Dos monjas y un misterio
Existen dos versiones autógrafas de Velázquez del retrato de la madre Jerónima de la Fuente con ligeras variantes; ambas proceden del convento de Santa Isabel la Real de Toledo de donde salieron en 1931
Retrato de Jerónima de la Fuente de Velázquez
El retrato de la venerable madre Jerónima de la Fuente fue pintado por Velázquez en 1620 con 21 años recién cumplidos. Existen dos versiones autógrafas con ligeras variantes; ambas proceden del convento de Santa Isabel la Real de Toledo de donde salieron en 1931. Una se conserva en el Museo del Prado desde 1942 en que fue adquirida, después de varias peripecias por 250.000 pesetas. La segunda versión (160 x 106) fue adquirida en 1944 por 350.000 por Alejandro Fernández de Araoz y de la Devesa, abogado, político y gobernador del Banco de España durante la Segunda República Española. Sigue siendo propiedad aun de sus descendientes.
El ejemplar que es propiedad del Prado estuvo atribuido a Luis Tristán hasta que en 1926, al limpiarse, apareció la firma «diego Velazquez.f.1620». El segundo, solo diferente en la posición del crucifijo que sostiene la monja, de cara a la monja en el Prado y cara al público el de la colección madrileña. Este último fue descubierto poco después del primero en el mismo convento por el restaurador del Museo del Prado, Jerónimo Seisdedos. De la misma forma, y en una limpieza posterior, apareció una firma idéntica a la del primer ejemplar, aunque apócrifa según el estudio técnico que también hizo el Museo del Prado.
Retrato de Jerónima de la Fuente de Velázquez
Ambos cuadros llevaban una filacteria que salía de la boca de la monja y que fue sorprendentemente eliminada en el ejemplar del Prado poco después de su ingreso en el museo, por haberse considerado un añadido posterior, lo que se ha demostrado falso. No ha podido ser recuperada esta filacteria en posteriores restauraciones. En el ejemplar de la colección Fernández de Araoz, que aún la conserva, se puede leer la inscripción: «SATIABOR DVM GLORI...FICATVS FVERIT» (En su gloria está mi verdadera satisfacción, aludiendo a la del Crucificado que era una de las devociones particulares de la monja).
En la parte superior otra inscripción dice: «BONVM EST PRESTOLARI CVM SILENTIO SALVTARE DEI» (Es bueno esperar en el silencio la salvación de Dios). Al pie, y a los lados de la monja, hay una tercera inscripción, sin duda posterior, pues alude a la fundación que se disponía a emprender en el momento en que fue retratada. Sor Jerónima llegó a Sevilla en junio de 1620, donde permaneció por espacio de tres semanas —en las que debió ser retratada por Velázquez— camino de las Filipinas, adonde llegó en agosto de 1621.
Retrato de Jerónima de la Fuente de Velázquez
Tanto la versión del Prado como la de colección han sido estudiadas en el laboratorio del museo, confirmando la autoría de los dos ejemplares. El de colección Araoz muestra una técnica más rápida, con el pincel menos cargado de pintura, pero con pinceladas muy similares en ambos. El crucifijo se pintó inmediatamente en su actual estado, sin haber sufrido retoques, al contrario que en el óleo del Prado en el que Velázquez hizo ligeros reajustes posicionales en la mano que lo agarra.
La forma de ser pintados ambos ejemplares hace pensar en una forma de trabajar del maestro sevillano singular. La técnica de calcos que utilizó en estas dos versiones, la repitió en otras obras de esta época como La mulata, El aguador de Sevilla, Los almuerzos, o incluso en obras posteriores como los primeros retratos, ya en la corte, de Felipe IV. Son por tanto estas dos obras fundamentales para conocer no solo su técnica, sino la forma de trabajar desde que estaba en el taller de su suegro Pacheco. Un misterio que Sor Jerónima ayudó a desvelar.