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El Diamante rosa, conocido como el 'Gran Condé'EFE

El Palacio de Chantilly vuelve a exhibir el legendario diamante rosa más de un siglo después de su robo

La muestra permitirá descubrir la historia de esta extraordinaria piedra preciosa, vinculada durante siglos a la familia Condé y protagonista de un robo que conmocionó a la sociedad francesa hace más de un siglo

El célebre diamante rosa conocido como el Gran Condé volverá a ocupar un lugar destacado en el palacio de Chantilly, situado a unos 50 kilómetros al norte de París, con motivo de una exposición que abre sus puertas este 17 de octubre y permanecerá abierta hasta el 3 de enero de 2027.

La muestra permitirá descubrir la historia de esta extraordinaria piedra preciosa, vinculada durante siglos a la familia Condé y protagonista de un robo que conmocionó a la sociedad francesa hace más de un siglo.

Bajo el título de El Diamante Rosa, la exposición reconstruye el recorrido histórico de esta gema de 9 kilates y aporta nuevos datos de la misma gracias a recientes «análisis gemológicos de gran envergadura», según señalan los organizadores.

El Diamante rosa, conocido como el 'Gran Condé', se exhibe desde mañana hasta el 3 de enero de 2027 en el Palacio de ChantillyEFE

Su primera mención aparece en documento fechado en 1740. Se trata del inventario elaborado después de la muerte de Luis Enrique, duque de Borbón y príncipe de Condé, que era bisnieto del Gran Condé. Su importancia dentro del patrimonio quedó oficialmente reconocida en 1753, cuando fue declarado una joya inalienable y convertido en uno de los símbolos de la dinastía.

El diamante consiguió sobrevivir a los acontecimientos de la Revolución Francesa y volvió a aparecer durante el siglo XIX. A lo largo de ese periodo pasó por diferentes manos, entre ellas las de la reina María Amelia y el príncipe Luis de Orleans, antes de incorporarse definitivamente al patrimonio del duque de Aumale en 1866, convirtiéndose en una de las piezas más valiosas del Museo Condé de Chantilly.

Sin embargo, la historia de la joya estuvo marcado por un episodio que alcanzó una notable repercusión internacional: el 12 de octubre de 1912, aprovechando la oscuridad y las violentas ráfagas de viento que azotaban el entorno del castillo de Chantilly, Léon-Émile Kauffer y su primo Émile Souter consiguieron atravesar los fosos de la fortaleza.

Una vez dentro, se dirigieron al gabinete donde se custodiaban las piedras preciosas y, en apenas unos minutos, sustrajeron el diamante rosa junto con otros tesoros pertenecientes al duque de Aumale.

La desaparición de las joyas provocó una enorme expectación y pronto se convirtió en un asunto seguido por periódicos de distintos países. La investigación tampoco quedó circunscrita a Francia, ya que, además de la Policía francesa, participaron los servicios británicos de Scotland Yard.

Durante dos meses, los investigadores trabajaron en la reconstrucción de lo sucedido aquella noche y examinaron numerosas pistas con la intención de localizar las piezas robadas. No obstante, las pesquisas no ofrecieron resultados y el caso terminó adquiriendo una dimensión todavía más sorprendente por las circunstancias en las que apareció el diamante.

El desenlace llegó en diciembre de 1926, cuando una empleada de la limpieza encontró una gran piedra de color rosa escondida en el interior de una manzana. El descubrimiento se produjo en una habitación de un hotel parisino situado en las proximidades de la estación del Este de París.

Aquel hallazgo permitió avanzar de forma decisiva en la resolución del robo y condujo finalmente a la detención de sus responsables. Para entonces, los ladrones ya habían ordenado desmontar y revender buena parte de las restantes joyas que habían sustraído del castillo de Chantilly.

El diamante rosa, sin embargo, pudo ser recuperado, a diferencia de gran parte de los otros objetos robados. Su regreso permitió conservar una de las piezas más preciadas de la colección del Museo Condé, cuya trayectoria vuelve ahora a ocupar el centro de atención con una exposición que reúne su historia dinástica, los nuevos estudios gemológicos y el recuerdo de uno de los robos de joyas más llamativos de la Francia de comienzos del siglo XX.