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Dante en el Purgatorio

'Y de todo mal me sana un buen verso': en torno al peso de las ausencias y sus tránsitos

Acantilado nos trae la conferencia que el escritor Fabio Stassi pronunció en Roma en torno al cúmulo de amarguras que sufre un doliente a propósito del poder sanador de la poesía de Dante

Mientras sobrevivimos abrazados a un mundo hermosísimo a la vez que frágil, en nosotros habita la voluntad de penetrar en el alma de las cosas. No nos es ajena. Somos conscientes de que la sabiduría del arte nace desde el pathos, la sensibilidad. José Luis Alonso de Santos, en una charla que ofreció en la Escuela de Arte Dramático de Murcia, lo explicó de forma diáfana: «Lo mejor que hacemos en la vida es respirar porque no sabemos cómo lo hacemos y si lo hacemos conscientemente nos mareamos». La poesía, las emociones, la palabra, son como la respiración mezclada con intuiciones, hábitos, turbaciones, visiones… Indescifrable. Y Dante ya se adelantó a ello.

Acantilado (2026). 128 páginas

Y de todo mal me sana un buen verso. Breve discurso sobre Dante, la poesía y el dolor

Fabio Stassi

Y de todo mal me sana un buen verso. Breve discurso sobre Dante, la poesía y el dolor (Acantilado) es todo un conmovedor viaje a través de lo extraordinario del lenguaje y la poesía. Versos, endecasílabos, canciones, sonetos, entresacados de La Comedia, Rimas, La vida nueva y Convivio de Dante… En la excelsa conferencia que Fabio Stassi pronunció en el Festival Dante Assoluto sobre el poder terapéutico de la pluma de Dante, cada palabra y pensamiento dan fe del poder sanador de sus versos. Sabe por qué tiembla la humanidad. Describe sus males. Perfila su dolor. Este breve ensayo, pues, es un pequeño tarrito de esencias donde redescubrimos, en armonía también con otros poetas como Borges, Leopardi, T. S. Eliot o Nuccio Ordine, las revelaciones que nos tiende acerca de la melancolía o la soledad. Es difícil no emocionarse.

Escrito con exquisito mimo y huyendo de ruidos desentonados, «la poesía, antes que alfabeto y escritura, fue canto y, por ende, voz, y por lo mismo, aliento», coincidimos con aquello de Dionisia García: «escribir un poema es un momento de luz, no sé si útil, pero valiosísimo». Así, en Dante, encontramos rastros de lo que leímos y hemos sido, y agradecemos la fortuna de estar vivos a la vez que recordamos con honor a los seres que se fueron. No es baladí que el objetivo de La Comedia consistiera en «sacar a los que viven esta vida del estado de miseria y conducirlos al estado de felicidad». Nuestro cuerpo como morada recibe, absorbe emociones y tiembla cuando por nuestras escaleras interiores entran, suben y bajan dolores, tristezas, alegrías, pánicos… amparándonos como testigo de vida. «¿Puede, entonces, la poesía de Dante calmar nuestros miedos, nuestras hipocondrías, nuestras crisis existenciales, nuestro aislamiento, y devolvernos alguna forma reparadora de equilibrio?»

Pero antes de preguntarnos todo eso, ¿qué dolencias padecía? ¿De qué deseaba sanar? No olviden que pierde a su madre de niño, a su padre de adolescente y a Beatrice en plena juventud. Su cielo «es un cielo al que le faltan las estrellas polares». Sufría trastornos del sueño –agotamiento, vigilia– y trastornos del corazón, el mal de amores de toda la vida, «vosotros que de amor corréis la vía, /mirad si hay pena impía / que se equipare con mi pena grave. / Escuchad mi dolor, mi alma lo ansia…/». Para completar con un profundo desequilibrio interior, «podía pasar del prodigioso paroxismo de la alta autoestima a la convicción de su propia insignificancia», explica Stassi.

Su fragilidad nacía de dolencias que nos atraviesan a todos por los siglos de los siglos, lo que le inspira una enorme piedad –la Pietas virgiliana, esa mezcla de deber, amor, respeto a los antepasados…– poniéndose en la piel de todos: Dante es Francesca, y Ulises, y Francisco de Asís… Si esto no fuera suficiente, Dante conocía la psique humana por sus conocimientos de medicina y podía describir con precisión los síntomas y efectos de las enfermedades –«su primer guía en La Comedia, el primer médico y terapeuta, la columna en la que Dante se apoya, sólo puede ser un poeta, Virgilio, el cantor de los náufragos y los sin tierra»–. Estamos ante toda una semántica del dolor de una hondura hermosísima. Verbos como temblar, sacudir, golpear, apretar, el dolor que «rompe» y «mutila», y «el dolor que desuella» «y descuartiza». No nos queda otra, pues, que emprender nuestro viaje, «cuando te abatías» (Paraíso, XXXII, v. 138), para liberarnos. «Se va apagando, pero aún destila / en mi pecho el dulzor que nació de ella. /Así la nieve se deshace al sol» (Paraíso, XXXIII, vv. 62-64).

¿Y qué hay de este Dante bajo el prisma contemporáneo? Dante invita a mirar a la realidad cara a cara, y sanarnos de «impedimentos», «trabas» y de los «monstruos que siguen generando el sueño y el insomnio de la razón».

Sólo desgastados por el ahogamiento que nos produce esta existencia vacía que debemos reparar para repararnos a nosotros mismos, hallaremos la luz para creer que realmente de todo mal puede sanarnos un buen verso.