El Estado gana con la inflación, ¿quién pierde? Tú
El BCE expande la cantidad de dinero a conciencia bajo el supuesto de que es mejor «un poco» de inflación a una eventual deflación
Tras la Segunda Guerra Mundial, hubo que reconstruir Europa. Millones de personas ocupadas en tareas militares volvieron a tener trabajos productivos. La intervención estatal, con gasto público creciente y orientación del crédito redondeó un contexto de alto crecimiento en los años 50 y 60.
La inflación estaba contenida porque había una enorme capacidad ociosa que, poco a poco, se fue eliminando. Hasta comienzos de los 70, raramente superó el 5 % anual en toda Europa. Eso cambió a partir del shock petrolero de 1973. Desde entonces, hasta inicios de los 80, Reino Unido, Francia, Italia y España, entre otros países, tuvieron inflaciones medias de dos dígitos anuales. Eso quedó grabado en la memoria colectiva como un modelo implícito según el cual, a un repunte fuerte del precio del petróleo, sobreviene una crisis inflacionaria.
Para los países importadores un mayor precio del petróleo actúa como un impuesto que se paga al exterior. Así, aquel shock petrolero, al igual que el de 1979, derivó en una recesión. Por ejemplo, en 1974-1975 cayó el PIB en Alemania, Reino Unido, Holanda, Suiza y otros países europeos; en los que no cayó (España, Francia), se desaceleró fuertemente.
La coincidencia de alta inflación y recesión, un contexto hasta entonces inédito, se bautizó como «estanflación». El saber popular lo sintetiza así: «Shock petrolero = estanflación». Como estamos viviendo un nuevo shock petrolero, cuya duración e intensidad están por determinarse, ya se leen y escuchan opiniones que advierten de una inminente «estanflación».
Lo que quiero explicar es que eso es un error. La economía europea ya estaba estancada antes de que EE.UU. e Israel se anticiparan a un ataque iraní (crecimiento medio de 1,2 % en los últimos seis años). En cuanto a la inflación, es culpa del Banco Central Europeo (BCE). Me voy a concentrar solo en lo segundo.
Imaginemos que en Europa solo circularan monedas de oro, cuya cantidad es casi fija, con un incremento similar al de la producción mundial del metal amarillo (alrededor de 1 % anual, de media). Con una cantidad de dinero casi fija, si un precio se disparara (como el del petróleo ahora), los demás, en promedio, deberían bajar. De lo contrario, simplemente, no habría dinero con qué pagarlos.
En cambio, lo que vemos en la realidad es que sube el precio del petróleo y que, en mayor o menor medida, los demás precios también empiezan a subir. Eso solo es posible porque el BCE crea el dinero necesario para que eso ocurra. No es que porque si sube el precio del petróleo aumenta también el coste del transporte y, por lo tanto, se incrementan los precios de todos los productos. No. Los costes no determinan los precios, sino que la causalidad va en la dirección opuesta.
Si el estado gana con la inflación, ¿quién pierde? Tú
El BCE expande la cantidad de dinero a consciencia bajo el supuesto de que es mejor «un poco» de inflación a una eventual deflación. El supuesto es discutible. Primero, porque ese «poco» de inflación no se puede definir con precisión. Como aprendices de brujos, es habitual que los bancos centrales se equivoquen y generen más inflación de la que dicen querer. Eso implica un empobrecimiento generalizado (pérdida de poder adquisitivo de salarios y ahorros).
Además, ese «poco» de inflación genera múltiples distorsiones que derivan en una mala asignación de recursos (se obtiene una menor producción y empleo de los que se podrían tener con los recursos disponibles). En tercer lugar, una deflación no necesariamente va acompañada de recesión (sugiero el libro «Defendiendo la deflación», de Philipp Bagus, para pensar el tema).
En 1974, la inflación en Alemania fue 7 %, la mitad o menos que en Reino Unido, Francia e Italia. En 2022, la inflación en Suiza fue del 2,8 %, frente al 8,4 % en la Eurozona. Todos habían sufrido los mismos repuntes del precio del petróleo; su consecuencia inflacionaria fue menor en la Alemania de entonces y en la Suiza actual, simplemente, porque tenían una política monetaria no inflacionista.
Piénsalo: cuando aumenta la inflación, el Estado (siempre con minúscula) recauda más, al mismo tiempo que se deprecia la moneda en la que tiene que devolver su deuda. Si el Estado gana con la inflación, ¿quién pierde? Tú.
- Diego Barceló Larran es director de Barceló & asociados (@diebarcelo)