Museo de Pintura del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
Cinco tesoros que esconde el Museo de Pintura del Monasterio de El Escorial accesibles tras su reapertura
El nuevo Museo de Pintura tiene un objetivo: recuperar la idea que Felipe II tenía para El Escorial y la función que debían cumplir las obras de arte adquiridas por él
El renovado Museo de Pintura del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial ha reabierto sus puertas recientemente junto con el Museo de Arquitectura, un acontecimiento que permitirá disfrutar de nuevo, correctamente contextualizadas, de algunas de las obras maestras atesoradas por la Corona a lo largo de su historia.
El nuevo Museo de Pintura tiene un objetivo: recuperar la idea que Felipe II tenía para El Escorial y la función que debían cumplir las obras de arte adquiridas por él –y sus sucesores– que respondían al ideario que encarnaba el Real Sitio.
Es cierto que el Museo únicamente puede proporcionar una visión parcial de la fundación de Felipe II, ya que no todas las obras de arte que un día se pensaron para El Escorial se mantienen en el Monasterio: algunas se trasladaron al Alcázar y luego al actual Palacio Real. Otras se exponen en el Museo del Prado y algunas en la Galería de las Colecciones Reales.
Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
Con todo, el tesoro del Museo de Pintura de El Escorial es único, con obras de arte de enorme relevancia, y la remodelación de la galería permitirá realzar aún más su importancia.
Después de diez años cerrado, el Museo de Pintura reabre para devolver a El Escorial a la posición que debe ocupar como uno de los centros del tesoro artístico español.
Tras sus muros, el público podrá volver a disfrutar de El Bosco, El Greco, Tiziano, Velázquez, Caravggio, Tintoretto, Veronés, José de Ribera, Luca Giordano o Van der Weyden.
El Martirio de San Mauricio
Hablar del Monasterio de El Escorial es hablar de El Greco. Pese a que Felipe II no designó al cretense para el proyecto iconográfico de su gran fundación y, en particular, para pintar las bóvedas del coro de la Basílica, el nombre de El Greco quedará para siempre unido a El Escorial. Es una de esas curiosas paradojas de la historia del arte: El Greco puso tanto empeño en lograr el encargo que recogió como ningún otro pintor, y sin saberlo el monarca, el ideario encerrado en el proyecto de El Escorial y lo plasmó con una maestría absoluta.
El 'Martirio de San Mauricio' de El Greco
Prueba de ello es El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana. Felipe II lo encargó en 1580 destinado a una de las capillas de la Basílica del Monasterio.
El encargo tenía una importancia central: San Mauricio es el patrón de la Orden del Toisón de Oro, la más importante de las presididas por los Austria y cuyo prestigio y simbolismo sigue plenamente vigente, siendo la orden más relevante de las ostentadas por el Rey de España.
Estamos ante una de las mayores obras maestras del Greco y, al mismo tiempo, ante el cuadro que lo descartó definitivamente como pintor de El Escorial. A Felipe II no le gustó nada el resultado y tres fueron los motivos: en vez de dar protagonismo absoluto al martirio lo desplaza a un segundo plano y centra la acción en el momento en que San Mauricio convence a sus compañeros legionarios de permanecer fieles a Cristo; incluye armas contemporáneas del Renacimiento; y recurrió a personajes reales de la Corte como modelos para los personajes.
El Calvario
Obra maestra de Rogier van der Weyden, El Calvario se pintó para la capilla de Nuestra Señora de Gracia de la Cartuja de Scheut, a las afueras de Bruselas, en 1450. Felipe II, quien siempre sintió una enorme atracción por los primeros flamencos, se sintió fascinado por esta obra y la adquirió para traerla a España.
El 'Calvario', de Rogier van der Weyden
Primero se instaló en la capilla del hoy ruinoso Palacio Real de Valsaín. Más tarde se trasladó, en 1567, a El Escorial. Este fue uno de los cuadros predilectos de Felipe II y, según parece, años después serviría de inspiración para el Cristo de Velázquez.
El Calvario de Rogier van der Weyden, obra de grandes dimensiones, impacta por la plasticidad de sus colores, el dramatismo y teatralidad de la escena, la textura de esos tejidos blancos que cubren a la Virgen y a San Juan y del que también está hecho el paño de pudor que cubre a Cristo, la exagerada profundidad de campo que da la impresión de estar ante un bajorrelieve…
Felipe II se sintió conmovido por aquel Cristo crucificado cuya sangre parecía tan real que bien podría tocarse con los dedos.
Alegoría de la Redención
Esta tabla del pintor flamenco Michiel Coxcie era una de las obras predilectas de Felipe II, y se encontraba en su colección personal. Es una tabla de madera de roble de grandes dimensiones (197 x 282 cm) pintada por las dos caras al óleo, con una representación de la Virgen por una, junto con Jesucristo; y una representación de San Joaquín expulsado del templo en la otra.
'Alegoría de la Redención', de Michiel Coxcie
En una reciente restauración de la Alegoría de la Redención se han retirado capas de pintura añadidas fruto de restauraciones fallidas y pinceladas posteriores por razones iconográficas. Tras el proceso quedó subrayado, por ejemplo, el significado de la virgen como «madre del mundo».
La túnica de José
Pintado por Velázquez en 1630 durante su primer viaje a Italia, La túnica de José es un cuadro con unas interesantes similitudes con otra obra de esa época: La fragua de Vulcano. Disposición de personajes, representación anatómica, teatralidad y, a pesar de que uno representa un pasaje bíblico y el otro una escena mitológica, en ambos se representa la envidia como tema…
'La túnica de José', de Velázquez
La túnica de José es uno de los mejores Velázquez y se trata de una de las obras maestras atesoradas en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Esta gran obra la adquirió, junto con otras 16 el rey Felipe IV para el Palacio del Buen Retiro en 1634. Sin embargo, la temática religiosa de la obra llevó a la reina Mariana de Austria, tras la muerte de Felipe IV, a trasladar el cuadro a El Escorial.