Fundado en 1910

Oficina

Perfiles de liderazgo

Lo que Trump puede enseñar al jefe ideal: «Si fracasas en EE.UU. habrá otra oportunidad. En Europa estás muerto»

Un estudio de la Universidad de Warwick reflejaba como la experiencia, la honestidad y confianza y la empatía son las cualidades más representativas de un buen jefe

En cada país existen diferentes culturas que forjan a las personas y que, por lo tanto, cambian la dinámica y la forma de hacer las cosas en el mundo empresarial. Existen múltiples tipos de jefes y aún más formas distintas de liderar y su procedencia incide tanto en su forma de liderazgo como en el conjunto de la corporación en la que se encuentren.

Por norma general, en el norte y sudeste asiático los líderes tienden a ponerse de acuerdo y sincronizar sus ideas antes de tomar una decisión empresarial. Su modo de trabajo se basa en la prudencia para asegurar la obtención de resultados, en la recopilación de diferentes puntos de vista y el juicio de varias personas. Esta forma de actuar puede ralentizar los procesos, pero también puede asegurar una mayor efectividad de las decisiones tomadas.

En las zonas de influencia del mundo anglosajón los líderes tienden a ser flexibles. Se busca capacidad de adaptación, innovación y búsqueda de soluciones ante situaciones imprevistas en esa figura de responsabilidad. Esta forma de toma de decisiones implica un mayor riesgo a largo plazo que en el mundo asiático, pero aporta una mayor rapidez ante posibles crisis.

La meritocracia de las grandes potencias frente a Europa

Sin embargo, en la figura de un buen jefe en China si hay un factor que no puede faltar, ese es la meritocracia. En el gran país asiático se promueven los líderes resolutivos y cuya carrera se basa en los logros conseguidos, frente a procesos internos y reuniones inalcanzables que rigen el sistema empresarial español.

La otra gran potencia mundial líder en el sector empresarial es Estados Unidos, que tiene diferencias internas entre todo su gran territorio pero que a grandes rasgos favorece por encima de todo, al igual que China, esa meritocracia.

El consejero delegado de NBIM, Nicolai Tangen, aseguró que «los europeos son menos trabajadores y menos ambiciosos que los estadounidenses». El liderazgo americano es más individual, su cultura, el sueño americano, enfatiza la idea de que cualquier persona puede alcanzar el éxito a través del esfuerzo. En Europa, los lideres suelen ser vistos como solucionadores de problemas pragmáticos que valoran la cohesión del grupo sobre los logros personales.

Al margen de la ambición, un factor determinante en todas las posiciones de poder y de responsabilidad, en Europa hay un problema de mentalidad en términos de aceptación de errores y riesgos. Tangen aseguró que «si fracasas en Estados Unidos, tendrás otra oportunidad. En Europa estás muerto», sino tomen de ejemplo a Donald Trump y toda su trayectoria como empresario.

En lo referente a las negociaciones internacionales, directivos estadounidenses se quejan en ocasiones por la dificultad de hacer negocios en Europa debido a las estrictas regulaciones y la burocracia. En EE. UU. se facilita la inversión y el crecimiento de los negocios mientras que la regulación española no permite el impulso y crecimiento de nuevas empresas ni facilita la vida laboral de los autónomos.

Sin embargo, frente a otra gran potencia como es China, los europeos aportamos un gran valor diferencial. La adaptación y el cuestionamiento de nuestros procesos nos ha ayudado a crecer en múltiples sectores. La improvisación y el salir de lo establecido rigen también nuestro modelo de negocio, y la diversidad y creatividad individual es algo en lo que superamos, sin duda, las formas de liderazgo del magnate asiático.

Julio Ceballos, autor de El calibrador de estrellas, defiende que Occidente aún puede enseñar muchas cosas a China. «Todavía podemos enseñarles a cuestionarse más los procesos, a improvisar. También, el valor del pensamiento crítico, la diversidad y la creatividad individual; la empatía y el trabajo en equipo; el debate como sistema de equilibrios y rendición de cuentas, no como debilidad; y que la innovación nace del debate y de la diversidad de miradas», señalaba.

El jefe ideal

Pese a las diferencias culturales o externas que conforman la personalidad de las personas, los líderes que optan a ser reconocidos como buenos jefes en su trayectoria laboral deben conocer y utilizar distintas dinámicas que, en muchas ocasiones, pueden salir de lo que ellos tenían preestablecido.

La figura del jefe «ideal» debe comprender desde un primer momento que dentro de su equipo de trabajo hay distintas culturas y formas de trabajo. Ser capaz de formar un ecosistema en el que convivan todas ellas es un gran reto en liderazgo pero, si se logra correctamente, puede crear un equipo verdaderamente potente.

De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Warwick, las personas que cuentan con buenos jefes se sienten, no solo mucho más motivados, sino que también son hasta un 13 % más productivos y un 31 % más eficientes. Además, dicho estudio reflejaba como la experiencia, la honestidad y confianza y, por último, la empatía son las cualidades que más valoran los encuestados en puestos de poder en una empresa.

En otro estudio que realizó el Centro de Estudios Financieros y que contestaron 2.500 personas, el 89% procedente de España y el 11% restante de otros 44 países, los resultados mostraban que las tres cualidades más valoradas son el manifestar confianza en sus colaboradores (48 %), dialogar de forma abierta con ellos (43 %) y transmitir instrucciones con respeto (42 %). Por el otro lado, las virtudes menos señaladas son la explicación de los proyectos con detalle (12 %), el ser o no justo en la evaluación del desempeño (12 %) y que el jefe premie la imaginación y la creatividad de sus empleados (13 %).

"Todos estos comportamientos de los jefes, además de motivantes, insuflan un fuerte impulso para la rentabilidad de las empresas. Porque esos comportamientos no son inocuos, sino que mejoran el rendimiento de sus subordinados. Por lo tanto, bien podemos calificarlos de 'complejo vitamínico' que tonifica a la organización. ¿Resultado? Eficiencia empresarial”, señalaba Ángel Fernández Muñoz, psicólogo y profesor del Máster en Dirección de Recursos Humanos del CEF, después de haber realizado el estudio.