Cubierta de A oscuras, de Thomas Pynchon
'A oscuras': el último saludo de Thomas Pynchon es una obra maestra
Thomas Pynchon se ríe del ‘noire’, de los políticos, de la Ley Seca, de la Gran Depresión y saca los colores a la Academia Sueca que le ha negado el Nobel de Literatura
Sucede con todas las novelas de Pynchon. Cada vez que uno se adentra en sus páginas –da igual que sea El arco iris de gravedad, Vicio propio o la presente A oscuras– se tiene la impresión de hacerse un lío intentando meter esas figuritas rusas (las matrioskas) unas dentro de otras confundiendo todo el rato los tamaños.
El regreso a la literatura de Thomas Pynchon con A oscuras es todo un acontecimiento literario a nivel global. El esquivo escritor neoyorkino no nos obsequiaba con sus benditas alquimias narrativas desde 2013, cuando publicó Al límite.
Tusquets (2026). 410 páginas
A oscuras
Pynchon, que no es precisamente autor de modas, se descuelga esta vez, curiosamente, con un noire: ese género que empieza a resultar irritante de tantas propuestas que encontramos en librerías.
Sin embargo, no crea el lector que A oscuras (que bien puede ser el «último saludo» de Thomas Pynchon) es una novelita más de 400 páginas con detectives privados y policías corruptos que deben resolver siniestros crímenes rituales. En A oscuras la trama detectivesca no es más que la excusa para desplegar todos los elementos propios del universo «pynchoniano» para construir una inquietante ucronía.
No sorprende nada que un director como Paul Thomas Anderson haya encontrado tal acomodo en la adaptación al cine de las novelas de Pynchon. Entre raritos se entienden, y está bien así, porque tanto Una batalla tras otra (adaptación de Vineland) como Puro vicio (adaptación de Vicio propio) son dos maravillas del cine contemporáneo.
Pero entremos de lleno en esta novela negra titulada A oscuras (¿a qué esperan en la Academia Sueca para dar el Nobel a Pynchon?). A un lector avispado resultarán evidentes las referencias a clásicos del género, como Raymond Chandler o Dashiell Hammett. En ese sentido, el protagonista, Hicks McTaggart, es el reverso un tanto zarrapastroso del Philip Marlowe de El largo adiós y El sueño eterno.
Porque en A oscuras, como ya había sucedido en Vicio propio (novela con la que tiene muchos paralelismos), Pynchon apuesta fuerte por la parodia, el humor absurdo y la desmitificación del género. Se nota que Pynchon ha disfrutado convirtiendo a su Hicks-Marlowe (imposible imaginarlo con otro rostro que no sea el de Bogart) en un pelele en manos de un azaroso y nada agradecido destino.
La acción de A oscuras tiene lugar en el Milwaukee de los años 30, inmediatamente después del fin de la Ley Seca y en pleno estallido de la Gran Depresión. Estados Unidos pende de un hilo, la amenaza del estallido social aterroriza a sus élites y el avance de comunismo y fascismo en el continente europeo no es un buen precedente.
En esa atmósfera asfixiante, Hicks, un antiguo matón a sueldo de la patronal para reventar huelgas obreras, trabaja como detective privado. Al Capone está entre rejas, pero otro Al Capone impone su ley en las calles: el Al Capone del Queso, un empresario que mediante tácticas mafiosas se ha hecho con el monopolio de los productos lácteos fermentados.
El asunto es que su hija desaparece y Hicks, aunque se niega a aceptar el caso, debe encontrarla. Su aventura le lleva a los bajos fondos de Milwaukee, pero también a dar un salto geográfico en un delirante viaje en barco a la Europa oriental amenazada por el comunismo y el fascismo en los años previos a la Segunda Guerra Mundial.
La novela está llena de elementos típicamente pynchonianos que sorprenden por su cotidianidad absurda en un contexto inverosímil: un misterioso submarino austro-húngaro de la Primera Guerra Mundial que aparece y desaparece en las aguas del lago Michigan, conspiraciones golpistas, juegos de espías, líos de faldas y una historia ficción alternativa en donde plantea la caída de Estados Unidos en una dictadura militar regida por Douglas MacArthur. Además de un curioso guiño a España con la introducción del autogiro.
A oscuras es una novela hipnótica, con una prosa fascinante en una narrativa compleja. El lector se perderá en sus páginas: perderá el hilo, a veces no sabrá qué está pasando, cómo ha llegado hasta donde está ni qué están haciendo los personajes y por qué. Pero no podrá abandonar la lectura, porque Pynchon tiene la facultad de embrujar al lector. Al terminar el libro seguramente creerá estar delirando, y eso está bien, porque eso mismo es lo que busca Thomas Pynchon.