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Cubierta de ArcaSeix Barral

El poder curativo de la gran literatura: una inmersión en 'Arca'

Una indagación monumental sobre el destino de Europa, donde Venecia, asediada por las aguas, se transmuta en epítome de un continente al borde del hundimiento y la literatura se erige como última arca de salvación

Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) se ha consolidado, a lo largo de una trayectoria prolífica y ampliamente reconocida, como un orfebre del lenguaje y un firme defensor del arte lento. Su obra, marcada por la ambición estética y la densidad conceptual, incluye títulos como Trilogía del mal, La luz es más antigua que el amor, el íntimo homenaje paterno No entres dócilmente en esa noche quieta y El sistema –Premio Biblioteca Breve en 2016–, para culminar en Arca, su proyecto más monumental, una novela de largo aliento profundamente influida por los años en que el autor ha vivido entre Gijón y Venecia.

Seix Barral (2026). 472 páginas

Arca

Ricardo Menéndez Salmón

En la vasta y ambiciosa trayectoria narrativa contemporánea, pocas obras logran erigirse como verdaderos ecosistemas literarios autónomos. Lejos de conformarse con las convenciones de un solo género, la novela desborda los límites genéricos, metaboliza y funde el thriller, el misterio gótico de las casas encantadas y la ciencia ficción para ponerlos al servicio de una profunda novela de ideas.

La trama nos sumerge en una Venecia asediada por el agua, bajo los efectos de lluvias incesantes como la tormenta Ajax y un fenómeno destructivo conocido como la Gran Conmoción. El espacio geográfico de la obra no actúa como un mero decorado de fondo, sino como el eje conceptual. Venecia no es solo un telón de fondo, sino el epítome de Europa, condensando sus mayores virtudes y sus debilidades más críticas ante la amenaza del hundimiento: simboliza la descomposición de la identidad, la seguridad y los valores europeos. A través de esta destrucción física, la novela refleja la pérdida de estabilidad emocional y cultural del continente, así como la fragilidad del arte y la cultura, igualmente amenazados. En conjunto, Arca plantea una reflexión política y existencial sobre el presente y el futuro de Europa, cuestionando si aún es posible preservar su identidad frente a la crisis.

El corazón espacial de la novela es Ca’ Barbarigo, un palazzo veneciano construido en 1550 que funciona como una casa consciente. Más que un simple edificio embrujado, es una estructura con su propio latido, un recipiente vivo que absorbe los anhelos, fracasos y memorias de quienes lo habitan. A este ecosistema laberíntico llega un protagonista sin nombre, dotado de un don extraordinario confinado en sus manos: la capacidad de leer el pasado de los objetos con solo tocarlos. Su misión inicial es buscar a un hombre desaparecido que, presuntamente, ha sido tragado por la propia casa.

A través de su periplo, la novela opera como un agudo sismógrafo de la realidad, diagnosticando los profundos malestares de nuestra época contemporánea. Explora un presente asfixiante donde las pesadillas y distopías del siglo XX –la robotización, la farmacocracia, la extrema videovigilancia– ya forman parte de la normalidad. En este contexto marcado por la velocidad vertiginosa a la que se suceden los acontecimientos, la realidad parece haberse disuelto en mentiras y simulacros, al punto de que el ser humano necesita la mediación de las pantallas y las representaciones artificiales para validar su propia existencia empírica. Todo aquello que creíamos sólido se agrieta, y el hundimiento físico de las ciudades corre en paralelo al desmoronamiento psicológico y social.

Frente a esta era de degradación y agotamiento, el arte se levanta como el verdadero refugio, la auténtica arca de salvación. La novela es una defensa inquebrantable de la propia literatura, celebrando la infinita capacidad de este arte para asimilar todo tipo de registros y construir mundos propios. Exige del lector una inmersión profunda, casi «en apnea», y despliega una prosa densa que regala momentos de pura contemplación poética y epifanías inolvidables, como el hipnótico vuelo de unas mariposas llegadas de otro milenio.

En esta absoluta libertad lingüística subyace un homenaje al maestro rumano Mircea Cărtărescu y su magistral Solenoide. Esta influencia permite llevar el lenguaje hasta sus últimas consecuencias, derogando las leyes de la física y el espacio en ciertas habitaciones secretas del palacio veneciano. A diferencia de obras anteriores del autor, Arca destaca por un elenco de personajes secundarios magníficamente construidos, con un peso femenino fundamental. Mujeres como la propietaria Antonia Barillo, la pintora húngara Boglarka Réti o la sordomuda Adelheid enriquecen el viaje emocional del protagonista.

Escrita con una inmensa densidad poética, Arca es una lectura inmersiva e hipnótica que exige tiempo y dedicación. A cambio, recompensa con estampas inolvidables y regala un universo literario soberano que invita a reflexionar sobre nuestro frágil presente. La novela propone una visión circular del tiempo, sugiriendo una mudanza de piel en lugar de una extinción definitiva. Para los investigadores de la cultura contemporánea, queda formulada una interrogante inquietante: en un presente donde el eje de poder se desplaza irreversiblemente hacia nuevas representaciones tecnológicas y geográficas en Asia, ¿será capaz la sensibilidad europea de preservarse como una reserva espiritual? La custodia de esta Arca cultural es, hoy más que nunca, nuestra irrenunciable tarea histórica.

De este modo, la obra trasciende la simple narrativa distópica para erigirse como un refugio espiritual y la constatación definitiva de los poderes curativos de la gran literatura europea. Ricardo Menéndez Salmón reafirma así un pacto con el lector, entregando una obra que sobrevive al naufragio de los valores occidentales.