Un cartel del nuevo líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jamenei, junto a su padre, Alí Jamenei, en Teherán
Irán La vida de lujo de Mojtaba Jamenei: viviendas exclusivas en Londres y un patrimonio de 400 millones de euros
La República Islámica de Irán designó, en la noche de este domingo, una semana después de la muerte de su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei –durante el primer día de ataques de Estados Unidos e Israel–, a su sucesor. El elegido, cuya designación ya se venía especulando, ha sido su segundo hijo, Mojtaba Jamenei, lo que —en contra del espíritu de la Revolución Islámica de 1979 que aupó a los ayatolás al poder— otorga a la teocracia islamista un aura de régimen hereditario. Pero esto no es lo único que contrasta con los valores de la República Islámica: la imagen de austeridad del líder supremo choca frontalmente con su patrimonio oculto, valorado en unos 400 millones de euros.
Desde un resort de esquí en los Alpes, pasando por un exclusivo campo de golf en Mallorca, centros comerciales en Alemania o un imperio inmobiliario en Londres, según han sacado a la luz Bloomberg y The Financial Times. Las investigaciones de ambos medios apuntan a que el ahora nuevo líder supremo de Irán comenzó a amasar su imperio en 2011. Gran parte de su fortuna provendría de la venta de petróleo iraní, fuertemente sancionado por la comunidad internacional. Sus estrechos vínculos con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI) –ejército ideológico del régimen– le habrían permitido entrar en este mercado negro y enriquecerse a costa de los recursos del país persa.
Para poder crear una fortuna como esta, Mojtaba –aunque durante estos años ha tratado de mantener un perfil bajo para no llamar la atención, tanto dentro como fuera de Irán– ha contado con la ayuda del magnate de la construcción Ali Ansari, sancionado por el Reino Unido el pasado mes de octubre tras la quiebra del Banco Ayandeh, fundado por su familia en 2012. Esta entidad financiera estuvo detrás de lujosos proyectos como el enorme Iran Mall, un complejo comercial en Teherán que incluye una pista de patinaje sobre hielo y varios cines. Mojtaba se ha cuidado mucho de que ningún activo esté registrado a su nombre y, por ello, los servicios de Inteligencia occidentales acusan a Ali Ansari de haber actuado como su testaferro, a pesar de que este ha negado cualquier relación con el ayatolá.
Su poder financiero se construye a través de varias empresas pantalla y se extiende desde actividades como el transporte marítimo en el Golfo hasta lujosos hoteles en Fráncfort, con flujos de dinero que habrían circulado desde cuentas bancarias en el Reino Unido, Suiza, Liechtenstein y los Emiratos Árabes Unidos. Así, Mojtaba concentra su mayor inversión en el Reino Unido, donde posee propiedades por un valor superior a los 230 millones de euros, según una investigación de Bloomberg. El clérigo es propietario de dos lujosos apartamentos en el exclusivo barrio de Kensington, en Londres, con vistas, además, a la Embajada de Israel. También en la capital británica posee otras once viviendas en Bishops Avenue.
Por su parte, The Financial Times asegura que dentro del enorme patrimonio de Mojtaba se cuentan el resort de golf y spa Steigenberger en Camp de Mar, Mallorca; el Hilton Frankfurt Gravenbruch; el Hilton Frankfurt City Centre; el centro comercial Bero Oberhausen, en el noroeste de Alemania; o el complejo de esquí de lujo en los Alpes austriacos, el Schlosshotel Kitzbühel, entre otros. La mayoría de estos bienes figuran a nombre de Ansari como parte de una serie de sociedades ficticias, como Tidalwave Holdings I, en Luxemburgo, que, a su vez, pasan por diferentes jurisdicciones europeas antes de que los registros de accionistas conduzcan finalmente a una sociedad holding de San Cristóbal y Nieves llamada Smart Global Limited.
En total, la fortuna del austero nuevo líder supremo de la República Islámica de Irán asciende a unos 400 millones de euros, mientras su población sufre la mayor crisis económica de su historia, con una inflación que roza el 50 %. El pasado mes de diciembre, los iraníes se echaron a las calles para protestar por el encarecimiento de la vida y pedir el fin del régimen. La teocracia islamista respondió a estas legítimas demandas abriendo fuego contra su propio pueblo y asesinando a más de 7.000 personas, según organizaciones de derechos humanos como HRNA. Aunque se teme que la cifra real sea mucho mayor, hasta 30.000 manifestantes podrían haber muerto.