El maestro neerlandés del grabado, M.C. Escher, realizó en 1935 una de las obras más sorprendentes de la historia del arte: Mano con esfera reflectante. El cuadro, en realidad un autorretrato del artista presenta una perspectiva imposible, una composición en la que los juegos visuales engañan al espectador, le obligan a mirar el grabado una y otra vez sin entender nunca el punto de vista, qué es real y qué no o los límites de lo onírico.