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William Faulkner y James JoyceGTRES

Los fracasos más brillantes de la literatura universal: cinco grandes autores que nadie compraba

De Faulkner a Juan Ramón Jiménez, no han sido pocos (esta es solo una pequeña muestra) los escritores míticos que no obtuvieron (en muchos casos ni siquiera lo buscaron) el respaldo del público

William Faulkner ganó el Premio Nobel y el Pulitzer, dos veces. Maestro de maestros o cumbre de la literatura del XX, nadie compraba sus libros. Santuario, de 1931, fue su novela más exitosa. Una que admitió haber escrito por dinero, forzando los engranajes de su particular estilo poco accesible para el gran público.

El asunto llegó a tal punto que en los años cuarenta, también los cuarenta del genio de Misisipí, casi todos sus libros estaban descatalogados en Estados Unidos, su propio país. Contaba sus celebradas obras por la crítica como absolutos fracasos de ventas. Un caso asombroso, pues, solo unos años después, en 1949, recibió el Nobel y entonces todo cambió.

Un caso similar es el de Juan Ramón Jiménez. Personaje singular, nunca tuvo la más mínima intención de ganar dinero con sus obras. Su afán fue la perfección de su poesía desde su único punto de vista, como Faulkner respecto a su prosa y, como el estadounidense, el Premio Nobel le presentó al mundo. También como el caso de Santuario, Platero y yo fue su única obra exitosa.

La historia de los poetas más que minoritarios galardonados con el Nobel es habitual. A Vicente Aleixandre (hay muchos casos: Transtömer, Szymborska...), le leían sus amigos generacionales del 27 y a su vez los poetas admiradores que vinieron después. Prestigio elitista y ventas escasísimas que el propio Aleixandre nunca necesitó (al contrario que otro, como Faulkner, quien trabajó como guionista en Hollywood) pues siempre vivió de las rentas de la familia.

Juan Rulfo fue un mito en vida para sus colegas contemporáneos. Admiradores fervientes de sus dos únicos libros mínimos: la colección de cuentos El llano en llamas y la novela corta Pedro Páramo. Una reputación mítica que nunca se tradujo en las ventas de sus dos libros.

Una situación curiosa con una historia oculta por detrás, como la de tantos autores minoritarios: el renombre y la ascendencia que tuvo su eco en otros grandes escritores que sí obtuvieron el reconocimiento del público o que, sin ellos, sin su influencia, es posible que no hubieran obtenido dicha consideración: como un éxito comercial diferido y transferido en el tiempo.

Son también los casos de Franz Kafka y de James Joyce. El primero, nombre imprescindible de la literatura, apenas publicó en vida y cuando lo hizo fue en revistas independientes con ningún rédito comercial. El ejemplo del irlandés se asemeja a lo experimental de Faulkner o Juan Ramón, pero con otra vuelta de tuerca. Su éxito de ventas fue nulo, cosa que nunca buscó, como si el único éxito perseguido, si es que lo perseguía, era el del impresionante prestigio sin lectores que consiguió con creces.