Hotel Ritz, París
‘El barman del Ritz’: el París ocupado por los nazis, desde la barra de un bar emblemático
Un París en sombras durante la Segunda Guerra Mundial, visto desde la barra más peligrosa y deslumbrante de Europa
Si en la última reseña que publiqué en este diario era un perro el que narraba el devenir de la España del siglo XVI (Perro Rey, de Daniel V. Villamediana), es hoy una barra de bar la que observa con ojos centelleantes, escoltada por numerosas botellas de alcohol, el París ocupado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. No hablamos de un bar cualquiera, sino del bar del Grand Hotel Ritz, gobernado con astucia e inteligencia por el legendario Frank Meier, un hombre a lo Rick Blaine acostumbrado a «nadar entre tiburones», «un personaje imprescindible en la élite del lujo».
Galaxia Gutenberg (2025), 392 páginas
El barman del Ritz
Meier es un artista de la coctelería y sabe tratar con distinción y emociones contenidas a sus ilustres clientes, muchos de los cuales tuvieron una especial importancia en la cultura del pasado siglo: Ernest Hemingway, Ernst Jünger, Jean Cocteau, F. Scott Fitzgerald, Coco Chanel… Podría pensarse que es un hombre nacido para triunfar, pero las apariencias engañan: guarda un gran secreto que nunca revelará a nadie por su propio bien, el de ser judío asquenazi.
En esta vibrante novela, El barman del Ritz (Galaxia Gutenberg, 2025), Philippe Collin nos va abriendo paso, capítulo a capítulo, por la mente de Meier al tiempo que hace un retrato realista de una Europa en plena capitulación, vencida y humillada, la que se extiende desde 1940 a 1944. Los nazis, soberbios, despiadados y altivos –y, aun así, a veces encantadores–, se han adueñado por la fuerza del espíritu de esa vieja Europa que ve con las manos atadas cómo las ansias imperiales de Hitler cabalgan imparables. ¿Y qué hacer ante la nueva «autoridad alemana»? ¿Doblegarse, asimilar su espurio ideario, tumbarse en la hamaca de la neutralidad?
Philippe Collin, historiador, ensayista, guionista de cómics, realizador de radio en France Inter, analiza en esta su primera novela la condición humana –que nunca es de una sola pieza– ante el avance sistémico del mal.
El bar del Ritz que dirige Meier, lugar de encuentro de artistas, escritores, periodistas y aristócratas, es una suerte de Aleph borgiano que recoge, a pequeña escala, la torre de mando del nazismo (no olvidemos que el Ritz fue cuartel general de la Luftwaffe), y en él se gesta, de algún modo, la hoja de ruta de quienes querían adueñarse brutalmente de Occidente. Por el local de Meier desfilan las dos caras de la misma moneda: oficiales como el rapaz Göring, que aumenta su patrimonio a costa de las expoliaciones, pero también altos mandos nazis que intentan –sin éxito, como es sabido– asesinar a Hitler.
Meier, excombatiente en la batalla de Verdún, gran lector y consumado observador, divorciado y padre de un hijo al que apenas ve, está enamorado de su profesión, de sus cócteles y de Blanche Auzello, esposa del exdirector del hotel.
La narración oscila entre la tercera persona omnisciente y la primera, que nos llega de la mano del diario de Meier, héroe desencantado que desgrana en estas páginas el sufrimiento de quien sabe que, antes o después, puede ser detenido por los mismos oficiales a quienes deleita con sus preparados alcohólicos.
El resultado es una novela de gran altura, amena, muy bien documentada, de tensión mantenida de principio a fin, que analiza con gran sensibilidad y hondura la confluencia de elementos tan humanos como el poder, la memoria y la iniquidad, y donde la apariencia y la verdad juegan una partida sin claro vencedor.