Cubierta de 'Suseia'
La piedra que reza: el Pórtico de la Gloria y las raíces de Europa en `Suseia'
Francisco Narla firma una monumental novela histórica sobre el enigmático maestro Mateo y la construcción de la Catedral de Santiago, uniendo el rigor documental con la profunda vocación espiritual del medievo español
En una época en la que buena parte de la narrativa histórica parece empeñada en vaciar de trascendencia el pasado europeo para amoldarlo a las sensibilidades modernas, resulta un genuino alivio encontrarse con obras que respetan la cosmovisión de nuestros antepasados. Francisco Narla, consolidado ya como uno de los autores ineludibles del género en España, nos entrega en Suseia la esperada segunda parte de su trilogía dedicada a Compostela. Lejos de utilizar el medievo como un mero decorado para intrigas menores, el autor gallego asume el reto de novelar uno de los hitos fundacionales de nuestra cultura y de la cristiandad occidental: la culminación de la Catedral de Santiago.
Istoría (2026). 624 páginas
Suseia
La narración nos traslada al año 1168. Los trabajos en el templo jacobeo se enfrentan al fantasma de la paralización tras el asesinato del maestro de obras, un contratiempo que amenaza no solo un proyecto arquitectónico, sino el corazón espiritual de un reino en constante tensión política, con el lejano pero inexorable horizonte de las Navas de Tolosa asomando en el devenir histórico. Es en esta encrucijada donde emerge la figura del joven cantero Mateo, sobre cuyos hombros recaerá la titánica tarea de concebir y cincelar el Pórtico de la Gloria. Narla aprovecha con inteligencia los vastos vacíos documentales en torno a la biografía del maestro Mateo para esculpir un personaje de una enorme hondura psicológica, atrapado entre las mundanas luchas de poder, sus propios miedos y la insobornable vocación de legar a la eternidad una obra imperecedera.
Lo que verdaderamente eleva el tono de esta novela y la hace merecedora de un análisis reposado es su acertado acercamiento al misterio de la creación artística entendida como un acto de fe. En las páginas de Suseia, el arte no es una expresión del ego, sino una herramienta de devoción. El autor capta con extraordinaria sensibilidad la mística de los gremios medievales, la dura ley de la piedra y el sacrificio personal que exigía levantar moradas para Dios en la tierra. La obsesión del protagonista por rozar la perfección absoluta se convierte, así, en un reflejo del perpetuo anhelo humano por alcanzar lo divino, en un peregrinaje interior que discurre en paralelo a la ruta que miles de fieles trazaban por toda Europa hasta llegar al sepulcro del Apóstol.
Desde el punto de vista formal, la prosa se despliega con la sobriedad y la contundencia que exige su temática. El autor no recurre a atajos narrativos ni a un ritmo artificialmente acelerado, sino que exige del lector una inmersión completa en la dureza y la belleza de la época. El lenguaje, rico en matices y preciso en la terminología arquitectónica, dota a la historia de una verosimilitud encomiable. Es esta una novela que, como las propias catedrales, se va construyendo sillar a sillar, pidiendo paciencia, pero recompensando con creces el esfuerzo mediante pasajes de una gran fuerza evocadora.
Desde las páginas de este medio, siempre comprometidas con la defensa de nuestras raíces históricas y cristianas, no cabe sino celebrar la aparición de un título de esta envergadura. Suseia es una lectura rotunda, maravillosamente documentada y profundamente respetuosa con el espíritu del Camino de Santiago, esa arteria vital que vertebró la identidad de España y de Europa entera. Un homenaje indispensable a aquellos artesanos anónimos y maestros visionarios que, con sus manos agrietadas por el frío y la piedra, nos enseñaron que la verdadera grandeza reside en construir mirando hacia el cielo.