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Ilustración interior de 'El niño del gato'Beatriz Castro

`El niño del gato´: Premio de Literatura Infantil Ciudad de Málaga

Un conmovedor relato sobre la esperanza y la humanidad en medio de la guerra

Aunque ya han pasado algo más de seis meses desde su publicación, no he querido pasar la oportunidad de reseñar esta novelita infantil, apta para todos los públicos, y recomendarla como lectura muy importante por todos valores que vemos encarnados en ella. La autora, María Elena Cabrerizo, dedica el libro a los niños de Gaza y a los que sufren en cualquier otro lugar del mundo, así como a los niños que tienen la suerte de vivir en paz.

Ilustraciones de Beatriz Castro
Anaya (2025). 104 páginas

El niño del gato

María Elena Cabrerizo del Saz

Sin que nadie lo sepa, Ahmed, con tan solo once años, se ha quedado totalmente solo después de que una explosión destruyera su hogar y acabara con su familia. No ha quedado piedra sobre piedra, y con su mano herida por el bombardeo, tan solo ha conseguido rescatar a su gato, un cuaderno y un bolígrafo. Con ellos intentará, perpetrado de una tremenda valentía que sorprende por su corta edad, sobrevivir en un hospital de la ciudad repleto de heridos, caos, cristales rotos y poca electricidad.

En esos días de soledad en una sucia y destartalada terraza, Ahmed comenzará a escribir un diario, gracias a lo cual, conoceremos la precaria situación que vive escondido en su refugio. En él se siente a salvo, pues lo ha convertido en su hogar. Su amor por los demás es grande y siente compasión y dolor por todos los que están sufriendo a escasos metros de él. A pesar de que lo ha perdido todo, sorprende su fortaleza y sus ganas de no rendirse, pues se lo debe a su familia y no quiere defraudarlos.

En estos tiempos en que los niños tienen de todo (y les sobra casi todo), es conmovedor escuchar a un huérfano exclamar «es una suerte tener un cuaderno y un boli». Sin embargo, con el paso de los días, siente hambre y sed. Su único consuelo es abrazar a su pequeño gato, escribir en su diario y soñar con que su madre lo abraza por la noche para protegerlo de los bombardeos.

El pequeño Ahmed, a pesar de todo, nos muestra su extraordinaria capacidad para mantener la esperanza y encontrar bondad incluso en las peores circunstancias. Prueba de ello es la presencia del doctor Harara, el jefe de maternidad, que lo encuentra en la terraza, lo ampara y lo lleva con él al ala de los recién nacidos, donde están los bebés prematuros. También lo cuidará poco después una familia de aceituneros en la frontera de Rahfa, mostrando así la solidaridad en medio de los males del conflicto bélico. Y es que en el mundo hay gente muy mala, pero también muy buena, inocente, que se preocupa incluso por el enemigo.

Entre las líneas de este conmovedor relato en el que se refleja el caos de la contienda de Gaza, el sufrimiento de todo un pueblo y el absurdo de la guerra, descubrimos temas fundamentales como la amistad, la resiliencia, la generosidad, la empatía, la importancia de la familia y el poder de la escritura como refugio y consuelo.

Esta triste pero bonita historia en medio de una guerra que parece no tener fin es un alegato por la paz en el mundo que recuerda, además, que los niños no se merecen estas guerras ni este sufrimiento absurdo. A la par, nos hace ver que, incluso en las tinieblas más oscuras, existe la posibilidad de encontrar luz y que la bondad humana aún no ha desaparecido.

La autora, a través de este emotivo diario, termina con el bonito deseo de que, si se cuida y educa bien a los niños, cuando estos se hagan mayores, serán más fuertes que el odio y no habrá espacio para la guerra. Descubriremos todos una historia de valentía y esperanza que demuestra que el amor y la compasión pueden sobrevivir incluso en el panorama más desolador. Considero que es muy recomendable para un público infantil-juvenil, con la idea de que descubran que no todos los niños del mundo viven con comodidades, y para que adquieran así una muy necesaria educación para la paz.