Cubierta de 'La doble desaparición'
'La doble desaparición de Abril del Pino': un entretenido misterio entre humor y libros
Marina Sanmartín nos conduce a través de un animado laberinto para descubrir una entretenida historia de misterio, llena de libreros ambiguos, escritores desaparecidos, referencias literarias y guiños cinematográficos
«Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca». Esta célebre frase del escritor argentino Jorge Luis Borges expresa lo que la mayoría de los que amamos los libros hemos pensado alguna vez. Y resulta aún más a propósito el hecho de que Borges amara también los laberintos, porque la historia que nos trae Marina Sanmartín sin duda lo es.
Salamandra (2026). 285 páginas
La doble desaparición de Abril del Pino
El laberinto literario que tenemos entre manos se encuentra en una librería muy especial llamada Las Palabras Mágicas, una de esas que, cuando entras pensando en adquirir rápidamente un libro concreto, luego no te acuerdas de abandonarla hasta un par de horas después.
La historia arranca en las navidades madrileñas, cuando una famosa escritora de novela negra desaparece después de una cena celebrada en su honor por una misteriosa sociedad literaria. El inspector encargado de resolver el caso se interna entre las paredes recubiertas de libros de Las Palabras Mágicas para seguir sus últimos pasos de la mano de Ágata, una librera con más de un secreto que esconder.
A pesar de su estructura coral de personajes poco fiables y versiones parciales, que recuerda al tono de los misterios tipo whodunit («¿quién lo hizo?») de Agatha Christie, La doble desaparición de Abril del Pino es una de esas novelas en que importa menos lo que ha pasado que el cómo se cuenta. Carente de un ritmo frenético y de violencia explícita, el énfasis y las pistas están en las conversaciones, la descripción de los ambientes y los recuerdos de los personajes. Esto resulta en una lectura pausada y atmosférica, más que trepidante, en la que los primeros capítulos pueden hacerse algo lentos. A partir de la mitad de la historia, cuando ciertos detalles llevan al lector a aventurar sus primeras deducciones, la tensión se vuelve más clara y la trama progresa con mayor confianza.
Un rasgo sobresaliente de la novela es el amor por los libros que emana de sus páginas. Todo su universo funciona como homenaje no solo a la literatura, sino también a la cultura en general: librerías y libreros, círculos de lectura y sociedades literarias secretas, pero también la profesión periodística, las canciones, la música e incluso algunos guiños cinematográficos. Las reflexiones sobre la identidad, la veracidad o falsedad de los recuerdos, y las fronteras entre ficción y realidad también abundan, acompañadas de cierto tono humorístico en los diálogos entre personajes que aligeran el ambiente sin convertirla en una historia cómica o satírica. Son quizá los personajes el rasgo que, junto a la falta inicial de ritmo, dificulta ligeramente la lectura: los protagonistas y personajes secundarios que los rodean aparecen envueltos en excesiva ambigüedad, tanto en sus características personales como en las relaciones que los unen, y es una ambigüedad que no acaba de comprenderse nunca del todo, y que en realidad no tiene mayor provecho en el misterio narrado. Por otra parte, el final parece demasiado abierto, como si la historia quedase interrumpida por sorpresa.
Sin embargo, el juego de desapariciones, silencios, conversaciones ambiguas y fluidas y testimonios poco fiables sí funciona. Funciona como el laberinto del que hablábamos al principio de la reseña: una búsqueda reposada, casi contemplativa, de un camino que nos conduzca a la salida, de la mano de personajes enigmáticos y símbolos literarios que sin duda disfrutarán los amantes de la lectura.
La doble desaparición de Abril del Pino atrapará al lector que guste de las historias de misterio clásicas, elegantes y atmosféricas.