Marta Kostyuk celebra su victoria ante la rusa Mirra Andreeva en el WTA 1000 de Madrid
El punto con el que Marta Kostyuk ganó el Mutua Madrid Open y le negó el saludo a Mirra Andreeva
La jugadora de Kiev conquistó el título más importante de su carrera, no saludó a la tenista rusa y cerró su discurso de campeona con un «gloria a Dios y gloria a Ucrania»
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Marta Kostyuk logró este sábado el título más importante de su carrera deportiva con tan solo 23 años después de vencer a la rusa Mirra Andreeva en la gran final del Mutua Madrid Open por 6-3 y 7-5.
La jugadora de Kiev fue superior a su rival a lo largo de gran parte del encuentro y cuando el reloj marcaba la hora y 21 minutos de partido (el tiempo que duró la final) gozó de la primera bola de campeonato.
Con 6-5 y 40-30 en el marcador, la cabeza de serie número 26 del circuito WTA empezó el punto con un saque potente al centro de la pista que Andreeva restó sin demasiados problemas. Tras eso, Kostyuk respondió con un revés al fondo de la pista y, a partir de ahí, le buscó el fallo a su rival, que acabó llegando con un golpe paralelo que se fue por unos centímetros.
En cuanto Kostyuk vio que la bola de Andreeva se fue fuera, la ucraniana se tiró al suelo emocionada mientras su contrincante se dirigió directamente hacia su banquillo para llorar desconsolada y evitar así un saludo en la red con el que nadie contaba.
Y tras esos minutos de rigor, en los que se preparó la clásica ceremonia de entrega de premios, Kostyuk levantó el trofeo de campeona, cogió el micrófono, no nombró en ningún momento a Mirra Andreeva (algo que sí hizo la rusa con la ucraniana cuando le tocó hablar) y cerró su discurso de ganadora con un «gloria a Dios y gloria a Ucrania, viva Ucrania» que fue aplaudido por las seguidoras de su país que desplegaron la bandera nacional y se dieron cita este sábado en las gradas de la Manolo Santana.
Cabe recordar que Rusia y Ucrania llevan en guerra desde febrero de 2022 y, desde entonces, cada vez que las tenistas de ambas naciones se han visto las caras en una competición oficial nunca acaban los partidos dándose la mano, el gesto clásico que siempre se suele hacer (salvo motivos justificados) tanto en partidos ATP como en encuentros de la categoría femenina.