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Cubierta de 'Enmimisnados'PPC

‘Enmimismados’, un manual para descentrarse desde un neologismo surgido del «mí, me, conmigo»

«Centrarse en uno mismo no solo no nos dirige hacia una vida plena, sino que perjudica a los demás, haciendo que quien lo practica se vuelva mezquino»

Aparece un ensayo que se adentra en una de las grietas más profundas de nuestra cultura contemporánea: la tendencia creciente a vivir desde el yo, a convertir la propia identidad en eje y destino último de la existencia. El diagnóstico del que parte Enrique Lluch, profesor de Economía en la CEU UCH de Valencia, brota de años de estudio y de vivencias compartidas. El autor lo formula con un neologismo tan expresivo como certero: «enmimismado». No está en el diccionario, pero nombra con precisión una actitud que él considera predominante. Frente al término clásico «ensimismado», que remite a la introspección, «enmimismado» designa un utilitarismo más radical, casi transhumanista: «me pongo a mí en el centro de mi vida y la enfoco para mi mejora».

P.P.C. (2026). 312 páginas

Enmimismados

Enrique Lluch Frechina

Habitamos una «sociedad del éxito», donde el bienestar personal, la autorrealización y la mejora constante se han convertido en mandamientos culturales. Este enfoque autorreferencial termina impregnando todas las dimensiones de la vida: desde la gestión de los bienes hasta la configuración de los vínculos, reducidos a menudo a limitados círculos de afinidad: «yo y alguno más que considero los míos». Una visión que encaja con el mito de Narciso, aquel joven que se ahoga contemplando su reflejo, cuando todos corremos el riesgo de perdernos en la imagen de nosotros mismos.

La portada del libro, una espiral hacia dentro, simboliza ese movimiento de repliegue que caracteriza al enmimismamiento. En ese sentido, hoy muchos vínculos se rompen debido al exhaustivo y constante balance emocional, a medir lo que se entrega y lo que se recibe, permaneciendo dentro de uno mismo. El autor denuncia que muchas relaciones se han convertido en pura conveniencia, donde se calcula qué se obtiene y qué se pierde. Frente a ello, propone un modo de estar en el mundo que rompa esa espiral y abra la vida a la donación.

El libro trata de superar el paradigma actual desde el «descentramiento», con una hoja de ruta estructurada en capítulos dedicados al «cómo», al «por qué» y al «para qué». Una invitación a desplazar el foco del yo hacia los otros, hacia el mundo, hacia el bien común. «Nuestra vida toma sentido cuando aprendemos a descentrarnos y a enfocarla para ofrecer algo a los demás». Esta idea, que podría parecer contracultural en un entorno dominado por la autoafirmación, se presenta como la vía para alcanzar no solo el mero bienestar, sino una vida plena.

El autor articula este camino desde una base experiencial, un pensamiento humanista y la sabiduría judeocristiana. Propone reconocer la realidad trascendente desde ahí y cultivar actitudes como la gratitud, la admiración, la apertura a la diferencia, la interdependencia y el desapego del yo y de lo propio. Se trata de superar la lógica contractual que domina muchas relaciones y recuperar alianzas que vayan más allá del cálculo racionalista. La confianza, recuerda, no puede construirse desde el afán de control.

El estilo del libro combina accesibilidad, ejemplos cotidianos y una hondura vital y teológica que lo sitúan en la tradición del ensayo humanista. No se trata de un tratado abstracto, sino de una reflexión encarnada, que dialoga con la experiencia y con los desafíos de nuestro tiempo. La reciente pandemia agravó esta tendencia al repliegue, especialmente entre los jóvenes, que expresan de manera pasional la educación hipercompetitiva recibida. La llamada al descentramiento aparece, así, como una urgencia ética y social.

Contextos catastróficos como la DANA sufrida en la tierra del autor revelan que la persona es capaz de hacer de la necesidad virtud. Otro ejemplo de iniciativas concretas que buscan revertir la indiferencia y reconstruir vínculos es el proyecto «Patrimonio que da Vida». La lectura de «Enmimismados» me ha recordado a una serie de campos de trabajo en la España vaciada. Gracias a ello, desde la Universidad CEU USP, más allá de la conservación material, revitalizamos la memoria cultural y la dimensión espiritual, ofreciendo una respuesta concreta al individualismo radical. Otro ejemplo de cómo la teoría debe encarnarse en prácticas que devuelvan esperanza y sentido.

Finalmente, el libro se inscribe en una búsqueda ética del bien y en la superación de modelos como la «teoría sueca del amor», que desde los años setenta promueve la independencia extrema como ideal relacional. Frente a ello, el autor defiende que una sociedad verdaderamente humana necesita personas e instituciones «que no se tengan a sí mismas como razón y objetivo último de su existencia». Descentrarse no es perderse, sino abrirse a un mundo de posibilidades y de plenitud.