La alfombra roja de Sánchez a las empresas: una impostura que se desmonta en minutos
¿Cómo van a invertir las empresas en España si el Gobierno cada vez les cobra más impuestos, y encima las pone a parir? Es muy simplista todo, pero ese maniqueísmo es en el que se mueve este Gobierno
Pedro Sánchez en la tercera presentación de España Crece
La fiesta empezó el lunes. El presidente del Gobierno siempre destina el primer día de la semana a sus apariciones mediáticas estelares. Por eso en Moncloa tocaron la campana y allí aparecieron ministros y empresarios a tutiplén para la presentación del fondo España Crece, la ocurrencia de un Gobierno sin Presupuestos, que quiere aparentar que hace lo que no puede hacer.
El acto, celebrado en el Colegio de Arquitectos de Madrid, tuvo una mesa redonda con intervenciones del ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez. Pero había más figurantes: la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero; la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen; el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños; el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; el ministro de Transportes, Óscar Puente; la ministra de Educación, Milagros Tolón, y la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz. Vamos, que no faltaba nadie del núcleo duro. ¡Como para faltar!
El fondo, para los que no se han enterado, está dotado con los 10.500 millones de euros procedentes del Plan de Recuperación europeo, pero se pretende hacer crecer con 60.000 millones de euros más a través del ICO; e incluso alcanzar 120.000 millones de euros de inversión total, combinando capital público y privado. Sí: público y privado. Dinero del Gobierno y, sobre todo, de inversores españoles y extranjeros.
Empezó Carlos Cuerpo halagando a las empresas: «Queremos afianzar el círculo virtuoso que genere condiciones para que las empresas crezcan, innoven, generen empleo de mayor calidad, con mayores salarios». Música celestial. Luego intervino la ministra de Vivienda, que prometió más casas. Esta vez, 15.000. Y cerró el acto Pedro Sánchez: «Los españoles no tenemos grandes bolsas de petróleo bajo nuestros pies; pero tenemos voluntad, creatividad y talento a raudales». Gran aportación al conocimiento de la realidad económica. Y terminó: «España Crece extenderá al inversor privado una alfombra roja, pero no para especular con un derecho constitucional, sino para construir un hogar para la mayoría de ciudadanos». Alfombra roja para el inversor inmobiliario: ¡toma ya! La gente salió hasta contenta. Y los ministros con prisa. Luego supimos la razón de tanta aceleración.
El caso es que el presidente se llevó a María Jesús Montero, Milagros Tolón y Elma Saiz al Ministerio de Trabajo para asistir a la firma del acuerdo Gobierno-sindicatos para la subida del salario mínimo interprofesional (SMI). Una sorpresa. No acudía a una firma de este tipo desde 2020. Y eso que ha habido ya varias seguidas… Algunos apuntaron a la crisis de Sumar –allí le esperaba Yolanda Díaz y Pablo Bustinduy– que le obligó a hacerse la foto con la vice dos y quizá haya algo de eso, pero hubo mucho más.
Se sentó Pedro Sánchez en primera fila, como si solo pretendiera arropar a la ministra de trabajo en su nuevo fracaso de negociar con empresarios y sindicatos. Un espejismo. Llevaba un discurso preparado. Y dejó a los asistentes de piedra. Empezó recriminando a la patronal su ausencia; una ausencia que «dice mucho» y señaló: «Es la patronal la que decide borrarse». No era «admisible» que, en un contexto de bonanza económica, «se mire con lupa el sueldo de trabajadores que cobran lo mínimo y se mire hacia otro lado cuando se registran beneficios multimillonarios». «¿Dónde está la patronal cuando el Ibex alcanza máximos históricos?, ¿cuándo la economía crece al 2,8 por ciento, muy por encima de la media europea?». Y remató su soflama firmando –él no debía firmar nada, pero dio lo mismo– el acta del acuerdo.
El repaso fue tan delirante que la vice se dio cuenta de que ella se había quedado corta y se vino arriba. Fue cuando dijo aquello de que el presidente de la CEOE ganaba «23 veces el SMI» y algunas lindezas más.
El viaje a los empresarios fue tan sorprendente que la patronal, que también había asistido al España Crece, tocó arrebato y Antonio Garamendi tuvo que salir a los medios para aclarar cómo había sido la negociación del SMI y algunas cosas más. Empezó por lo personal, recordando que «más de la mitad» de lo que cobra «se va a Hacienda. Además, mi salario me lo abona una organización privada y transparente, frente al suyo, que se lo pagan los españoles». El careo llegó a niveles de sainete cuando remató: «Yo me pago mi casa», frente a la ministra que vive en el Ministerio de Trabajo: «No sé lo que vale una casa de 400 metros cuadrados en mitad de la Castellana».
Pero entre viaje y viaje, Garamendi explicó algunas cosas sobre el salario mínimo que eran más importantes. Recordó que, aunque la subida era una facultad del gobierno, la había llevado a cabo saltándose el diálogo social. Y que ellos nunca se habían borrado ningún acuerdo porque nunca habían estado en él. También dijo que la reforma se había llevado a cabo «basándose en informes de expertos que no han pagado un salario en su vida». Y remató: «El gran drama es que no se pueden subir los salarios, porque el gobierno se está poniendo morado a subir impuestos. Tampoco puede hablar el presidente de las empresas españolas como si todas fueran del Ibex 35. Hay más de dos millones de pequeños empresarios, autónomos, del comercio, el campo o la gente que tiene un bar, que son los más afectados por estas medidas».
Es decir, bastaron unos minutos para desenmascarar la impostura. Por un lado, la del que pretende contar con las empresas para relanzar la economía española y, por otro, la del que truena contra ellas porque son malas y no hacen lo que el Gobierno quiere. Y digo yo: ¿cómo van a invertir las empresas en España si el Gobierno cada vez les cobra más impuestos, y encima las pone a parir? Es muy simplista todo, pero ese maniqueísmo es en el que se mueve este Gobierno cuando cree que el empresario español son las 35 empresas del Ibex. Quizá es porque esas son las únicas batallas que quiere dar: la de Indra con los líos que creó el propio Pedro Sánchez con los Escribano; y el ERE de Telefónica donde, por cierto, los sindicatos brillan por su ausencia. Todo un síntoma.