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Florentino Pérez y Joan Laporta en el último clásico

Florentino Pérez y Joan Laporta en, una imagen de archivoAFP7 vía Europa Press

Real Madrid y Barcelona: los motivos detrás del mayor distanciamiento en 125 años de historia

Real Madrid y Barcelona protagonizan una guerra total en la que ni siquiera hay portavoces para entablar un mínimo diálogo. Son eso, dos bandos irreconciliables, nunca mejor dicho. Es imposible acercar posturas. El Real Madrid denuncia la corrupción arbitral pagada por el Barcelona durante este siglo y se siente engañado en tal medida que pide a la Justicia española y a la UEFA que le quiten al club azulgrana los 23 títulos obtenidos en las 17 temporadas que dedicó a pagar suculentos salarios al vicepresidente de los colegiados españoles.

Unos emolumentos de 8,4 millones que constan oficialmente en la Hacienda española. El Barcelona contesta que el eterno rival busca la muerte deportiva del equipo catalán y niega que comprara a Enríquez Negreira. Son acusaciones, las del Real Madrid, que desearían que al Barcelona le quitaran esos 23 trofeos y le castigaran sin competir en Europa durante varios años. No entramos ya en la diatriba del descenso de categoría, que es otro capítulo a discutir.

El plano general desvela abiertamente que las peticiones de la entidad madridista significarían una situación límite para la institución catalana, que vive de por sí una crisis económica gravísima con unos números rojos de 4.160 millones. En esta tesitura, el Real Madrid y Barcelona se declaran una guerra a muerte y las relaciones son imposibles.

Presenciamos absortos, en realidad, las peores relaciones entre los dos grandes de toda su extensa historia. Nunca hubo un enfrentamiento tan duro en los últimos 125 años. Verdaderamente, no existe ninguna relación. Cero. En estas condiciones, las consecuencias son que no habrá comida de directivas ni relación institucional en el palco el día del clásico.

El BarçaGate, presente en la Champions

El Real Madrid busca una sanción ejemplar de la UEFA y de la Justicia española contra su máximo rival y una de sus actuaciones es denunciar «el caso Barcelona» a escala internacional para que todo el mundo conozca y mantenga viva «la vergüenza» de una corrupción que, según adujo Ceferin, «es lo más grave que he visto nunca». Los aficionados madridistas del fondo sur mostraron en el partido de Copa de Europa frente al Leipzig una pancarta que denunciaba al caso Negreira.

No solo enseñan pancartas en la Liga, como hicieron ante el Sevilla. La Champions es un escaparate mundial. El club madrileño va a por todas en esta cruenta batalla porque se siente el equipo más perjudicado por esta presumible corrupción, ya que es el conjunto que más veces quedó subcampeón. Pero en realidad perjudicados fueron todos los equipos.

El Bernabéu le mandó un mensaje a la UEFA en relación al caso Negreira

El Bernabéu le mandó un mensaje a la UEFA en relación al caso NegreiraMovistar+

No hay medias tintas, ni medias verdades, ni hipocresía. La casa blanca desea a tumba abierta que el Barcelona sufra un durísimo veredicto de la UEFA y de la Justicia española. En este ambiente de tener las cosas claras, el antagonismo con el Barcelona es total. No existe relación entre Florentino Pérez y Joan Laporta. Tampoco hay conexión entre los segundos espadas. Silencio total. Guerra en los Juzgados y en la Unión Europea del Fútbol Asociado. Sin concesiones. Sin un gramo de misericordia.

El Real Madrid se siente estafado por el Barcelona, por los árbitros, por la Federación y por la Liga. Imposible un saludo siquiera protocolario. Y Florentino Pérez observa que el Barcelona, los árbitros, la Federación y la Liga hacen frente común para silenciar el nombre de Negreira y enterrarlo todo. Negreira no existe para ellos. La política del avestruz.

Ni Di Stéfano provocó esta enemistad

Muchos han sido los enfrentamientos a nivel de directivas entre Real Madrid y Barcelona a lo largo de la historia. Sin embargo, aquellas cuitas estuvieron basadas siempre en cuestiones deportivas, no en acusaciones tan graves como las actuales. Aquellas peleas del siglo pasado, especialmente en los años cincuenta, sesenta, setenta y noventa, no buscaban el descenso del contrario, ni un castigo ejemplar al otro club que le costara títulos o le impidiera competir en Europa.

Las polémicas arbitrales centraron la mayoría de esos combates a lo largo de la historia, que fueron más dialécticos que otra cosa. Esos duelos de palabra dominaron todas las décadas. Las dos Ligas perdidas por el Real Madrid en Tenerife en los años noventa fueron puntos muy calientes en esas relaciones. Pero las cosas no pasaron a mayores. La sangre nunca llegó al río.

El mayor escándalo entre ambas entidades se produjo con el fichaje de Alfredo Di Stéfano en 1953. El Barcelona negoció su traspaso con River Plate. El Real Madrid pagó su transferencia al Millonarios de Bogotá, que era el equipo donde militaba tras una huelga de futbolistas en Argentina que le hizo marcharse al equipo colombiano y jugar allí durante varios años. No hubo acuerdo entre clubes y la Federación Española tomó una decisión salomónica: Di Stéfano jugaría dos años en el Barcelona y después otros dos en el Real Madrid. El club catalán se negó a ese reparto equidistante y el delantero argentino firmó por los blancos. Ni siquiera esta lucha por Di Stéfano rompió las relaciones, porque fue un conflicto de intereses, como tantos otros. Todo se remitía a un fichaje, aunque fuera tan importante como el de la Saeta Rubia.

Ahora, Florentino Pérez y Laporta encabezan un enfrentamiento basado en la denuncia de la mayor corrupción deportiva posible, la compra de un sistema arbitral de influencias, ascensos y descensos. Y quien pagaba era el Barcelona. Y especialmente Laporta, que cuadriplicó el salario de Negreira hasta los 133.000 euros mensuales. En esta situación tan cruda, grave y oscura, Real Madrid y Barcelona no tienen nada que decirse. No se hablan. Los que tienen que hablar son la UEFA y la Justicia.

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