Arda Turan en un partido disputado con el Barcelona
El banco de Barcelona que Arda Turan convirtió en un lugar de peregrinación para el turismo turco
Numerosos turistas turcos prefieren visitar un banco de la calle a ir a la Sagrada Familia o la Rambla
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Ya no es el mismo banco en el que se sentó en 2017 el exfutbolista Arda Turan, pero ese detalle no parece importar a las decenas de turistas turcos que anteponen visitar un banco aparentemente ordinario del Paseo de Gràcia de Barcelona a contemplar la Sagrada Familia o pasear por la Rambla.
Para muchos, el banco más famoso de Turquía no está en Estambul o Esmirna, sino en Barcelona, aunque para los paseantes locales que no hayan reparado en él no sea más que uno de tantos que ofrecen un lugar de descanso en los Jardinets de Gràcia.
Basta detenerse cerca del mismo durante un rato para observar cómo un flujo de parejas, familias y grupos de amigos se acercan al banco de Arda Turan para admirarlo e inmortalizar con una foto o un vídeo el momento, imitando la postura que hizo el exjugador en su célebre instantánea.
Algunos echan ojo al móvil para cerciorarse que están en el mismo lugar en que Turan se sentó hace nueve años, en su etapa como centrocampista del FC Barcelona (2015-2018), equipo al que llegó procedente del Atlético de Madrid (2011-2015).
El astro turco salía de cenar, como tantas otras veces, de su restaurante japonés favorito, pero esta vez le apeteció sacarse una foto. Una vez la imagen se compartió en sus redes sociales, se dio el pistoletazo de salida para que esta decisión casual mutase en una tradición peregrina de carácter nacional.
Un banco inconfundible
A muchos de los visitantes turcos les basta ver el banco para saber que es el correcto, ya que está lleno de firmas y mensajes escritos con rotulador o bolígrafo. En él se forma un curioso lienzo, en el cual conviven proclamas de hinchas del Galatasaray, saludos al resto de la comunidad turca y cuentas de Instagram dejadas por los más coquetos.
Enes, que visita la ciudad con su novia Menar y unos amigos, es uno de los visitantes del país asiático que priorizan ver el banco al resto de visitas más típicas para el turista. No se queda corto en su exaltación, y con gran entusiasmo afirma: «Este banco es lo más grande que he visto nunca».
Aunque ya hace ocho años que Arda Turan terminó su etapa en el Barça, las visitas al banco no cesan, algo normal para Enes ya que considera que los turcos son «gente muy paciente».
Enes y Menar, como el resto de «peregrinos», se sientan en él y replican la pose que seguramente ya hayan ensayado en casa: una pierna sobre la otra, manos entrelazadas y la cabeza ligeramente inclinada hacia arriba y mirando a un lateral. Si no convence, toca repetir la foto hasta dar con la tecla. «Cuando compartes una foto con la Sagrada Familia, poca gente le da a me gusta», cuenta Emre, otro joven peregrino.
Poca broma con el banco, si Emre vuelve a su Rize natal sin esta foto en su galería sería poco menos que el hazmerreír entre sus amigos: «Si haces una foto aquí, le gustará a miles de personas», asegura con el recuerdo ya en su bolsillo.
En 2018, Turan regresó a Turquía para culminar su carrera como jugador en el Estambul Başakşehir y después en el Galatasaray, donde había iniciado su camino profesional veinte años atrás. Aunque retirado y entrenando al Shakhtar Donetsk ucraniano, su figura es igual de idolatrada ahora en Turquía por su personalidad cercana y humilde.
El hecho de que el banco original fuese retirado de los Jardinets de Gràcia durante las reformas hechas en 2025 debería quitar magia al asunto. Pero la realidad es que nadie podría notar la diferencia con el banco que lo sustituyó, pues pronto se llenó de firmas y mensajes dejados por los turistas turcos, tal como estaba el anterior.
La comunidad turca se preocupó enseguida por el destino del banco original de Arda Turan, que fue finalmente entregado al consulado de Turquía por el Ayuntamiento de Barcelona, según confirmaron a EFE fuentes municipales. A los visitantes turcos de Barcelona poco les importa si el banco es exactamente el mismo, sigue siendo un punto de encuentro para ellos y una razón extra por la que cruzar el Mediterráneo. A diferencia de cualquier otro banco común, «en este la gente escribe, comparte sus sentimientos», dice Emre antes de sentenciar que «no es sólo un banco», sino «un objeto emocional para los turcos».