Cubierta de 'Yesteryear'
‘Yesteryear’: una aguda mirada tras la vida perfecta de Instagram
Caro Claire Burke explora con su primera novela la obsesión por la imagen, la fama digital y los límites al convertir nuestras vidas en contenido viral
Natalie Heller Mills ha conseguido convertirse en la perfecta mujer americana. Su vida cotidiana es aquella con la que muchas mujeres solo pueden soñar: tiene un marido cariñoso y trabajador, unos hijos preciosos, un rancho en el que viven al estilo de los pioneros y una creciente fama en Instagram, donde comparte su visión del matrimonio, la maternidad y la feminidad más tradicionales. Lo que sus miles de seguidores no imaginan es que detrás de esas imágenes idílicas que comparte diariamente hay todo un ejército de productores, niñeras y trabajadores, así como una familia mucho menos perfecta de lo que a ella le gustaría. Pero a Natalie no le importa en tanto pueda mantener en las redes la ilusión del mundo que ha creado... Sin embargo, cuando un día despierta en una realidad alternativa que parece la suya pero que no lo es, y que resulta mucho más perturbadora y cruda, la vida de Natalie pasa de ser una búsqueda de la perfección y la popularidad a una mera cuestión de supervivencia. Sin entender lo que está ocurriendo, la instagramer inicia su descenso a una espiral de obsesión y miedo, a la que arrastra también al lector.
Traducción de Mar García Puig
Adn Editorial (2026). 488 páginas
Yesteryear
La primera novela de Caro Claire Burke explora con su protagonista un tipo de mujer que últimamente se ha puesto de moda en los medios digitales: la tradwife. Este término (construido a partir de «traditional wife») hace referencia a las mujeres que reivindican en redes sociales un modelo de vida basado en los roles tradicionales de género, y que muestran su cotidianidad de acuerdo con ello, utilizando para conseguirlo una estética nostálgica y cuidadosamente medida. No hay nada que criticar en cuanto a esta elección personal de vida, pero ¿qué ocurre cuando la identidad se convierte en una actuación para el público? ¿Dónde termina la persona real y empieza la imagen que vende? ¿Cuánto de reprobable hay en mostrar la intimidad de unos niños que no pueden opinar, y que se convierten en parte de un negocio?
Otra cuestión que surge con la lectura de la novela es algo que muchos influencers deberían plantearse: ¿es la fama producida en las redes sociales comparable a la que se pueda obtener en la «vida real»? En cierto momento de la historia, aparece un personaje secundario que no tiene Instagram y que, por tanto, no conoce de nada a Natalie… Esto lleva a una interesante reflexión: unos cuantos miles de seguidores generan sensación de importancia y fama, pero solo tienen significado dentro de una plataforma, o sea, dentro de un mundo muy concreto. Si uno se sale de ese contexto, el sentido se pierde.
Lo más destacable a nivel literario es lo que transciende al argumento: el cambio en el tono narrativo. A medida que la historia avanza, la narración va volviéndose más inquietante, fragmentaria y poco fiable. Mientras que el principio nos da una imagen clara de cómo es la vida de la protagonista, y ella misma nos va contando cómo llegó hasta ese punto aparentemente idílico, poco a poco van apareciendo elementos turbadores que nos hacen dudar del grado de fiabilidad de la narradora. Según Natalie se vuelve más paranoica y desconfiada con su realidad, la propia narración acompaña su proceso con frases ambiguas, monólogos internos fragmentados y a veces sin mucho sentido, y un tono cada vez más descontrolado. La novela no solo cuenta la pérdida de control de la protagonista, sino que hace que el lector la experimente, de modo que va perdiendo seguridad sobre lo que está ocurriendo al mismo tiempo que Natalie. Esto permite conectar contenido y forma: además de narrar una obsesión, la autora hace que el lector entre en ella. Tenemos así un hábil juego entre la percepción del lector y la creciente locura de la protagonista, haciendo que cada vez resulte más complicado distinguir entre aquello que realmente está sucediendo y lo que Natalie cree que está sucediendo. Uno de los mayores placeres de esta lectura consiste precisamente en dejarse llevar barajando las distintas opciones: ¿es todo un sueño? ¿Ha viajado a otra dimensión? ¿La están engañando? Lo que comienza como una historia ligera sobre una influencer y la vida aparentemente perfecta que exhibe en redes, termina convirtiéndose en un relato cada vez más inquietante y claustrofóbico.
Por último, resulta necesario aclarar que la novela no critica realmente el fenómeno tradwife, sino que lo utiliza solo como escenario para hablar de algo mucho más universal. Podría haber sido cualquier otro tipo de creadora (o creador) de contenido con obsesión por construir una identidad perfecta para que los demás sean testigos. En lo que de verdad profundiza Yesteryear es en la necesidad contemporánea de convertir nuestra vida en una imagen que los demás puedan aprobar: la protagonista termina atrapada en la versión de sí misma que ha creado, y este es el riesgo real al que todos estamos expuestos con las redes sociales.