Alumnos dentro del aula durante un examen de selectividad
Empleo
Estos son los tres trabajos que la inteligencia artificial nunca podrá hacer
El mercado laboral de 2026 ha premiado con aumentos salariales de doble dígito a «tres sectores que se han convertido en los nuevos refugios»
En medio de esta revolución tecnológica, en la que la automatización ha generado un efecto rebote inesperado, se ha disparado la cotización de aquellas profesiones que «dependen de cualidades intrínsecamente biológicas o de la responsabilidad legal final». Frente a la caída de los empleos de oficina mecánicos, el mercado laboral de 2026 ha premiado con aumentos salariales de doble dígito «a tres sectores que se han convertido en los nuevos refugios de estabilidad y prosperidad económica».
La primera categoría, según la IA, es la Salud Mental y la Atención Geriátrica Avanzada. Mientras que la inteligencia artificial puede diagnosticar enfermedades con precisión matemática analizando radiografías, «carece de la capacidad de empatizar, consolar o gestionar la complejidad emocional de una terapia psicológica o el cuidado de mayores».
La sociedad actual, marcada por una crisis de ansiedad global y el envejecimiento de la población, valora el «toque humano» como un servicio de lujo. Los psicólogos, psiquiatras y enfermeros especializados han visto cómo su trabajo se revaloriza porque la calidez y la comprensión emocional «son, hoy por hoy, imposibles de programar».
Un fenómeno aún más sorprendente es el renacer de los Oficios Manuales Técnicos. La inteligencia artificial «no tiene manos ni puede moverse con soltura por entornos caóticos o no estructurados». Esto ha provocado que «electricistas, fontaneros, instaladores de climatización y mecánicos especializados sean los profesionales más buscados y mejor pagados del momento».
La escasez de relevo generacional en la última década, sumada a la imposibilidad de que un robot repare una avería compleja en un edificio antiguo, ha otorgado a estos trabajadores «un poder de negociación salarial superior al de muchos arquitectos o abogados, invirtiendo la pirámide tradicional de sueldos».
El tercer pilar inmune
Por último, la Ética de Datos y la Ciberseguridad Estratégica se erigen como el tercer pilar inmune. Aunque la IA puede escribir código, no puede hacerse responsable legal de sus actos ni tomar decisiones morales críticas ante un dilema.
«Las empresas necesitan desesperadamente humanos que supervisen a las máquinas, firmen las auditorías de cumplimiento normativo y diseñen las estrategias de defensa ante ciberataques, asumiendo la responsabilidad civil y penal que ningún algoritmo puede soportar», afirma.
Estos «guardianes de la IA» son ahora la élite corporativa, encargados de poner los límites y el sentido común al trabajo bruto de los procesadores.