Retrato del humanista español Juan Luis Vives (1492-1540)
Juan Luis Vives: el sabio que no se quejó
Vives fue fiel a su fe cristiana y sembró un torrente de racionalidad y de paz
Juan Luis Vives (Valencia, 1492 - Brujas, 1540), el valenciano, como solía firmar sus escritos, es una de las figuras más notables de la cultura europea del siglo XVI y el más destacado de los intelectuales hispanos de la época de Carlos V.
Llegó a ser uno de los grandes humanistas del Renacimiento europeo, pionero, entre otras muchas cosas, de la sociología, la psicología, la pedagogía o del servicio público de asistencia social a favor de los más necesitados. Escribió unos setenta libros.
Eunsa (2026). 128 páginas
Juan Luis Vives: el sabio que no se quejó
Había nacido en Valencia en el seno de una familia judía convertida a la fe cristiana cien años antes.
El padre de Juan Luis Vives fue mercader de paños y sedas, un oficio que la familia ejercía, al menos, desde hacía tres generaciones. A Juan Luis, el único hijo varón, no le gustaban los negocios, ni tenía habilidad para hacerlos.
Con diecisiete años, su padre consideró oportuno enviarle a estudiar a la Universidad de París. Y una vez que pasó la frontera, nunca más regresó a España.
Vivió en Valencia, París, Brujas, Lovaina, Oxford, Londres, Breda, Gante, Bruselas y Malinas.
A contracorriente de la cultura medieval, que consideraba casi incompatible el oficio intelectual y el matrimonio, Vives se casó con Margarita Valdaura, valenciana también de origen judío, de la que había sido su preceptor en Brujas. No tuvieron hijos.
Se codeó con papas y cardenales, reyes, príncipes, infantes y embajadores, magistrados y alta nobleza... Mantuvo una intensa amistad, a prueba de quebrantos, con otros tres grandes humanistas de su época: Erasmo de Róterdam, santo Tomás Moro y el francés Guillermo Budé.
Por el trabajo de estos humanistas se alcanzó la síntesis de la antigüedad greco-latina y el cristianismo, punto de partida de la Europa moderna.
Tuvo Vives una salud débil. Fue un hombre enfermizo, que sufrió constantes achaques. Casi no vivió temporadas largas sin dolores o malestares de salud.
Sufrió también fuertes y recios dolores morales. En sus años valencianos, siendo un niño, quemaron en la hoguera, a instancias de la Inquisición, parientes muy cercanos. Y, desde la lejanía de Brujas o Londres, tuvo que sufrir cómo sus padres murieron también en la hoguera.
Primero, su padre, en septiembre de 1524. En 1530, su madre, Blanquina March. Los restos de la madre –que había fallecido de peste en 1508 fuera de Valencia y que fue enterrada en el cementerio de Alcira– no lograron ser identificados en ese cementerio, por lo que se procedió a quemar únicamente su fama y memoria en 1530.
Vives fue también testigo de cómo Europa se rompía, se desangraba –bronca y polarizada– como consecuencia de la reforma luterana, el cisma de la Iglesia católica en Inglaterra, las luchas entre los príncipes cristianos y el avance imparable de los turcos que ya pisaban Italia.
Ante este horizonte, Vives fue fiel a su fe cristiana y sembró un torrente de racionalidad y de paz.
Murió Vives en Bujas, en mayo de 1540. Tenía cuarenta y ocho años y dos meses. Su mujer, Margarita Valdaura, le sobrevivió doce años. Las cenizas de los dos reposan debajo de los restos de una catedral –la catedral de San Donaciano en Brujas– derribada en 1799 por la furia revolucionaria.