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Ernesto Ornati retratando a Ezra Pound en Rapallo (Italia) en 1967

Cuando el arte no miraba la ideología y el poeta y fascista Ezra Pound recibió el Premio Bollingen en 1949

El poeta mítico benefactor de escritores, gran protagonista del París literario de los años veinte y admirador de Mussolini se hizo con el premio en el triunfo absoluto del arte

Imagínese que el Ministerio de Cultura de Urtasun concede el Premio Nacional de Poesía a un fascista (en vez de habérselo concedido este año a un independentista catalán). La noticia hubiera sido mayúscula, incluso fantástica en una sociedad gobernada y dirigida en todos los ámbitos por la ideología.

'Cantos pisanos'

Algo similar, aunque lejano, ocurrió en Estados Unidos con el prestigioso Premio Bollingem de Poesía, concedido por la Biblioteca del Congreso. Ezra Pound, el poeta mítico benefactor de escritores, gran protagonista del París literario de los años veinte y conocido fascista, admirador de Mussolini, quien había sido detenido en Italia tras la guerra, encerrado y torturado y salvado de una condena a muerte gracias a la enajenación que confirmaron sus amigos escritores, como Hemingway, fue el elegido en 1949.

Su obra ganadora por aplastamiento fue Cantos pisanos, que, para mayor enjundia, escribió mientras estuvo encarcelado por los Estados Unidos como un animal en una jaula en Pisa, donde todo el mundo le podía ver como en un zoo. Hacía solo unos años que había terminado la II Guerra Mundial y Pound estaba ingresado en un hospital psiquiátrico (donde pasó doce años) cuando recibió el premio.

Foto policial cuando fue procesado en 1945

La mayoría de los criminales de guerra y simpatizantes habían sido juzgados cuatro años después del fin del conflicto. El poeta de Idaho, ideólogo fascista, admirador del Duce, para quien colaboró, ganó el Premio de poesía más prestigioso de Estados Unidos otorgado por la Biblioteca que depende del poder legislativo del país vencedor en la guerra. Fue posible gracias a que la ideología no dominaba el arte.

Aunque, como es lógico, la elección del ganador vino acompañada de una notable polémica hasta el punto de que, a partir de entonces, el Bollingem ya no lo entregó la Biblioteca del Congreso, sino la Universidad de Yale como institución privada. Pound había criticado a los judíos, a Roosevelt, a Churchill y a su país desde Roma. Pero entonces la norma exigía que las obras de arte había que juzgarlas en concreto e independientemente del autor y sus ideas o comportamientos.

El triunfo del arte

Por entonces, más que un fascista, Ezra Pound era un loco, lo cual también contribuyó al «escándalo» de la concesión del premio. Un «escándalo» con todos los entresijos habituales de los jurados en los premios y de las consecuencias previamente analizadas, incluidos beneficios y perjuicios, sumado al nombre del galardonado, frente a todo lo cual triunfó el arte (Yeats, Robert Lowell y T.S Eliot formaban parte del jurado) como un hecho extraordinario imposible, por desgracia, en el presente invadido por la ideología y la mediocridad.