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Willkie CollinsRudolph Lehmann

'La piedra lunar': cuando las joyas de dudosa procedencia no compensan

Fue la primera gran novela detectivesca de Inglaterra, publicada en 1868. Y la más perfecta en opinión del gran poeta T. S. Eliot

Paseando por los bulevares de Madrid, pensaba sobre los tiempos de nihilismo en los que nos ha tocado vivir, y cómo se pretende sustituir la moral por la enfermedad mental; esa que nos elude de nuestra responsabilidad individual.

Traducido por Juli Peradejordi
Ediciones Obelisco (2026). 608 páginas

La piedra lunar

Wilkie Collins

Continué mi paseo, cuando ante al escaparate de una de mis librerías favoritas se me heló la sangre. Frente a mí se encontraba La piedra lunar de Wilkie Collins junto al último best-seller de novela negra escandinava. Sub-género tan sórdido y resentido como feísta.

Para mi fortuna, sentí a mi angelote mofletudo; esa voz de la conciencia que me susurra con sabiduría en latín, y me dijo aquello de «malo accepto stultus sapit», o «la experiencia hace sabio al necio», sentencia atribuida a Erasmo de Róterdam. Y me vino a la mente la elegancia moral del maestro y patriarca de la novela de detectives, el gran Wilkie Collins, y recordé todo el placer que me había dado con la lectura de la madre de todas las novelas de misterio.

La piedra lunar es una gema sagrada de valor incalculable robada en un santuario hindú, acto sacrílego que desata una maldición. El ladrón, un coronel inglés de moral corrompida y la mano muy larga, héroe supuesto de las campañas militares británicas en la India.

Cincuenta años después, en la campiña inglesa de Yorkshire, la joven aristócrata Rachel Verinder recibe el día de su decimoctavo cumpleaños la piedra preciosa y maldita, cuyo brillo crece o mengua según las fases lunares. La joven luce la joya en la celebración, pero esa misma noche, la piedra lunar desaparece de la mansión desatando la muerte, el caos y la confusión por la codicia y la desconfianza en una familia hasta el momento había estado unida.

Wilkie Collins (Londres, 1824-1889) es considerado el patriarca y creador de la novela policiaca o detectivesca. Decía Jorge Luis Borges que La piedra lunar, y La dama de blanco, las dos grandes novelas de Collins, pertenecen a la estirpe de libros inolvidables. Son textos caracterizados por el relato minucioso de los acontecimientos y, el suspense melodramático envuelto en atmósferas de misterio y fantásticas.

Muy popular en su tiempo, también escribió teatro y relatos breves. Dos de los mejores se pueden leer en la excelente selección que hizo Ana Useros, y publicada por Alba Editorial, bajo el título Cuentos de detectives victorianos.

Gran amigo de Charles Dickens, colaboró en la escritura y en la revista literaria semanal All The Year Round, con una tirada superior a los cien mil ejemplares semanales. La piedra lunar fue inicialmente publicada en esta revista de forma serializada en 1868. Luego, se publicó como libro.

Adicto al opio en forma de láudano para combatir los dolores de una artritis que padecía, Collins escribe sobre sus efectos en La piedra lunar, llegando a confesar no recordar gran parte de la narración por su consumo desmesurado durante su creación.

El relato se va urdiendo en torno al misterioso robo por medio de una estructura epistolar desde el punto de vista de la dramatis personae, o personajes de la novela.

Nos sumerge en el misterio Gabriel Betteredge quien es el jefe del servicio y primer narrador. No sé por qué durante toda la relectura me vino a la mente el gran actor Anthony Hopkins. Imagino que por recordar su interpretación perfecta en el papel de Mr. James Stevens, primer mayordomo, y protagonista de la película de 1993 Lo que queda del día dirigida por James Ivory.

La solterona y puritana señorita Clark, pariente pobre y distribuidora de panfletos religiosos, es la segunda narradora.

Pero será el hábil sargento Cuff, de Scotland Yard, dotado de una sagacidad prodigiosa, el encargado de desvelar el misterio que permanece oculto entre los testimonios de los diferentes personajes implicados. Todos ellos se expresan con gracia, ironía, patetismo y belleza.

Y desde luego, ojo con el inepto policía regional para desesperación del sargento Cuff, todo un modelo moral de comportamiento en tiempos que corren de nihilismo y enjoyados expresidentes.

Aunque a mí, en este momento, me apetece más emular a mi admirado el gran actor Stanley Tucci; modelo de dandismo y sofisticación, y con un cóctel de los que él enseña; algo sencillo de preparar, tipo Martini night o quizás un Rob Roy antes de iniciar la relectura de La dama de blanco, novela que merece una próxima reseña. Disfrute de la lectura.