Acceso a la exposición ‘Mitologías modernas: Ouka Leele & Co’
Madrid recupera el espíritu de «la Movida» de la mano de Ouka Leele en una exposición imprescindible
La exposición ‘Mitologías modernas: Ouka Leele & Co’, en la Sala Alcalá 31 de Madrid, revisa el papel que la mitología desempeñó en el arte madrileño de la década de los 80
Imaginemos un Madrid onírico convertido en escenario a medio camino entre la mitología clásica y la pesadilla posmoderna. En ese Madrid irreal tendría lugar el trágico reto entre Hipómenes y Atlante, que terminaría con ambos amantes transformados en leones para tirar, durante toda la eternidad, del carro de Cibeles.
La escena del mito clásico la visualizó Ouka Leele y la hizo realidad en 1987. Para realizar la fotografía, titulada Rappelle-toi, Bárbara!, y para plasmarla en su icónica fotografía interrumpió el tráfico del centro de Madrid en 1987. La artista madrileña narró con esa imagen la historia completa de la diosa Cibeles, convertida en símbolo de la ciudad de Madrid, y los dos amantes transformados por ella en leones para tirar de su carro.
'Rappelle-toi, Bárbara!', de Ouka Leele
El resultado fue una fotografía convertida ya en emblema del movimiento artístico madrileño de los años 80, con artistas, además de Ouka Leele, como Ceesepe, El Hortelano, Carlos Franco o Sigfrido Martín Begué que hicieron de Madrid su laboratorio de vanguardias.
La sala de exposiciones Alcalá 31 de Madrid acoge, hasta el próximo 18 de octubre, la exposición ‘Mitologías modernas: Ouka Leele & Co.’, donde, por medio de más de cien obras, se repasa la importancia que tuvo la mitología clásica en la pintura madrileña de los años 80, que recogen el testigo de los artistas de la Nueva Figuración madrileña de la década anterior.
'Ouka Leele. Ceesepe, El Hortelano y Rita, 1986', de Ouka Leele
Un omnipresente rosa chicle, en donde se proyectan las sombras de las luces de neón, y vetustos aparatos de televisión que emiten fragmentos del programa de Paloma Chamorro La edad de oro, introduce al público en un Madrid de los 80 que ya se veía como la capital de una democracia consolidada y que quería recuperar el trayecto perdido en los años de la dictadura frente a otras urbes con las que, tradicionalmente, había tratado de competir: París, Londres, Nueva York…
Muchos de estos artistas habían desembarcado, precisamente, en dichas ciudades para empaparse de las nuevas corrientes artísticas y, cuando regresaron a Madrid, hicieron suyos los barrios castizos de Chueca, Malasaña, el Rastro y los convirtieron en baluartes de modernidad.
Boceto de la propuesta de Carlos Franco para la Plaza Mayor
Reinterpretaron Madrid como elemento estético y sus barrios se convirtieron en símbolo de nuevas subculturas inusitadamente jóvenes.
Son los años de la explosión de la «Movida», un movimiento tradicionalmente asociado a la música, pero que tuvo su reflejo en las artes plásticas, con Ouka Leele a la cabeza para reinterpretar mitos clásicos y crear otros modernos.
Una conexión entre ambas expresiones artísticas que encontró su argamasa en el programa La edad de oro, de Paloma Chamorro, que hizo del plató de TVE un moderno café de tertulias que funcionó como conexión para artistas, músicos y toda clase de creadores culturales, con la transgresión y la vanguardia como elemento común.
'España en llamas', de Ceesepe
Una vanguardia que incluso dejaría su huella en el Madrid clásico, transformando un entorno que permaneció estático durante siglos para hacerlo nuevo, pasando a veces desapercibido para el ojo del espectador no iniciado.
Ejemplo de ello es la intervención de Carlos Franco en la Casa de la Panadería de la Plaza Mayor, ideando un mural de motivos mitológicos que llevó al espacio de contundente aspecto herreriano a la vanguardia, convirtiéndolo en un emblema absoluto de Madrid.
Vista general de la exposición
Este movimiento llevó la relación entre el arte y la ciudad a su máximo extremo, para lo cual se sirvió de la irrupción de medios masivos, como la fotografía y la performance, como nuevas expresiones artísticas.
Se produce en esa década la explosión de la cultura underground del cómic y el fanzine que influirá decisivamente en la obra de Ouka Leele, El Hortelano, Ceesepe, Carlos Franco o Martín Begué, pero también de Carlos Alcolea, Miluca Sanz, Carlos Forns, Costus o Patricia Gadea.
Para esta nueva generación de artistas Madrid era mucho más que una inspiración. Era el escenario, el «agente activo» de su creación artística. Su obra, al final, terminaría estrechamente ligada a la imagen que la ciudad quería proyectar al exterior: modernidad urbana, vanguardia y experimentación alejada de los círculos oficiales del arte y las modas imperantes.