Fundado en 1910
Análisis económicoJosé Ramón Riera

Julio negro para la empresa española: 87.790 empleos y 7.915 empresas menos

Los datos de julio muestran un retroceso que debería haber encendido todas las alarmas y, sin embargo, pasan de puntillas por los titulares oficiales

La estadística publicada por el Ministerio de Trabajo y Economía Social, elaborada por la Subdirección General de Estadística y Análisis Sociolaboral, es sencillamente devastadora. Los datos de julio muestran un retroceso que debería haber encendido todas las alarmas y, sin embargo, pasan de puntillas por los titulares oficiales.

Ya señalábamos en un artículo anterior que desde diciembre hasta el cierre de julio han desaparecido 14.259 empresas en España. El golpe más fuerte lo sufren las micro y pequeñas empresas: las de hasta 9 trabajadores han perdido 19.177 unidades, mientras que apenas se han creado 4.918 entre las pequeñas de 10 a 49 empleados, las medianas de hasta 499 y las grandes con más de 500.

El tejido empresarial español se está concentrando en empresas de mayor tamaño

Esto dibuja una peligrosa tendencia: el tejido empresarial español se está concentrando en empresas de mayor tamaño, mientras los pequeños negocios de barrio y de ciudades medianas van desapareciendo. Algunos podrían verlo como un signo de «fortalecimiento» del modelo productivo, pero es justo lo contrario: cuando llega una crisis, el cierre de una empresa mediana arrastra decenas o cientos de empleos de golpe, y con ello se debilita la capacidad de resistencia de la economía.

Esto es un problema de fondo. En España los costes empresariales —impuestos, cotizaciones y cargas regulatorias— pesan lo mismo en porcentaje sobre un autónomo o microempresa que sobre una multinacional. La diferencia está en la capacidad de trasladar esos costes a precios. Y ahí, las micro y pymes siempre salen perdiendo: no tienen margen para repercutirlos al consumidor final, lo que erosiona sus beneficios hasta la asfixia.

A esto se suma la competencia exterior. Cuando países como China colocan en el mercado europeo productos mucho más baratos, toda la industria nacional se resiente. Pero el golpe es más brutal para los pequeños, que carecen de músculo financiero para aguantar precios bajos prolongados.

Lo verdaderamente alarmante llega al revisar lo sucedido solo en julio frente a junio: el número de trabajadores en empresas registradas en la Seguridad Social cayó en 87.790 personas y 7.915 empresas dejaron de cotizar en apenas un mes. No estamos hablando de un goteo: es una hemorragia empresarial.

Veamos a continuación los datos que he preparado:

La caída de julio respecto a junio ha sido especialmente sangrante. Según los datos del propio Ministerio de Trabajo, el número de trabajadores cotizando en empresas se redujo en 87.790 personas en un solo mes. Esto supone un recorte del 0,5 % del empleo empresarial en apenas 30 días.

El desglose es todavía más preocupante. Las empresas de 50 a 249 empleados fueron las más castigadas, con 50.022 trabajadores menos: es decir, una bajada del 1,7 %. También hubo descensos fuertes en las microempresas de 1 a 5 empleados, que perdieron en conjunto 13.214 trabajadores. Incluso las compañías de 10 a 49 empleados recortaron 20.550 puestos (-0,6 %).

La única nota positiva, muy limitada, vino de las grandes corporaciones de más de 500 empleados, que sumaron apenas 3.100 trabajadores más, ínfimo crecimiento del 0,1 %.

El panorama en cuanto al número de empresas activas no es mejor. En julio desaparecieron 7.915 sociedades, lo que equivale a un recorte del 0,6 % en un solo mes. La sangría volvió a concentrarse en las más pequeñas:

Las empresas de 1 a 2 trabajadores se redujeron en 4.722, con una pérdida del 0,7 % en un solo mes, y las de 3 a 5 trabajadores cayeron en 1.780 y una bajada del 0,6 %. Las pequeñas de 10 a 49 pierden 722 empresas, y donde es enormemente preocupante es en el segmento de 50 a 249 empleados, donde hubo un retroceso de 377 empresas equivalente a una pérdida del 1,3 %.

Se está produciendo un vaciado del tejido empresarial en la base de la pirámide, justo donde se sostiene el empleo más cercano, el de proximidad, el de las pequeñas tiendas, bares, talleres y comercios.

Hay un modelo económico que estrangula a los pequeños y favorece la concentración

Lo más grave es que esta dinámica no es casualidad, sino el resultado directo de un modelo económico que estrangula a los pequeños y favorece la concentración. La presión fiscal es igual en porcentaje para todos, pero las grandes empresas tienen acceso a créditos baratos, a estrategias fiscales más sofisticadas y a una capacidad de trasladar los costes que una pyme ni sueña.

El resultado es que el tejido empresarial español se estrecha, y por mucho que el Gobierno y el Ministerio de Trabajo intenten maquillar los datos, resulta que hasta en sus propias estadísticas, vistas desde otra área, muestran cómo las cifras de empleo se resienten

Esto supone que nuestra economía se debilita a la hora de generar riqueza. Una economía sana no depende de unas pocas grandes empresas, sino de una red amplia de pymes que sostiene el empleo local y el dinamismo en cada barrio y ciudad.

El dato de julio debería encender todas las alarmas políticas y sociales: 87.790 empleos y 7.915 empresas menos en un mes es un golpe difícil de maquillar. Pero la reacción oficial es el silencio, como si la realidad pudiese taparse a base de propaganda.

El drama es que, a este ritmo, las cifras que hoy nos alarman pueden convertirse en la nueva normalidad. Y un país sin pymes sólidas, sin microempresas capaces de sobrevivir, es un país más frágil, más desigual y con menos futuro.