Fede Valverde, en una de las acciones del partido con Corea del Sur

Fede Valverde, en una de las acciones del partido con Corea del SurEFE

Uruguay y Corea pactan no hacerse daño

Ninguna selección mereció el gol y acaban firmando un empate que beneficia sobre todo a Portugal

Es un milagro que en un país de tres millones de personas salgan siempre futbolistas tan buenos. Pasan los años y Uruguay siempre está, con unos o con otros, pero está. Ahora vive un proceso de cambio, despidiendo a una generación y con otra asomando ya detrás de la puerta. Rochet; Martín Cáceres, Godín, Giménez, Olivera; Fede Valverde, Vecino, Bentancur; Pellistri, Luis Suárez y Darwin Núñez formaron el primer once de la Celeste en el Mundial.
Nombres reconocidos y reconocibles. Muchos juegan o han jugado en LaLiga, de ahí ese sentimiento extraño de pertenencia que siente el españolito cuando se sienta a ver a Uruguay. Más aún si enfrente está Corea del Sur, que es la buena para todo menos para el fútbol. Habrán pasado 20 años pero todavía no se perdona el escándalo de su Mundial.
El partido se programó demasiado pronto para ser uno de esos dignos de siesta. La primera la tuvo Corea, pero tardó en llegar. Kim desde la derecha. No podía ser otro que Kim, no por calidad sino por probabilidad. Kim ocupaba el lateral derecho, el izquierdo, los dos centrales y hasta el portero... cinco de los once con el mismo nombre. Difícil partido para los narradores.
De sus botas, de las de Moon-hwan, salió una gran jugada por la derecha que echó al traste Ui-Jo Hwang. Le habían puesto el balón en el corazón del área y solo tenía que ajustarlo entre los tres palos. Lo envió arriba.
Ajustó más Godín su puntería en la más clara que tuvo Uruguay. Córner botado por Valverde y testarazo del ex del Atlético al palo. Se levantó como quiso, como si fuera Puyol en las semifinales con Alemania, y el balón se vio dentro, pero el poste lo repelió con dureza. La típica jugada de Uruguay que se ha visto Mundial tras Mundial.
Los minutos pasaban –y menos mal–. En el 64, Diego Alonso movió su banquillo y quitó a Luis Suárez, que no está ya para jugar 90. No parecía enfadado, parecía todo pactado. Hasta él tiene asumido que ya no es el que fue y entró Cavani en su lugar, que tampoco está para un partido completo. Los dos juegan su último Mundial.
Nada cambió con el del Valencia sobre el campo. Los únicos que creaban algo de peligro eran Darwin Núñez, aunque el ex del Almería le ponía más ganas que acierto, y Fede Valverde, que sacó de la nada un disparo de los suyos desde 25 metros para estrellarlo en el palo. Poco peligro en general, pocas llegadas y mucho centrocampismo, digno del 0-0 con el que empezó y terminó. Un partido que solo habría narrado con emoción el comentarista de Los Simpson en su parodia del soccer.
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