Cubierta de 'El corazón revolucionario del mundo'
'El corazón revolucionario del mundo': la trama al servicio de la literatura, y no al revés
Una novela hipnótica que analiza los recovecos de los miembros de una célula anticapitalista que planea su primer atentado
Los libros son cajas de sorpresas, sobre todo para lectores como yo que en ocasiones nos adentramos en ellos a pecho descubierto, sin la menor información previa. Por este motivo, no es extraño que a veces nos hagamos una idea incorrecta de ciertas obras, bien sea influidos por alguna opinión al vuelo que hemos escuchado sobre ellas o porque hemos leído la sinopsis de la contraportada, y luego el libro no se ajusta a lo que estábamos esperando. Ni mejor ni peor, tan solo otra cosa.
Tusquets (2025). 232 páginas
El corazón revolucionario del mundo
Seguro que no soy el único que ha abordado la lectura de una novela esperando una trama cargada de peripecias y ha encontrado un tratado psicológico sobre la condición humana, o ha creído estar ante una comedia ligera cuando en realidad descubre, conforme pasan las páginas, que lo que tiene entre las manos es un drama existencial.
En algunos países La carretera, de Cormac McCarthy, fue promocionada como una «novela posapocalíptica de supervivencia», aunque, bien mirado, es probable que nos resulte más bien un estudio introspectivo sobre la paternidad y la volatilidad de eso que llamamos esperanza. Y tal vez a muchos no les haya parecido La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, una obra humorística, como suele ser recordada, sino más bien una novela cruda que refleja el desarraigo y la adaptación de su triste personaje.
Los libros, en fin, son como esos melones cuyo sabor desconocemos hasta que los abrimos con un cuchillo.
Me ha ocurrido algo parecido con El corazón revolucionario del mundo, de Francisco Serrano, publicado en Tusquets. La sinopsis de la portada nos ofrece una estampa de los personajes principales, miembros de una célula anticapitalista: la joven Valeria Letelier; su guapo mentor, Joel, líder intelectual del grupo –enfrascado en la redacción de un Manifiesto–; y el último en incorporarse, Carlos Reseda, un mercenario experto en armas y documentos falsos, un hombre evasivo del que hay muchas teorías y pocas certezas y que, a priori, ayuda al comando no por ideología, sino por dinero. Y a todo esto se unen otros miembros, dispuestos a prestar su apoyo.
Al leer la sinopsis, mi díscola mente se apoderó de mí y me hizo creer que tenía en las manos un thriller. No miente en absoluto la sinopsis de la contraportada, y en ningún momento nos hace creer que se trata de una trepidante novela de acción de un grupo de activistas que planea hacer un atentado. Y, aun así, las primeras palabras que acudieron a mí fueron «thriller», «suspense», «intriga», «conspiración», «tensión»…
Pero no van por ahí los tiros, y nunca mejor dicho. Con una prosa de bello lirismo, ajena al ruido de los fuegos artificiales, El corazón revolucionario del mundo no es un thriller en el que la trama lo domina todo, o casi todo, sino una narración introspectiva, trufada en ocasiones de pasajes de tono fantástico y onírico, que aborda el mundo interior de sus personajes.
Francisco Serrano apuesta –al menos en esta novela, no conozco el resto de su obra– por una narrativa de atmósfera y contención, donde lo que callan los personajes, tan esquivos, tiene más peso que lo que dicen.
Hago notar que la articulación de los diálogos es sincopada: el autor prescinde de los habituales guiones (o rayas) que dan pie a la intervención del personaje y opta por integrar su habla directamente en el flujo del párrafo, tal como puede leerse a continuación.
Él se encogió de hombros.
También hago recados para tu novio, dijo.
¿Mi novio?
Joel. ¿No es tu novio?
Valeria no respondió. Dio un sorbo al café, lo cargó acompañado de una saliva espesa y repentina. Novio. Se dio cuenta de que nunca había pensado en su relación en esos términos y que tampoco sabía cómo hacerlo, cómo nombrarla. Referirse a ellos como mentor y pupila, lo que ella se repetía de tanto en tanto, era una farsa, una verdad a medias. Pero ciertas preguntas expresan falta de compromiso, incertidumbre, y no han de ser verbalizadas. Reseda esperaba, sosteniéndole la mirada, un destello de interés nuevo en los ojos.
¿Qué clase de recados?
Ven conmigo, dijo.
Suele decirse de muchos thrillers que son poco literarios. El corazón revolucionario del mundo ni es un thriller ni tiene ese problema. Es una obra muy literaria y personal que aborda la densidad del pensamiento de sus personajes desde la economía del lenguaje. No pone, como ocurre en este tipo de novelas, la literatura al servicio de la trama, sino más bien lo contrario: aquí la trama opera al servicio de la literatura.
Su estética de la elisión, la sensación de irrealidad de algunas escenas, las descripciones del paisaje como una geografía mística y la apuesta por la textura de la frase –en detrimento de la típica historia «que enganche»– conforman una novela refinada más apta para lectores avezados que para aquellos que, en su legítimo derecho, frecuentan el género de la novela sin más objetivo que el de pasar un buen rato.