Imagen de Otero Novas durante su intervención en la mesa valores de la Transición en el presente
'Humanismo Cristiano', de José Manuel Otero Novas: una filosofía para tiempos inciertos
Defensa de la dignidad y la libertad humanas desde una perspectiva racional y abierta a todos, en un momento de creciente incertidumbre social y política
Dijo Erasmo de Róterdam que ser filósofo y ser cristiano es diferente en los términos, pero en realidad es lo mismo. Y eso lo demuestra José Manuel Otero con su último libro titulado Humanismo Cristiano (CEU Ediciones), un libro valiente, claro, oportuno y ameno que, como el famoso Manual del caballero cristiano del citado Erasmo, nos da pautas para actuar en la vida pública. Es una buena guía no exclusivamente para los cristianos, sino para todos, creyentes y no creyentes, ya que la cosmovisión de Otero, si bien se basa en los principios evangélicos, no se confunde con ellos. Como dice el autor, desarrolla una filosofía de la vida totalmente racional que puede ser compartida por muchas personas no creyentes; para ellas puede representar un estoicismo actualizado. De manera que, paradójicamente, este ensayo no habla de religión y se dirige a todos, pero a la vez es un escrito muy cristiano.
CEU ediciones (2026). 552 páginas
Humanismo cristiano. Pensamiento para un mundo mejor
Su mensaje fundamental es el siguiente: lo más importante es el hombre, cada hombre, y todas las estructuras están a su servicio, incluso las religiosas. No cabe mayor humanismo, en cierto modo antropocéntrico. Al ser hijo de Dios, cada uno tiene una dignidad impresionante y está abierto a la verdad, tanto mediante la intuición como mediante su razón. En este sentido, Otero enlaza con humanistas cristianos de los primeros siglos, como Justino Mártir, Atenágoras de Atenas, Clemente de Alejandría y Orígenes. Él mismo alude a su «fuerte racionalismo católico», un racionalismo que ha caracterizado la teología cristiana desde el comienzo. Como ellos, sostiene con fuerza que todo ser humano tiene una esencial igualdad y es libre, goza de total libertad, tanto personal o interior como política.
Y cuando entra en este proceloso terreno de la política, que bien conoce por sus muchas lecturas y su dilatada experiencia, incluso como ministro, afirma que la democracia que él ayudó a instaurar en España es una exigencia cristiana. Pero la democracia auténtica, no la falsa que tiraniza a los ciudadanos, ya que, dice también, no es misión del Estado manejar a los hombres. Es esta, sin duda, una advertencia muy pertinente en las actuales circunstancias de nuestro país, que lleva a Otero a combatir con fuerza un totalitarismo democrático con el que el Estado se inmiscuye en cuestiones atinentes a la vida privada de sus ciudadanos. El poder debe estar al servicio de las personas y no a la inversa. Y la manera de limitarlo consiste en admitir la existencia de un derecho natural que es superior a él; únicamente así podrá ser efectivo el principio de subsidiariedad que el autor defiende. Nos pone un ejemplo que conoce bien: la enseñanza. Según él, el sistema educativo español, en buena medida, no es conforme a los principios del humanismo cristiano, sencillamente porque intenta adoctrinar y ahormar a los jóvenes de una determinada manera, con lo que el Estado sustituye a los padres y a las familias como educadores de sus hijos.
Igual que hizo Erasmo en su Manual, José Manuel Otero mira al futuro en su Humanismo Cristiano; basta recordar el subtítulo de su libro, que es Pensamiento para un mundo mejor. Pues, según nos dice aquí, él es a la vez conservador y anticonservador. Le gusta conservar lo bueno, como la familia, la amistad y la democracia, todo según el ordo amoris, que es reflejo del universo. Pero también propone renovar y actualizar lo que es necesario, previniendo males futuros en función de las enseñanzas que nos da la historia. Ya que, como Demóstenes y Edmund Burke, Otero goza de esa cualidad que se llama sentido de la historia; le gusta anticiparse para resolver los problemas. Lo demostró con el grupo Tácito, lo demostró con su libro Asalto al Estado, cuyas previsiones lamentablemente se han cumplido, y lo demuestra ahora cuando nos previene de las olas irracionales que están llegando. Pues Occidente aún está en una tranquila fase apolínea, aunque decae, mientras que el islam está instalado de lleno en una belicosa fase dionisíaca, con su yihad o guerra santa; a lo que cabe añadir que en España sigue existiendo un riesgo de graves traumas a causa de los nacionalismos excluyentes. Precisamente, para evitar estos y otros males, y poder vivir en paz y libertad, el libro de Otero contiene un detallado corpus de pensamiento racional, una buena filosofía de vida colectiva basada en el cristianismo, pero que no se confunde con él, unas propuestas lógicas y humanas sobre realidades concretas y cotidianas que a todos nos afectan (mínimo vital, migraciones, calentamiento global, indiferencia de género…).
Concluyo esta breve reseña destacando algo cuya lectura me ha emocionado. Cuenta Otero, en la página 362 de su nuevo libro, que cuando de noche, en calma, navega en el yate de un amigo, a veces sube al bauprés en la proa, con las piernas fuera, ignorando el peligro. Y allí, solo, liberando la mente y los sentidos ante el mar y el firmamento, siente no el planeta Tierra, sino el cosmos, el universo. Y a veces recuerda que Immanuel Kant, en su Crítica de la razón práctica, manifestó su admiración ante el cielo estrellado, lo que le hizo sumergirse en la trascendencia. Estoy convencido de que al humanista Otero le sucedía lo mismo.