Parte de un epígrafe romano antiguo escrito en latín
El español desde dentro
El español viene del latín, pero y el latín ¿de dónde sale?
La historia de nuestra lengua no comienza en Roma. Detrás del latín se encuentra una familia lingüística que se extendió por buena parte de Europa y Asia hace miles de años
Cuando preguntamos de dónde viene el español, la respuesta parece sencilla: del latín. Todos lo sabemos. Lo hemos estudiado en la escuela. Y es una afirmación correcta.
El castellano, como las demás lenguas romances tales como el italiano, el portugués o el francés, procede exactamente del latín vulgar, aquel que hablaban los soldados romanos que eran analfabetos y poblaron las zonas conquistadas durante siglos después de la expansión de Roma.
Pero entonces surge una pregunta mucho más interesante: si el español viene del latín, ¿de dónde sale el latín?
La respuesta nos obliga a viajar mucho más atrás en el tiempo, hasta una lengua que no conocemos directamente, porque nadie dejó textos escritos en este idioma y al que los lingüísticas llaman el protoindoeuropeo.
Se trata de un idioma cuyo vocabulario han 'reconstruido' a través de la semejanza de palabras clave como 'padre' u 'oveja', que mantienen la misma raíz pese a pertenecer a lenguas muy alejadas entre sí. Basta con apreciar que en latín 'padre' es pater, en griego patḗr, en sánscrito pitṛ y en inglés father para entender que hubo una raíz común.
De ese lenguaje común que hablarían los humanos nómadas hace miles de años, surgió el indoeuropeo común y de él diferentes ramas, según las diferentes poblaciones se iban asentadando en diferentes lugares. Un hecho que se produjo, calculan, hace 4.000 años.
Así, el indoeuropeo se fragmentó principalmente en estas ramas: la helenística, de la que derivó el griego; la rama germánica, de la que surgieron el inglés, el alemán, el sueco... entre otros; la céltica, de la que provienen el galés, irlandés y celta; la indoirania, de la que surgió el sánscrito, el hindi, el persa...; la baltoeslava, de donde procede el eslavo y el ruso, entre otros; la armenia; la albanesa; la anatolia, de la que surgieron el hitita y luvita, ya extintos; y la rama itálica, de la que derivó nuestro antepasado más cercano, el latín, y otras dos lenguas: el osco y el umbro.
El latín, que es el caso que nos ocupa, se habló originalmente en la región del Lacio, ubicada en el centro de Italia donde se encuentra Roma.
Y el proindoeuropeo, ¿de dónde surge?
Pero ahí no termina la historia. Porque la siguiente pregunta ¿de dónde salió el protoindoeuropeo? nos lleva hasta los límites actuales de nuestro conocimiento.
Y quizá esa sea la lección más interesante de la historia del español: nuestra lengua no comenzó con Roma, ni siquiera comenzó con el latín. Es el resultado de miles de años de cambios, contactos, migraciones y transmisiones entre generaciones.
Cada vez que decimos 'casa', 'padre', 'noche' o 'tierra', pronunciamos palabras que forman parte de una historia mucho más antigua que España, Roma e incluso las primeras civilizaciones que dejaron textos escritos.
El español que hablamos hoy es, en cierto sentido, la última página, por ahora, de una historia que comenzó miles de años antes de que existiera el nombre de España. Y todavía estamos escribiéndola.