Silvio Rodríguez, castrista defensor de la terrible dictadura cubana, cierra gira en Madrid con todo vendido
Llama la atención que el cantautor cubano, defensor de una dictadura comunista represora, nunca ha recibido ni el más mínimo aviso de cancelación ideológica, al contrario que otros muchos artistas e incluso por muchísimo menos
Imagen del concierto celebrado en el Roig Arena
¿Alguien se imagina a un cantante fascista llenando pabellones en España durante una gira? Algunos dirán que Kanye West lo hizo. Aunque «solo» fuera un concierto en el Estadio Metropolitano ante 60.000 personas. Pero Kanye West, renombrado ahora como Ye, en realidad no es un fascista, sino más bien un charlatán con ganas de llamar la atención.
Además de un estupendo artista. Un rapero con una carrera brillante que ya será recordada para siempre. Una carrera sin querencias, ni tendencias antisemitas como las que se le han escuchado y leído en los últimos tiempos, en lo que parece un ramalazo provocador de un cantante con más de una vuelta de tuerca artística y personal, y no una convicción ideológica o personal, de la que además se ha desdicho.
Lo de Silvio Rodríguez es otra cosa. Es la «extrema izquierda» recalcitrante hecha verso. Y está bien que su público acuda a escucharle en masa como va a suceder en sus ocho conciertos en España independientemente de la ideología, con el colofón el domingo en el Movistar Arena de Madrid con todas las entradas vendidas.
Lo chocante está en que Silvio Rodríguez es un apologeta del castrismo y su dictadura, bajo la que ha vivido toda su vida en condiciones protegidas y privilegiadas, mientras el pueblo cubano ha pasado y sigue pasando privaciones de toda clase. Hoy mismo sigue siendo un símbolo del asesino, totalitario, opresor y represivo régimen trasnochado. Un sistema político homófobo y tiránico al que Rodríguez defiende públicamente mientras le canta al amor y a la poesía y a la paz o la belleza sobre el escenario.
La contradicción no hace falta señalarla. Lo cual no es impedimento para que sus admiradores como artista (la música son momentos de la vida, las canciones marcan épocas, experiencias, y más si son canciones hermosas) vuelvan a él, a escucharle, a revivir su propia existencia en esas canciones inolvidables para cada cual que lo sean.
Es un buen ejercicio y un buen ejemplo para demagogos y sectarios: si Silvio Rodríguez, no un simple partidario de determinada ideología, sino una figura cultural representante de un régimen despótico y cruel, puede y debe mostrar su arte separado de su deplorable ideología sin las habituales cancelaciones del XXI, lo deben poder hacer todos las demás.
En los últimos tiempos se han visto y se ven cancelaciones de artistas por simples manifestaciones puntuales o incluso por no manifestarse en el sentido que los canceladores indicaban. La mismísima Rosalía, que rectificó, es un ejemplo.
Otros muchos también lo han hecho sometiéndose a la dictadura del sectarismo en el arte para seguir siendo artistas. Y llama poderosamente la atención que un diáfano defensor durante décadas hasta el presente de una dictadura comunista criminal nunca haya sido objeto del más mínimo signo de censura como en otros muchos casos de importancia absurda en comparación.
Un caso paradigmático y pertinente es el del director de orquesta ruso Valery Gergiev, cancelado en toda Europa por no condenar la invasión de Ucrania por parte de Rusia y por ser amigo de Putin. Silvio Rodríguez fue amigo de Fidel Castro y es amigo de Rául Castro y de los actuales dirigentes y de toda la cúpula en el poder durante el más de medio siglo de dictadura, pero nunca ha sido cancelado. ¿Por qué él no y otros, como Gergiev, sí?