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José Mourinho y Vinicius Jr., durante el Real Madrid - Inter de Milán de Champions LeagueEuropa Press

Mourinho exige no fallar ante la sospecha de un movimiento organizado con pitos antes del partido

Los ataques unen. José Mourinho y su plantilla están más unidos que nunca para sacar la nave adelante. Si el portugués ya se había ganado al vestuario con sus charlas individuales de «inmersión total» a un ideario, los pitos contra el equipo y especialmente contra Vinicius y Mbappé han potenciado todavía más la piña entre el entrenador y el grupo. El Real Madrid fue víctima de unas protestas en la victoria frente al Inter que generaron sospecha, porque se produjeron en Champions y con dos goles a favor en el marcador.

Históricamente, el público del Bernabéu en Copa de Europa es incondicional, procedente en muchos casos de las peñas blancas desperdigadas por el mundo. Lo sucedido en el coliseo de Chamartín no fue normal. Y era anormal porque muchos aficionados reconocieron que acudieron al estadio dispuestos a pitar. Llegaron predispuestos a montar bronca desde antes del partido. ¿Por qué? ¿A quién le interesa? La sospecha se hizo realidad con el reconocimiento de muchos espectadores de su predisposición a los pitos.

Protestaban por estar en contra de la renovación de Vinicius. Protestaban por estar en contra del fichaje de Mbappé y de su comportamiento. Son movimientos de oposición organizados. Están en contra de Vinicius y Mbappé. En contra de la derrota en los comicios. Provocan unos ataques que se consolidan en las redes sociales diariamente con críticas al equipo, a Vinicius y a Mbappé. Mourinho se dispone a ganar una batalla que viene de lejos y que se ha encontrado enquistada. Este sábado vuelve a jugar en el Bernabéu y debe conseguir dos triunfos, arriba y abajo, en la grada y en el césped.

Tiene la misión de ganarse al público y vencer al Rayo Vallecano. Y la victoria de las tribunas es la más difícil para el responsable del Real Madrid, porque ya no depende de él mismo, especialmente si es un movimiento organizado que viene dispuesto a pitar desde antes del encuentro. Mourinho puede ganar a los franjirrojos con decisiones propias, pero no puede jugar en la grada si hay grupúsculos que están decididos a pitar ocurra lo que ocurra sobre el verde.

Algo inédito en el Bernabéu

El preparador luso ha dialogado en profundidad con sus hombres para ofrecer un buen partido frente a Rayo Vallecano, dominarlo y marcar goles. Ha concedido una dedicación específica al entrenamiento del bloque ofensivo para rematar a la primera y no desperdiciar tantas oportunidades. Los blancos desperdiciaron ocasiones frente a Betis e Inter por tardar demasiado en dar el toque final al balón. Dicho esto, Mourinho quiere ganar esta batalla ambiental con buen fútbol. Ha escuchado que el Bernabéu nunca había vivido en sus 80 años de historia unas protestas de la grada contra el equipo desde antes de empezar un partido.

Nunca se había pitado al Real Madrid con un 2-0 a favor. Cuando Santiago Bernabéu escuchó pitos en 1961, 1962 y 1964 fue por las derrotas en la Copa de Europa tras cinco años de leyenda. Nunca se silbó a los blancos ganando con dos goles de diferencia. Ahora, ante el Inter, en la Champions, llegaron aficionados al estadio dispuestos a protestar antes del encuentro y así lo dijeron. Hubo diversas manifestaciones en este sentido obtenidas a la salida del Bernabéu después del partido.

Se trata de un movimiento extraño, raro. En el Bernabéu solo eran dos mil. Tres mil como máximo. Pero son los que hacen ruido ante la mayoría silenciosa que impera en las gradas del estadio. En las redes sociales se les suman más y hacen todo el ruido posible, porque la crítica es lo que manda en las redes. Es una realidad peligrosa para el Real Madrid.

Los aficionados del Real Madrid sacan un tifo en el Santiago BernabéuAFP

Mourinho ciudad con especial atención a Vinicius de estos ataques externos y constantes. El brasileño es ahora el jugador que menos simpatía despierta entre una parte de la afición. Los capitanes no desean que se descentre del fútbol. Se lo han dicho al míster. Mourinho está dedicado a proteger a un futbolista que necesita cariño. El brasileño rinde mejor cuando siente el apoyo del entrenador. Ancelotti y Arbeloa lo sabían y así lo hicieron.

El de Setúbal también ejecuta esa labor de cercanía con el número siete, al que aconsejó renovar porque ningún otro club es mejor que el Real Madrid. Vinicius le hizo caso. Hay unión entre ambos. Y unidad entre el técnico y la plantilla. Mourinho también ha hablado con Mbappé, aunque su caso es distinto. El francés tiene mucha personalidad y está acostumbrado a ser objeto de críticas desde hace un lustro por su liderazgo mundial con Francia y con el Real Madrid. Mourinho le ha pedido concretamente a él que remate con mayor velocidad o al primer toque, porque los defensas le vigilan más que a nadie.

El Real Madrid, atento

El club blanco nunca entendió la agresividad de esos aficionados que protestaban con dos goles a favor del Real Madrid, salvo que sea un movimiento organizado. No era normal. El fútbol vuelve al nuevo Bernabéu cuatro días después y el Real Madrid está ojo avizor a los comportamientos de esta noche en los graderíos. Habrá que ver las reacciones desde los primeros minutos de juego.

Lo primero es que el equipo debe jugar bien y ganar con solvencia para no dar pie a cualquier reacción contraria. No obstante, desde los mentideros de Valdebebas se analiza que si hay mil espectadores que vienen dispuestos a pitar es fácil hacerlo, simplemente con cualquier balón perdido o una ocasión no rematada. Es sencillo pitar y más si se viene con esa predisposición. El quid de la cuestión es por qué existe esa predisposición. Esa actitud. Ese deseo de bronca. Mourinho indica que si tienes un sector de tu público en contra siempre es más difícil ganar títulos. Y quiere ganar esta batalla paralela al fútbol propiamente dicho.

El portugués otorgará descanso a dos o tres titulares del encuentro de Champions. Diomande, Güler, Bernardo y Camavinga esperan tener protagonismo. Habrá dos partidos, uno en el césped y otro en las tribunas.