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El Congreso celebra a Pau Casals y el Día Internacional de la Paz con Aizpurúa como inaudita espectadora

Es la primera vez que el hemiciclo celebra este día, un acto que se ha unido al 150º aniversario del nacimiento del gran violonchelista español

Patxi López, Gabriel Rufián y Mertxe Aizpurua; durante la celebración del Día Internacional de la Paz en el CongresoEuropa Press

Ver el hemiciclo del Congreso ocupado mayormente por personas diferentes a las que habitualmente lo ocupan puede ser como un sueño, sobre todo según qué bancada. Hay incluso una sensación de formalidad. Y esto a pesar de que quienes acudían al acto de homenaje en la Cámara Baja al genio violonchelista Pau Casals por su 150º aniversario y por el Día Internacional de la Paz lo hacían con actitud lúdica.

Se supone que tiene que ver con la costumbre. Un invitado acude a un acto como a un espectáculo, ocupando su sitio (su escaño) como quien ocupa una butaca de un teatro, por ejemplo. Y los diputados lo hacen como quien va al colegio, pero con nómina.

El violonchelista Ettore Pagano durante la celebración del Día Internacional de la Paz con un homenaje a Pau CasalsEuropa Press

Desde dicho hemiciclo, no muy lejos de los agujeros de bala del 81, por las pantallas se veía a la anfitriona del evento, como presidenta del Congreso, Francina Armengol, saludando con donaire a invitados y participantes cercanos. También a los intérpretes, el joven chelista Ettore Pagano y la pianista Yoko Suzuki, y a los protagonistas de la celebración institucional, a modo de inéditos conductores: Ana Belén e Iñaki Gabilondo.

Fueron tomando asiento disperso un escogido y heterogéneo grupo de políticos, mayormente sanchistas de uno u otro modo, salvo Alejandro Fernández, presidente del PP de Cataluña. Allí se fueron sentando, libremente, Salvador Illa, Rafael Simancas, Jordi Planas o José Montilla, el cordobés de Iznajar expresidente de la Generalidad catalana.

Salvador Illa y los ministros Elma Saiz, Ernest Urtasun y Luis PlanasEuropa Press

Apareció Gabriel Rufián con corbata y se sentó al lado de Patxi López sin ella. A la vera de ambos, sonriente y ufana, se colocó la diputada de Bildu Mertxe Aizpurúa, que fue a darle un cariñoso saludo a Illa. Animada conversación de Rufián y Patxi con Aizpurúa a la que Meritxell Batet, expresidenta del Congreso, no quiso unirse dejando un asiento vacío de separación.

Quien no estaba eran los de Junts, socios del Gobierno, porque echaban en falta más catalanismo para Pau Casals, cuando es posible que Casals, si viviera, aunque nunca se sabrá, hubiera rechazado semejante separatismo como más tarde se vio en frases y declaraciones traídas del músico genial que tuvo un enorme compromiso con la paz y la unión de los pueblos y los hombres durante su larga, plena y azarosa vida.

La presidenta del Congreso, Francina ArmengolEuropa Press

Se presentó Armengol con un poema, que leyó (¿de Wislawa Szymborska?) por el Día Internacional de la Paz con Aizpurúa de sonriente espectadora de excepción, y casi terminó su plática hablando de guerras con especial detenimiento en la Franja de Gaza «donde Israel asesina a un niño cada día». Despuès salieron, papeles en mano, Ana Belén e Iñaki Gabilondo como narradores de la vida de Casals y especie de hilo conductor, pero sin mucha conducción.

El joven Ettore Pagano, de solo 21 años, nacido en 2005, tocó a Bach en el chelo del homenajeado de 293 años, fabricado en 1733. La suite número uno resonó en el violón como una delicia sorprendente en semejante entorno y con semejante público. Sonaba a siglos, a tiempos mejores. A verdad y no a mentira. A excelencia del compositor, del sonido del instrumento y del virtuosismo del intérprete.

El violonchelista Ettore Pagano y la pianista Yoko Suzuki durante la celebración del Día Internacional de la PazEuropa Press

Luego habló Jordi Pardo, presidente de la Fundacion Pau Casals, quien, entre otras cosas, hizo mención del gran vínculo emocional de Casals con Madrid, donde consideraba a la reina regente María Cristina como una madre. Un dato extraordinario. Por bonito y curioso y elevado. También dijo que Pau Casals se negó a tocar en la Rusia de Stalin y en la Alemania de Hitler y mencionó el discurso en inglés que pronunció en la ONU por la Paz, aunque por un lapsus primero dijo que el discurso fue en catalán.

Luego volvieron Ana e Iñaki para seguir contando cosas, todas buenas, del gran Casals, como que creó su propia orquesta y una asociación para llevar la gran música a los más humildes. Ana Belén parecía una cuentacuentos por el tono, como intentando impresionar o sugestionar a los niños de la clase. Resulta que Pau Casals alertaba sobre «el nacionalismo mal concebido que provoca la degradación del hombre», pero nadie pareció darse por aludido.

El periodista Iñaki Gabilondo y la cantante Ana Belén durante la celebración del Día Internacional de la PazEuropa Press

Casi como al rescate sonó, con Yoko Suzuki al piano, el Intermedio de Goyescas de Granados. Una hermosura llena de talento y grandeza española. Siguieron las frases de Casals, como bombas frente a las que nadie en el hemiciclo reaccionaba, como si la mayoría estuviera acostumbrado a borrar de su entendimiento sus propias contradicciones, incluso salvajes, como que un personaje como Mertxe Aizpurúa estuviese allí, en primera fila ante el chelo casi tricentenario de Casals en la celebración del Día Internacional de la Paz.

Es posible que Mertxe, y tantos otros, no asimilaran aquella frase del homenajeado: el «acercamiento sincero de las naciones antagónicas» o «la música como lenguaje de comunicación, relación fraternal e inteligente entre los hombres».

El violonchelista Ettore Pagano durante la celebración del Día Internacional de la PazEuropa Press

Aún quedaba la fantástica, por bonita a rabiar, La nana y la jota de Manuel de Falla y el Cant del Ocells de Casals que cerró el acto sobresaliente por la música encantadora, por Casals, su chelo y los intérpretes. No por Rufián, que se fue con su corbata y con sus manos en los bolsillos, ni por Luis García Montero, profuso en abrazos con los ministros, pero sobre todo no por la presencia destacada, macabra presencia, de Mertxe Aizpurúa, portavoz de Bildu, el partido heredero de la ETA, y socia del Gobierno de Sánchez, en el Día Internacional de la Paz.