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Shùsaku Endo en la portada de su libro El tonto admirable

Treinta años de la muerte de Shûsaku Endo, el escritor japonés que no recibió el Nobel ¿por ser cristiano?

Su obra más famosa es Silencio, la novela que cuenta la historia de unos misioneros portugueses en Japón y la de los japoneses cristianos y perseguidos en el XVII

La historia del escritor japonés Shûsaku Endo es una historia de desarraigo completo, de no estar nunca en el lugar adecuado. Este martes se cumplen 30 años de su muerte tras una vida que comenzó en Tokio como hijo de un banquero y una violinista que, al poco de nacer el menor de sus hijos, se trasladaron a vivir a China, a Manchuria, por entonces ocupada por Japón.

Eran los tiempos del emperador de Manchuria, el pobre Puyi, el último emperador de China (cuya extraordinaria historia rodó magistralmente Bernardo Bertolucci), que acabó siendo utilizado por el nuevo gobierno chino como títere en los territorios conquistados, antes de ser reeducado en el maoísmo y acabar siendo jardinero en la República Popular China.

Su conversión al catolicismo

Puyi era el emperador absurdo de Manchuria y Shusaku Endo un niño japonés en China, por mucho que estuviera ocupada: vidas paralelas de destierro y arrancamiento que no tuvieron ni siquiera continuidad, sino más giros bruscos. A Puyi le destrozaron íntimamente más de lo que estaba, en una confusión existencial incomparable, y al niño Shûsaku también, por la separación de sus padres.

Un drama familiar al que se sumó el regreso del futuro escritor a Japón con su hermano y su madre y su posterior conversión al catolicismo, impulsado por su progenitora, en un país donde todo el mundo era budista. Shûsaku se sentía extraño y era visto como un extraño. Endo describió aquel hecho en su madurez como un «matrimonio concertado».

Silencio de Shusaku Endo

Así viviendo siempre como una figura ajena en su propio país, estudió literatura francesa y acabó yendo a estudiar a Francia tres años en los que siguió siendo un poco más extranjero. Antes no había podido ser soldado en la II Guerra Mundial por sus problemas de salud, lo que le apartó un poco más de la patria.

No pasó bien sus años de Universidad en Lyon, donde fue aislado e incluso vejado. Y eso a pesar de que era cristiano. Por si faltara algo se resintió gravemente de su salud delicada y padeció de pleuritis. Al terminar sus estudios volvió a Japón y allí el éxito como escritor le sacó de su soledad atávica. Sus cuentos primeros y premiados trataban sobre su personal dualidad: Oriente y Occidente.

El choque de ambos mundos, su conexión, su interrelación, su guerra, su propia experiencia, y todo ello con la fe a cuestas, ese «matrimonio concertado» en crisis permanente. Una mirada singular y única que le valió reconocimiento y que cristalizó en su obra más famosa, Silencio. La historia de unos misioneros portugueses que viajan a Japón en busca de otro misionero que supuestamente cometió apostasía.

En Silencio la fe de Endo parece encaminada, después de sus crisis. La novela describe la persecución brutal y la tortura de los cristianos japoneses, obligados a renegar de Cristo. La sublimación real de sus propios sufrimientos. En el ínterin, una tuberculosis acabó en la extirpación de un pulmón.

La fe temblorosa y, a pesar de todo, firme, y la mala salud siempre a cuestas. Cargó con ellas hasta los 73 años, cuando ya no pudo más luego de una carrera literaria que tuvo también humor y un camino más allá del de sus conflictos existenciales principiantes y principales. En 1994 era el favorito para ganar el Nobel y sin embargo ese mismo año lo recibió su compatriota Kenzaburo Oé.

La leyenda (y no tan leyenda) cuenta que no fue premiado porque para Japón Shûsaku Endo era un extraño que no representaba la tradición, ni en su fe, ni en sus orígenes, ni en su trayectoria, ni en sus temáticas: la historia de su vida concretada en el Nobel, el extraño que fue siempre para los suyos, para todos, hasta el final.