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Carlos Alcaraz, durante su partido ante Munar en las semifinales del ATP 500 de Tokio

Carlos Alcaraz, durante su partido ante Munar en las semifinales del ATP 500 de TokioEFE

Alcaraz firma ante Munar otro ejercicio de escapismo y se planta en la final de Tokio

Carlos Alcaraz lleva toda la semana comentando que se encuentra lejos de su mejor nivel y sus actuaciones así lo demuestran. Ahora bien, es tan bueno jugando al tenis que incluso en malos días en la oficina como los que ha tenido en el ATP 500 de Tokio ha ido pasito a pasito hasta plantarse en la final. Su último obstáculo, en semifinales, ha sido Jaume Munar, al que le ha remontado el partido para terminar ganando por 5-7, 6-3 y 6-1.

Fue otro ejercicio de escapismo de Alcaraz, otro día donde se asomó al precipicio y terminó dándole la vuelta al final de manera cómoda, aunque por momentos pareció verse incapaz. Muchos gestos de la «frustración» que ha sentido esta semana hasta que otra vez recuperó su mejor tenis en el momento clave. Fue un bonito partido, con Munar vendiendo su piel muy cara, pero claudicando ante un jugador que simplemente es mejor que él, aunque por momentos planeó en la capital nipona la posibilidad de la sorpresa.

Inició Carlos Alcaraz el partido igual de dubitativo que en las rondas previas, sin encontrar su mejor tenis y viendo como Jaume Munar estaba lanzado, muy agresivo con su derecha y convencido de que tenía lo necesario para derrotarle por segunda vez en su carrera. El balear continuó con el nivel mostrado toda la semana y llevó la iniciativa en el marcador al empezar al saque aunque sin inquietare en exceso a Carlitos al resto. La velocidad de la pista central de Tokio se imponía.

Así fue hasta el sexto juego, cuando el de Santañy inquietó a Carlitos con un 0-30, aunque se quedó solo en eso. Fue entonces cuando el pupilo de Samu López entendió que debía elevar el nivel y subió una marcha más aprovechando un par de despistes de Munar. Eso le valió el break, 4-3 a Alcaraz y la confirmación. 5-3 y lanzado a por el primer set cuando de repente llegó un colapso mental como pocos se le recuerdan.

De tener el set en su mano pasó prácticamente a regalarlo, a llenarse de dudas que le llevaron a perder hasta 12 puntos seguidos y entregar la primera manga tras tenerla ganada. Bien por Munar, que se dio cuenta del bloqueo mental que le llegó a su rival y comenzó a poner cada pelota en pista esperando los fallos de Carlitos, que terminó tan desquiciado que cedió definitivamente el parcial con dos dobles faltas seguidas. Raro ver eso en él.

Operación remontada

Todavía en shock, Alcaraz comenzó el set incluso dejando la sensación de que iba a entregar la cuchara. Se le notaba apático, aunque solo le duró dos puntos, o eso parecía. Del 30-0 Carlitos pasó al quiebre y mandó desde el principio en esta segunda manga. La cosa es que, al igual que rompió, cedió después su saque y todo volvió a estar igual, con el actual número 3 del mundo atrapado en errores y sin sentirse nada cómodo por mucho que volviese a hacerse con una rotura para ponerse 2-1.

Le costó un mundo, pero esa sí la confirmó y a partir de ahí comenzó a cambiar un poco la historia. Carlitos tomó el mando del partido y fue inquietando a Munar en cada uno de sus servicios. Cierto es que con su saque también sufrió de lo lindo, acumulando números similares de errores y de aciertos, pero que le valieron para mantener la ventaja hasta el 5-3 y después firmar un nuevo quiebre con el que llevar el partido al set decisivo. Todo en el aire, mucho desgaste físico

Carlos Alcaraz y Jaume Munar antes de las semifinales del ATP 500 de Tokio

Carlos Alcaraz y Jaume Munar antes de las semifinales del ATP 500 de TokioEFE

Mencionamos lo del cansancio físico porque tras el segundo set se acabó Jaume Munar. El balear se diluyó tras el titánico esfuerzo de lo dos primeros parciales y dejó vía libre para el show del murciano, que comenzó a sentir mejor que nunca le bola y puso la directa rumbo a la final. Otra vez con sufrimiento, de nuevo con varias desconexiones, pero Carlitos suma y sigue y está a tan solo un partido de defender con éxito su corona en la capital de Japón.

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