…?, mientras los óvulos se congelan a la espera del superhéroe que no llega y Galliano permanece atado a la sombra de Hitler

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una videoconferencia reciente desde el Palacio de La Mareta

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una videoconferencia reciente desde el Palacio de La MaretaEuropa Press

Resulta de una tremenda frivolidad afirmar que el presidente Sánchez dedicó el grueso de su impostergable asueto estival al submarinismo, como se ha afirmado estos días, en lugar de ocuparse de la crisis de Ceuta. Quien sostiene que el primer ministro se ha desentendido voluntariamente de sus obligaciones más perentorias desvela una perversa inquina, fruto de la envidia, tan habitual por estos pagos.

No, Sánchez ha hecho los deberes, como siempre. Mientras con afán paternalista aconsejaba a los españoles algunas lecturas ligeras, aderezadas con sonidos agradables, compatibles con el necesario relax de esta época propicia a la suspensión de las más odiosas actividades habituales, él en cambio aprovechaba el tiempo dejándose las pestañas para repasar voluminosas biografías de Churchill.

Una sin duda útil tarea que no interrumpió para tumbarse indolente al sol, como juzgan sus más pérfidos críticos. Al contrario, buena parte del resto de su complicada agenda la empleó además en mantener periódicas consultas, sobre el tema que más le preocupa, con uno de los escasos líderes internacionales con los que conserva una relación cordial, estrecha y fluida, forjada en la mutua admiración.

Ansias y ambiciones particulares

Embeberse del ejemplo del lord del Almirantazgo, y luego compartir sus reflexiones con Zelensky, tiene todo el sentido para quien antepone el bien de la patria sobre cuestiones de menor calado, minucias que solo pueden concernir a un par de interesados, como asegurar la convocatoria de unas elecciones limpias, y en tiempo, que pudieran propiciar la alternancia política.

Las ansias y ambiciones particulares de poder deben supeditarse siempre a la razón de Estado, algo que Feijóo desdeña, pues no dudó en organizar unos comicios en su feudo gallego durante la pandemia, temeridad de la que en el fondo quizá pretendiese sacar alguna tajada: las trampas resultan mejor cuando el foco de la atención está puesto en asuntos de mayor trascendencia, como el de salvar la vida.

Por eso el preclaro Sánchez, siempre sabio y previsor, busca anticiparse a lo que podría ocurrir aquí en los próximos meses, y como gobernante culto, indaga en la historia, pasada y reciente, las soluciones que aseguren la paz, elemento primordial de cualquier armoniosa convivencia.

Pedro Sánchez junto a Mohamed VI, que esta vez sí estaba en Rabat y le recibió

Pedro Sánchez junto a Mohamed VI en RabatEFE

Porque, vamos a ver, si al irresponsable que mora en el Palacio de la Zarzuela se le ocurriera algún día abandonar la molicie en la que lleva cómodamente instalado durante dos largas décadas, y saliese pitando hacia Ceuta para mostrar de la manera más firme e inequívoca la solidaridad del pueblo español con uno de sus territorios, ¿no resultaría la visita una insoportable provocación que la satrapía marroquí, previamente jaleada en secreto por las hordas de la internacional fascista, se vería obligada a contrarrestar de alguna manera?

¿Acaso no podría precipitarse un incidente más grave, incluso militar que, con los ánimos como están, derivara en un conflicto mayor entre ambos Estados?

Si así fuera, ¿qué sentido podría tener convocar elecciones en esos momentos? ¿No sería lo más lógico hacer como en el Reino Unido, que esperó casi hasta el final de la guerra para dotarse de un nuevo gobierno legitimado por las urnas? ¿No resultaría lo único conveniente ungir al primer ministro «sine die», como en el caso británico ocurrió prácticamente con Churchill, el líder providencial para sacarnos del atolladero?

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der LeyenAFP

Zelensky aprendió la lección. Sánchez podría seguir el mismo camino. No sería la primera vez que Marruecos le echara una mano al PSOE con unas elecciones, aunque en este caso suponga mantener el paripé con algo parecido a un conflicto armado de limitada intensidad, unas periódicas escaramuzas que en cualquier caso contribuyeran a crear la zozobra de una posible contienda armada, con todas las consecuencias.

Y si por entonces el taimado Mohamed VI se viniera arriba, al contar entre sus leales a Putin, Netanyahu, Trump y la estatua ecuestre de Franco que ni las bombas derribaron en Ferrol, una España anexionada a Marruecos podría empezar de nuevo los trámites de ingreso en la UE, con el entusiasta beneplácito de Von der Leyen. Para entonces el nuevo Churchill ya habría huido quizá a Laos, como refugiado en la hacienda de aquel ignoto capitán Khan.

Congelar óvulos no arregla el problema

Han sido muy comentadas las declaraciones de Cristina Llanos, cantante de Dover, al publicar estos días una suerte de autobiografía. Entre otras cosas, sostiene: «No voy a perder más energía y sentimientos en desvaríos masculinos, en la mayoría de los casos, inaceptables. Mi coño no lo jode nadie porque lo digo yo, y basta». Faltaría más. Ella sabrá con quien decide jugar al parchís.

También en esta última semana, Alexandria Ocasio Cortez, otrora «enfant terrible» del Partido Demócrata, ahora superada por la banda izquierda por esos jóvenes de su misma formación política que se declaran abiertamente comunistas y pretenden vaciar las cárceles en cuanto alcancen el poder, ha desvelado que congela sus óvulos.

Después de romper con su último novio, Ocasio ha retransmitido al mundo todo el procedimiento médico, como si participara en un «reality». En su caso, pretende demostrar la barbaridad del coste que supone el tratamiento, y su eficacia, para que el próximo Obama financie por cuenta del estado la puesta en espera de los óvulos de todas las mujeres norteamericanas en edad de procrear.

Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), congresista demócrata por el Estado de Nueva York

Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), congresista demócrata por el Estado de Nueva YorkSarah Rice /Getty Images via AFP

De todas, no. Pero sí de la mayoría. Porque hoy resulta imposible encontrar un varón a la altura de las inalcanzables demandas de una mujer culta, preparada, económicamente independiente, … como la política norteamericana, tan perspicaz que cuando acudió a la gala del Met, esa máxima expresión del capitalismo, fue con un vestido en el que llevaba escrita la frase «Tax the rich» («Poned impuestos a los ricos»).

El superhéroe sensible, atento, cariñoso, guapo y preferiblemente rico no acaba de llegar. Mientras, triunfan series como la reciente Furious! («¡Furiosa!») que emite la familiar Disney. En un thriller clásico de los de gato y ratón, esta vez, ambos son mujeres maltradas. La criminal se dedica a matar a ricachones lujuriosos que han abusado de ella, y de una amiga muerta, cuando ambas eran menores: un trasunto del caso Epstein.

La policía que la persigue ha huido de su exmarido, otro miembro del cuerpo, que le pegaba unas palizas tremendas. No resulta descabellado que agente y asesina empaticen, más allá de los delitos se encuentra la sororidad.

Imagen de Furious

Imagen de FuriousHulu

En Furious, creada y dirigida por mujeres, todos los personajes femeninos sufren por culpa de sus frustrantes relaciones con señores. En el reparto apenas aparece un hombre más o menos aceptable, un tipo decente que no albergue ninguna intención desviada consecuencia de su insalvable condición depredadora.

Los modelos ahí representados de masculinidad obedecen casi al mismo patrón que identifica la artista española de Dover en otro de sus comentarios: «Los hombres que cruzan la raya en lo más mínimo, por ejemplo, miradas cerdas y agresivas, están en el mismo saco de los que violan, torturan y matan».

Cierto, todos los días se producen abusos. No hay más que mirar hacia Ceuta para ver lo que ocurre a menudo. Pero pretender que la humanidad se divide específicamente en buenas y malos, sin matices, a partir del género, solo sirve para profundizar en la división: se alienta cada vez una lucha que no puede tener vencedor.

En la esfera íntima de las relaciones humanas hace falta más educación, respeto, diálogo y perspectiva. De lo contrario, todos, unas y otras, acabaremos siendo consolados por chatbots, que solo dicen lo conveniente, y la última generación de muñecas hinchables, made in China, seguramente tan sosas como las anteriores, aunque ahora hayan aprendido a susurrar.

La sombra de Hitler no deja a Galliano

Hablando de la gala del Met, John Galliano se ha bajado de la próxima celebración minutos antes de que lo echaran. En el pasado reciente, este diseñador, considerado un genio del dedal, fue apartado de todos sus trabajos. La cancelación le llegó por haber insultado públicamente a unas damas, en un restaurante. Con el alcohol se vino arriba y les dijo en voz alta que él era partidario de Hitler (y se supone que las cariacontecidas mujeres, judías).

Tras acudir a rehabilitaciones varias, y después de una contrición pública en las páginas satinadas de Vanity fair, Galliano estaba recuperando parte de su malogrado prestigio, sobre todo en esta época en la que el antisemitismo parece volver a llevarse (en realidad, nunca desapareció del todo) entre intelectuales, artistas y miembros del PSOE como supuesto reflejo contra las políticas del actual gobierno de Israel.

El diseñador de moda John Galliano

El diseñador de moda John GallianoGTRES

Su reaparición en el show del Met, poco tiempo después de haber fichado por Zara, le garantizaba una vuelta a lo grande, algo que tanto gusta siempre a los norteamericanos. No a todos. Algunos no creen en arrepentimientos ni perdones, como tampoco olvidan la música de Wagner convertida en improvisada banda sonora de los hornos crematorios.

El que paga siempre manda, así que las fortunas judías que sostienen la institución artística reclamaron que Galliano desapareciera de sus vidas filantrópicas. Entre volver a acoger al modisto y renunciar al dinero de las donaciones, el museo ha preferido la pasta.

Para adornar el descrédito, el ídolo destronado («in vino veritas») ha escrito uno de esos relamidos comunicados en los que la hipocresía se disfraza de elegante discreción para afirmar que deberá seguir aguardando la muerte de aquellos a los que ofendió. Eso no lo dice, pero se le entiende. Con Hitler seguramente todo habría resultado más fácil para él.

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