Edith Piaf y Jean Cocteau
El día que Edith Piaf mató con su propia muerte a su amigo Jean Cocteau
El 11 de octubre de 1963, con solo unas horas de diferencia, murieron los dos amigos íntimos e iconos artísticos del XX
Si hubiera que elegir dos vidas extraordinarias de la Historia, no solo del arte, sino de la Humanidad, las de Edith Piaf y su amigo Jean Cocteau serían dos excelentes selecciones. La primera nació en la calle verdaderamente, su abuela le daba vino en vez de leche de biberón para «matar los microbios» y fue criada por prostitutas.
Cantaba de niña con su padre, cuando este apareció, en una de sus acostumbradas idas y venidas, por las calles, en el mundillo de los artistas ambulantes, casi mendigos. Pero su voz sobresalió abriendo una ventana para salir de la miseria esencial. Entre relaciones fracasadas y desgracias, como la muerte de su primera hija por meningitis a los dos años, cuando la madre era solo una adolescente, fue abriéndose camino en la música.
'Le bel indifférent'
Primero con un contrato fracasado por circunstancias truculentas, ajenas a ella, que siempre parecieron perseguirle, y después con su pasó por los cabarets de Music Hall que la convirtieron en estrella. La radio hizo el resto. Y así Cocteau, el artista total, compuso para ella Le bel indifférent. Él era el hombre que no quería ser inteligente porque decía que la inteligencia era lo contrario a lo espontáneo, a lo ingenuo.
Y lo espontáneo y lo ingenuo era Edith Piaf en castigada y genial figura femenina. Jean Cocteau abarcó anchuras y alcanzó alturas impensables y admirables en todos los géneros de los que se convirtió en personaje central. Amigo de Picasso, de Dominguín, de Modigliani y de todos los demás.
Jean Cocteau, Pablo Picasso y Luis Miguel Dominguin asisten a una corrida de toros en Francia
También conoció a Proust en profunda amistad y rivalidad literaria y social y al «hombre bajito con barbita en punta» que era el empleado doméstico del pintor Domergue que nunca hablaba en las tertulias. Una vez le preguntaron qué hacía y respondió que quería derrocar al Gobierno de Rusia. Cocteau y los demás se rieron «Porque todos queríamos lo mismo». La diferencia es que aquel hombre bajito al final lo consiguió: era Lenin.
Cocteau fue un diamante tallado en cien caras donde brillaba el sol. En las novelas, en los poemas, en sus películas, en sus pinturas, en sus decorados y en la vida donde también se aposentó a lo ancho y a lo largo sin desechar nada, desde el opio al catolicismo, y donde cupieron todas las historias inimaginables desde el principio, el nudo y el desenlace.
Alain Delon y Edith Piaf en 1959
Todo esto él lo buscó y lo encontró como a su amiga Edith (a la que doblaba la edad) le tocaron sus vivencias terribles y también sus grandes hitos, conquistas, amores y artistas inmortales que le debieron todo, como Yves Montand o Charles Aznavour.
Ella se murió a los 47 años completamente destruida por lo terrible como una heroína francesa y una estrella mundial de la canción. Cuando Cocteau lo supo dijo: «El barco se acaba de hundir. Este es mi último día en esta tierra», y así fue, solo unas horas después, como si aquella fuera la última de sus vanguardias.