Paisaje castellano
Una lectura que abre senda: 'Tras la belleza'
Apelación a nuestra época digitalizada. Frente al abuso de las pantallas, lo real y lo concreto
Buscar la belleza, ese universal antropológico, es el leitmotiv de José Manuel Mora-Fandos. En Tras la belleza desgrana manifestaciones literarias clásicas, artísticas como la música o la pintura o la relación docente-discente, también del observador con la naturaleza. A través de todo ello Mora-Fandos nos conduce a reflexionar con honda humanidad.
Ediciones More (2025). 64 páginas
Tras la belleza. Hallazgos y meditaciones
La obra contiene seis breves ensayos que «resuenan y vibran en la imaginación y el corazón del lector», según el prólogo de Jaime Nubiola para Ediciones More. El patrono del buen humor tiene una plegaria que comienza con un cómico: «Concédeme, Señor, una buena digestión, y también algo que digerir». Tras la belleza recoge sendos hallazgos y meditaciones, como reza su subtítulo, que no dejarán el estómago del lector indiferente.
Tras la belleza es una lectura de fondo indiscutible porque comienza escudriñando a los clásicos: la Odisea de Homero y el mito de Orfeo de Virgilio. ¿Cómo no recurrir a la Grecia Antigua a la hora de referirse a la belleza? Mora-Fandos indaga en el ideal con su búsqueda cotidiana en las aulas, un nuevo Odiseo que regresa a Ítaca cada mañana. Su experiencia es la de abrir surco en cada alumno, descendiendo incluso a los infiernos cual Orfeo. En el segundo capítulo de Mora-Fandos, el canto de Orfeo se torna dramático por osar contemplar a Eurídice cuando culminaba su rescate. La impiedad de esta actuación será sancionada por el mismo Platón. Nosotros, humildes tórtolas tras la belleza de Orfeo, somos las almas que ruegan por «unos dioses que sepan perdonar».
La obra rezuma humildad, esa virtud que hace de sustrato (humus), abonado por el respeto de nuestro profesor en las aulas. También fuera de ellas, relata en el tercer capítulo, dedicado al Agnus Dei de Zurbarán. Propone detenerse dentro de El Prado, en una era dominada por lo instantáneo, hasta con mensajería «de una visualización». Sin embargo, el autor anhela acoger al corderito en su vida, llevarlo de paseo… imposible por su atadura crítica a la vez que suave, algo que lo retiene en el cuadro sobre la mesa.
Es el ara de cada uno, «es un cordero para el sacrificio» dicta la escena, pues «alguien le ha atado las cuatro patas en cruz». Hay un movimiento barroco en esta naturaleza muerta que nos lleva a meditar. Docilidad, entrega e intimidad se resumen en el brillo en los ojos del cordero que precede al escenario «Ante Navarra». En este nuevo capítulo-rapsodia acontece un viaje por la España septentrional. A modo de canto recorre los diversos contornos, casi de forma fugaz. La experiencia sugerente nos anima a soñar paisajes de Pamplona a San Sebastián. Ante tal espectáculo el autor recurre a citas que trufan esta sección, previa a volver a la serenidad «Con el clásico».
Es un paradigma musical, de la obra de Bach, lo que encauza al adolescente más levantisco o levantino, como el autor de Tras la belleza. En el penúltimo capítulo se interroga por lo atemporal: «¿por qué no podía quitarme de la cabeza a Bach?». Para comprenderlo remite a otra realidad que le caló hondo, el ritmo de endulzar «olivas» (dicho de las «aceitunas», en el resto de España). Mora-Fandos desvela la belleza que estriba entre la composición de la materia física y la música etérea. Así surge «contemplar y pasear lo mediterráneo desde Bach, con Bach. Novedoso y cercano, un modo de mirar las cosas que las redescubría».
Termina la obra con un «Encuentro al atardecer», donde para San Juan de la Cruz nos examinarán del amor. La vida ordinaria en Ciudad Universitaria es para este maestro-no-de-cantera, la piedra angular, reparada con líneas de oro. Cada nuevo detalle en el camino educa la mirada en lo bello y, por ende, en el hábito de lo bueno, puerta de lo verdadero. Cada persona tiene dentro de sí un aula, a las 9 de la mañana de un lunes, en la que el profesor Mora-Fandos nos invita a compartir. Sapere aude, atrévete a descubrir.